Miércoles, 30 de septiembre de 2020

Religión en Libertad

Cuando Bergoglio derrotó a los teólogos de la liberación


Un obispo que fue testigo directo del choque cuenta el desarrollo del mismo y la puesta en juego. Si después Francisco fue elegido Papa, se debe también a lo que sucedió en 2007 en Aparecida

por Sandro Magister

Opinión

Entre los pocos dirigentes de la curia confirmados hasta ahora por el Papa Francisco a la cabeza de los dicasterios vaticanos está el arzobispo alemán Gerhard Ludwig Müller, prefecto de la congregación para la doctrina de la fe.

Müller es discípulo y amigo del peruano Gustavo Gutiérrez, fundador de la teología de la liberación, con el cual incluso ha escrito un pequeño libro en 2004, recientemente reeditado en Italia.

Esto ha inducido a muchos – entre los cuales "L´Osservatore Romano" – a concluir, precipitadamente, que el magisterio de la Iglesia se había reconciliado con la teología de la liberación, asociando al Papa Francisco con esta nueva paz.

Pero las cosas no son para nada de esta manera. En realidad, el actual Papa ha sido uno de los críticos más severos de esta corriente teológica.

También en años recientes – por ejemplo, en el interrogatorio al que fue sometido por la magistratura argentina el 8 de noviembre de 2010, publicado íntegro en estos días en el libro "La lista di Bergoglio" – el entonces arzobispo de Buenos Aires criticó en la teología de la liberación "el uso de una hermenéutica marxista".

Pero su crítica no se limitaba a esto, sino que ahondaba más: se refería al primado de la fe en el juzgar la realidad e inspirar la praxis consiguiente.

En 2007, en Brasil, en el santuario mariano de Aparecida, los obispos latinoamericanos debatieron y chocaron precisamente sobre esto. Y el arzobispo Jorge Mario Bergoglio fue decisivo en hacer prevalecer el primado de la fe respecto al asignado al pobre en nombre de una lectura "ideologizada" de la realidad.

Ya convertido en Papa, Bergoglio no se ha olvidado de este choque. Más bien al contrario, durante su reciente viaje a Rio de Janeiro, cuando se dirigió el 28 de julio a los representantes de las conferencias episcopales latinoamericanas, les advirtió que el "reduccionismo socializante", derrotado en Aparecida, sigue tentando aún hoy a la Iglesia.

En Aparecida, en 2007, Bergoglio fue el presidente de la comisión que escribió las conclusiones de la conferencia.

El papel que él desarrolló en esa ocasión fue tan eminente y determinante que influyó, seis años después, en su elección como Papa de "una Iglesia pobre y para los pobres".

Trabajando a su lado en la redacción del documento final, ese año, estaba el obispo de la diócesis brasileña de Petrópolis, Filippo Santoro, de nacionalidad italiana, pero que llegó a Brasil en 1984 como misionero "fidei donum" y responsable de Comunión y Liberación, después convertido en docente de teología y obispo auxiliar de Rio de Janeiro.

El 21 de noviembre de 2011 Benedicto XVI llamó a Santoro de vuelta a Italia y le nombró arzobispo de Taranto.

La nota reproducida a continuación es suya; en ella, reconstruye los términos reales de la controversia sobre la teología de la liberación, precisamente a la luz de cuanto sucedió en Aparecida en 2007, y cuyo protagonista fue el futuro Papa Francisco. Éste aún considera de capital importancia ese documento de Aparecida, no sólo para América Latina, sino para la Iglesia universal; tanto es así que ha entregado una copia del mismo a todos los sacerdotes de la diócesis de Roma, con los que tuvo un encuentro el pasado 16 de septiembre.

El arzobispo Santoro ha publicado esta nota el sábado 28 de septiembre en el periódico de la conferencia episcopal italiana "Avvenire":

LA LIBERACIÓN QUE VIENE DEL EVANGELIO
de Filippo Santoro

El magisterio y la acción pastoral del Papa Francisco son el fruto maduro de la conferencia general del episcopado latinoamericano que se realizó en Brasil, en el santuario mariano de Aparecida, en mayo de 2007, de la cual el cardenal Jorge Mario Bergoglio fue protagonista de primer plano. La Conferencia de Aparecida ha indicado en el “discípulo misionero” al sujeto de la presencia de la Iglesia en la sociedad, para que los pueblos latinoamericanos tengan una vida plena. El sujeto es aquel que es consciente de sí, de su originalidad y de su misión. El sujeto nuevo que está en el origen de la liberación cristiana nace de algo que se diferencia del puro dinamismo social, no es fruto del esfuerzo del hombre y tampoco de la programación pastoral. La originalidad viene de la irrupción del Espíritu en la historia. De aquí la fuerza profética de la Iglesia latinoamericana, que hace suya la misión proclamada por Jesús en la sinagoga de Nazaret: "El Espíritu del Señor sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva" (Lucas 4, 18).

