Jueves, 21 de noviembre de 2019

Religión en Libertad

El valor de la Historia: puede enseñar a pensar


por Pedro Trevijano

Opinión

Leyendo la exhortación apostólica Christus vivit del Papa Francisco dedicada a los jóvenes me he encontrado con este número que me parece digno de ser comentado:

“181. Piensen esto: si una persona les hace una propuesta y les dice que ignoren la historia, que no recojan la experiencia de los mayores, que desprecien todo lo pasado y que sólo miren el futuro que él les ofrece, ¿no es una forma fácil de atraparlos con su propuesta para que solamente hagan lo que él les dice? Esa persona los necesita vacíos, desarraigados, desconfiados de todo, para que sólo confíen en sus promesas y se sometan a sus planes. Así funcionan las ideologías de distintos colores, que destruyen (o de-construyen) todo lo que sea diferente y de ese modo pueden reinar sin oposiciones. Para esto necesitan jóvenes que desprecien la historia, que rechacen la riqueza espiritual y humana que se fue transmitiendo a lo largo de las generaciones, que ignoren todo lo que los ha precedido”.

Es evidente que lo que el Papa pretende con estas palabras es que los jóvenes no se dejen manipular, sino que sepan pensar, tengan espíritu crítico y estén bien formados. Para empezar no podemos partir de cero, hay muchas, muchísimas cosas que ya están a nuestro alcance y que no necesitamos reinventar. El propio Lenin, con el que es evidente en tantas cosas no estoy de acuerdo, y cuya ideología ha ensangrentado terriblemente el siglo XX, con su materialismo, su rechazo de Dios, su obediencia ciega al Partido y su mesianismo puramente terrestre, en su célebre discurso del 20 de octubre de 1920 a las Juventudes Comunistas les dice: “Pues bien, al abordar desde este punto de vista el problema de las tareas de la juventud, debo decir que las tareas de la juventud en general y de las Uniones de Juventudes Comunistas y otras organizaciones semejantes en particular, podrían definirse en una sola palabra: aprender”. Pero aprender ¿el qué?: “Ahora bien, la enseñanza, la educación y la instrucción de la juventud deben partir de los materiales que nos ha legado la antigua sociedad. No podemos edificar el comunismo si no es a partir de la suma de conocimientos, organizaciones e instituciones, con el acervo de medios y fuerzas humanas que hemos heredado de la vieja sociedad”.

Si esto lo dicen los comunistas, con más razón lo debemos decir los cristianos, pues nuestra civilización occidental también se llama cristiana por el enorme influjo que el cristianismo y en especial el catolicismo han tenido y tienen en ella. Estudiar es una de las principales obligaciones que tienen nuestros jóvenes, que no deben dejarse seducir por ideologías como la relativista, que no sabe distinguir entre el Bien y el Mal, la Verdad y la Mentira, y considera la Ley Natural, en frase de nuestro inefable Zapatero, como una reliquia ideológica y un vestigio del pasado, o la ideología de género, al servicio de la promiscuidad, del hedonismo y de toda clase de disparates científicos, como la negación de la Biología.

Y aquí volvemos al texto del Papa Francisco. Recuerdo que el problema al que hace referencia el Papa Francisco está dirigido a la Iglesia Universal, es decir a muchos países, no sólo a España. Un Estado democrático no puede reducir la propuesta educativa a un solo pensamiento, quebrantando el derecho educativo de los padres a tener una opción libre, aunque siempre de acuerdo con la dignidad de la persona humana. Lo que intentan estas ideologías con nuestros jóvenes es crear monigotes, no personas con capacidad de pensar. Para ello hay que combatir las asignaturas que enseñan a pensar, como la Filosofía, a la que se trata de reducir a la mínima expresión, la Religión, a la que se combate desde un ateísmo sectario y militante, y la Historia, porque ésta nos enseña a conocer nuestras raíces y la propia cultura y además nos deja un poso que nos permite abordar con lucidez los problemas ante los que nos enfrentamos. En cambio, para ellos el único pensamiento válido es su propio pensamiento, permitiendo sólo su visión materialista y subjetivista de la realidad. La primera consecuencia es una preocupante bajada del nivel educativo en cantidad de países. Se trata de nivelar por abajo, no primar ni ayudar la excelencia.

Ante esta situación, ¿qué podemos hacer? Me gustó mucho la frase de un filósofo francés: “Siempre se puede hacer algo en cualquier situación”. Luego, como dijo un ministro laborista inglés de Educación: “Creo en la disciplina, en una aritmética sólida, en aprender a leer y escribir con corrección, en deberes para casa”. Y también pensar que la educación nunca, nunca es neutral. Todo profesor educa en valores que, eso sí, pueden ser positivos o negativos. El buen profesor tratará pese a las dificultades de imbuir a sus alumnos valores positivos que sirvan para el desarrollo de su personalidad.

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