Miércoles, 02 de diciembre de 2020

Religión en Libertad

Pero, ¿qué celebramos por Navidad?


Habían experimentado que a pesar de la pobreza personal, los sufrimientos y decepciones vitales, Jesús puede salvar y rescatar de una existencia sin sentido y dar una plenitud jamás soñada

por Álex Rosal

Opinión

Ha llegado el momento de parar un poco y preguntarse el por qué de tantas luces en las ciudades, los nerviosismos por la compra compulsiva de los últimos días y la atención que prestamos para que la cena de noche buena o la comida de Navidad estén a la altura. También el sentido de felicitarnos "las fiestas", “que lo paséis bien” o cosas así.

¿Qué tiene de especial la Navidad? Muchos dirán que es un momento para vivirlo con los seres queridos. Otros: un tiempo que nos evoca a la infancia. Todo eso está muy bien… pero no tiene nada que ver con la Navidad.

Muerta la Cristiandad seguimos celebrando lo que nuestros antepasados vivían, en general, con mucha profundidad. Las comilonas, los regalos, los besos y los trajes de fiesta eran necesarios para conmemorar algo grande. La casa se tiraba por la ventana y nadie reparaba en gastos. ¿Por qué? Había que celebrar que hace dos mil años había nacido un Niño que cambiaría la Historia del mundo… aunque lo más importante es que venía al mundo para salvar personalmente a cada uno de nosotros. Y eso es algo grande; tan grande como para lucir los vestidos más elegantes y comer los mejores manjares.

Nuestros abuelos sabían que la vida tiene esperanza gracias a ese Niño-Dios. Habían experimentado que a pesar de la pobreza personal, los sufrimientos y decepciones vitales, Jesús puede salvar y rescatar de una existencia sin sentido y dar una plenitud jamás soñada. ¿Cómo? Dejando que Jesús, que nace cada 24 de diciembre, pueda entrar en nosotros. No es fácil abrir la puerta del corazón. Se vive mejor controlando la propia vida y creyendo que el timón endereza mejor el rumbo si está en nuestra mano.

Por eso antes no se felicitaban “las fiestas”, así, a secas, como quién le mete agua al vino. Se felicitaba la Navidad porqué se sabía que era el momento más importante del año. Se recordaba una vez más que un Niño había venido al mundo para salvarnos de una vida triste… y eso es lo más grande del mundo.

Álex Rosal es director de Religión en Libertad
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