De aquí la vigorosa afirmación de la evangélica opción preferencial por los pobres. Se trata, simplemente, de la pobreza evangélica y del testimonio de la vida en medio de la gente que vemos en el ser y en el actuar del Papa Francisco.

La disputa abierta en la teología latinoamericana no estaba tanto en el uso del análisis marxista (por otra parte, ampliamente admitido en determinados puntos de la galaxia de la teología de la liberación), y menos aún sobre la necesidad de una mediación de las ciencia sociales, sino sobre el origen de la novedad cristiana y sobre su incidencia específica en la sociedad dominada por la injusticia, la explotación del capitalismo neo liberal y por la escandalosa pobreza del continente latinoamericano.

La prolongada actividad que provocaron las dos instrucciones de la congregación para la doctrina de la fe en 1984 ("Libertatis Nuntius") y en 1986 ("Libertatis conscientia") y lo que de ellas derivó, llevó al maravilloso acontecimiento de gracia que ha sido la conferencia de Aparecida, en la que pude participar.

* Su punto de partida no fue el análisis social, sino la fe de un pueblo hecho en su gran mayoría por pobres, haciendo uso del método de ver, juzgar y actuar, "a partir de los ojos y el corazón de discípulos misioneros". En el n. 19 del documento final está escrito:

"En continuidad con las anteriores Conferencias Generales del Episcopado Latinoamericano, este documento hace uso del método ver, juzgar y actuar. Este método implica contemplar a Dios con los ojos de la fe a través de su Palabra revelada y el contacto vivificante de los Sacramentos, a fin de que, en la vida cotidiana, veamos la realidad que nos circunda a la luz de su providencia, la juzguemos según Jesucristo, Camino, Verdad y Vida, y actuemos desde la Iglesia, Cuerpo Místico de Cristo y Sacramento universal de salvación, en la propagación del reino de Dios, que se siembra en esta tierra y que fructifica plenamente en el Cielo".

El documento inicia con una solemne "acción de gracias a Dios" y tiene como perspectiva "la alegría de ser discípulos y misioneros de Jesucristo". La introducción y el primer capítulo indican la perspectiva de fe en la que se mueve el texto en su mirada analítica de la realidad, en el desarrollo de los criterios de juicio y en las perspectivas de acción.

Es sabido que el presidente de la comisión para la redacción del documento final de Aparecida era el arzobispo de Buenos Aires, el cardenal Bergoglio. Con un estilo sapiencial, afirma en la introducción del documento de Aparecida:

" Lo que nos define no son las circunstancias dramáticas de la vida, ni los desafíos de la sociedad, ni las tareas que debemos emprender, sino ante todo el amor recibido del Padre gracias a Jesucristo por la unción del Espíritu Santo" (14).

Esta referencia inicial a la Santísima Trinidad había sido positivamente deseada por el cardenal Bergoglio en una intervención decisiva, retomada en un momento dado, y con un cierto pesar, en una nota escrita por Mons. Barros y publicada por la agencia Adista (en el n. 46 del 23 de junio de 2007), en la que se lee:

"Uno de los delegados brasileños en la conferencia, el obispo de Jales dom Demetrio Valentini ha comentado que la conferencia ´ha concretizado uno de sus objetivos más importantes, el de retomar el camino de la Iglesia en América Latina, reforzando su propia identidad y superando perplejidades que obstaculizaban su acción´. Lástima que, una vez afirmado esto, el método no haya sido aplicado después de manera rigurosa, al estar el análisis de la realidad –el ´ver´ – precedido por un capítulo de introducción sobre ´los discípulos misioneros´: como cuenta el teólogo argentino de Amerindia, Eduardo de la Serna, la petición de desplazar este capítulo al principio de la segunda parte ha sido rechazada, en sede de votación, a pesar de haber sido presentada por 16 presidentes de conferencias episcopales. Ha sido el cardenal Jorge Mario Bergoglio, presidente de la conferencia episcopal argentina y de la comisión para la redacción quien, antes de la votación, se ha expresado contrario porque según él, respecto a la dureza de la realidad, era mejor empezar con una especie de doxología (himno de alabanza a Dios)".

Así, el esquema del documento valoriza la tradición de la teología y de la pastoral latinoamericana, pero, al mismo tiempo, resalta la perspectiva de la fe.

Ésta, claramente, no estaba ausente, pero en ciertos desarrollos se daba por descontada, al tener que preocuparse sobre todo por la gravedad de una situación social llena de conflictos y sobre todo por el “clamor de los pobres”.

En este sentido, la posición de Clodovis Boff nos hace entender toda la problemática a partir de un artículo de la ´Revista Eclesiástica Brasileira´ sobre el tema del pobre como principio epistemológico de la teología de la liberación: "Cuando se plantea la cuestión del pobre como principio, y si se pregunta si no viene antes el Dios de Jesucristo, la teología de la liberación suele dar un paso atrás y no lo niega. Tampoco podría hacerlo, porque Dios se halla, por definición, en primer lugar. Lo que causa el problema es su ´indefinición´ sobre una cuestión capital en la esfera del método". El dato de la fe "representa un dato presupuesto, que permanece a la espalda, y no un principio operante que sigue siempre activo. Pero el primado de la fe, como no puede darse por descontado desde el punto de vista existencial, tampoco puede serlo desde el punto de vista epistemológico" ("Teologia da Libertação e volta ao fondamento", in REB, 268, out/2007, passim pp. 1002-1004). Esta ambigüedad está superada en la conferencia de Aparecida, tanto en la estructura general del documento, como en la presencia viva de la fe en cada momento de su desarrollo; desde el mirar la dura realidad hasta el juicio sobre ella y la praxis consiguiente.

Se trata, sin embargo, de una ambigüedad que sigue presente, porque el Papa Francisco, en su reciente viaje a Brasil para la jornada mundial de la juventud, en el encuentro con la presidencia del CELAM, volvía sobre el punto 4 cuando, presentando algunas tentaciones contra el discipulado misionero, hablaba de la "ideologización del mensaje evangélico" y afirmaba:

"Es una tentación que se dio en la Iglesia desde el principio: buscar una hermenéutica de interpretación evangélica fuera del mismo mensaje del Evangelio y fuera de la Iglesia. Un ejemplo: Aparecida, en un momento, sufrió esta tentación bajo la forma de asepsia. Se utilizó, y está bien, el método de “ver, juzgar, actuar” (cf. n. 19). La tentación estaría en optar por un “ver” totalmente aséptico, un “ver” neutro, lo cual es inviable. Siempre el ver está afectado por la mirada. No existe una hermenéutica aséptica. La pregunta era, entonces: ¿con qué mirada vamos a ver la realidad? Aparecida respondió: Con mirada de discípulo. Así se entienden los números 20 al 32. Hay otras maneras de ideologización del mensaje y, actualmente, aparecen en Latinoamérica y El Caribe propuestas de esta índole. Menciono sólo algunas: a) El reduccionismo socializante. Es la ideologización más fácil de descubrir. En algunos momentos fue muy fuerte. Se trata de una pretensión interpretativa en base a una hermenéutica según las ciencias sociales. Abarca los campos más variados, desde el liberalismo de mercado hasta la categorización marxista…".

Si el Papa habla de ello significa que las tentaciones y las ambigüedades pueden subsistir todavía.

Ciertamente, Aparecida aportó una contribución notable y marcó un cambio de posición válido no sólo para América Latina, sino para toda la Iglesia. Esto es posible por el magisterio y el testimonio del Papa Francisco que desea "una Iglesia pobre para los pobres". Antes de su elección, Aparecida había sido prácticamente ignorada tanto en Italia como en Europa y en otras partes del mundo, a pesar de las distintas intervenciones de los obispos latinoamericanos en los dos últimos sínodos.

Aparecida, en una fase que ya no es eurocéntrica, se plantea hoy como un magisterio no sólo regional, sino ofrecido a toda la Iglesia en sus elecciones específicas, que son el desarrollo del Vaticano II. Desde la opción por los pobres a la inculturación de la fe, desde el protagonismo de los laicos a la lucha por la justicia contra las estructuras económicas y sociales injustas, desde la comunidades eclesiales de base a las pequeñas comunidades. Todo está valorizado: la vida, la familia, un vigoroso renacer de la religiosidad popular, la liturgia, el arte, la cultura, las vocaciones, los jóvenes, los movimientos y las nuevas comunidades, etc. El tema dominante sigue siendo, sin embargo, la misión, en especial en la tercera parte del Documento que lleva el sugestivo título: “La vita de Jesucristo para nuestros pueblos". De la experiencia latinoamericana y de Aparecida deriva este contacto directo con la gente, este mezclarse con los problemas del pueblo llevando la esperanza de Cristo. Todo es abrazado a partir de la fe.

Esta clara posición evangélica es un don del Espíritu y de su potencia que actúa en el pueblo fiel, y que culmina en la Conferencia de Aparecida. Ahora el Papa Francisco la extiende a toda la Iglesia. No se trata de una teología particular – como se puede observar también por la entrevista concedida por el Papa a "La Civiltà Cattolica” – sino del corazón evangélico de la liberación cristiana.

De este modo, se plantea no sólo una “misión continental” como está sucediendo en América Latina, sino una verdadera “conversión pastoral” y una “misión permanente”, en dialogo con las distintas religiones y con las expectativas más verdaderas del mundo contemporáneo.

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