Religión en Libertad

Un Papa en las Cortes

"Los diputados -con alguna sorprendente excepción- tributaron al Pontífice una ovación de siete minutos que sin duda debe contarse entre las más cerradas en dos siglos".

León XIV recibe una larga ovación de siete minutos del hemiciclo tras su histórico discurso sobre la dignidad humana ante las Cortes Generales.

Creado:

Actualizado:

“En el Archivo de Indias de Sevilla duermen miles de cartas e informes [sobre asuntos indianos] que aconsejan, amonestan, exhortan e incluso amenazan a los monarcas más poderosos de su tiempo”, escribió Lewis Hanke en su obra La lucha por la justicia en la conquista española de América. Y añade que los reyes -Fernando el Católico, Carlos V o Felipe II- no sólo no encarcelaron a los críticos, sino que los invitaron a la corte, los escucharon e intentaron reconducir la política colonial a la luz de esas denuncias y consejos.

Es significativo que el Papa haya citado varias veces a los juristas y teólogos de la Escuela Española del Derecho Natural en su discurso del Congreso. Francisco de Vitoria, Francisco Suárez o Diego de Covarrubias dieron una formulación a la altura de los tiempos -y de los grandes desafíos que afrontaba la España del siglo XVI- a verdades que estaban en la tradición cristiana desde mucho antes: el hombre posee dignidad intrínseca en tanto que criatura de Dios, no en tanto que miembro de alguna nación o tribu; la humanidad toda es una familia moral e incluso un proyecto político (totus orbis est aliquomodo una res publica, escribió Vitoria); la ley no es simplemente el decreto del que manda (sea un rey, sea un parlamento democrático), sino que debe basarse en la ley natural, y carece de legitimidad si vulnera a esta…

Esta mañana el Papa -suaviter in modo, fortiter in re- fue desgranando ante los políticos verdades morales anteriores a la política. Creo que este discurso quedará en la Historia, como ocurrió con el pronunciado por Benedicto XVI ante el Bundestag en 2011.

León XIV no criticó directamente a ningún partido, pero cada sector del hemiciclo sabe perfectamente dónde le aprieta el zapato de la ley natural. Concretamente:

- A quienes legalizaron el aborto y propiciaron que tres millones de fetos fueran exterminados desde 1985 (y ahora pretenden blindar el feticidio en la Constitución), les asestó que “toda vida humana debe ser custodiada desde su concepción hasta su ocaso natural” y que la defensa de la vida “no es un interés confesional sino un objetivo de civilización”.

- A quienes presenten a los inmigrantes como invasores o delincuentes les recuerda que todos los seres humanos tienen dignidad, que no es admisible la discriminación basada en la nación o la etnia, y que los que llegan no son parásitos sino personas que “se ven obligadas, por circunstancias muchas veces dramáticas, a partir de sus comunidades”. Pero a los que tienen una visión optimista del fenómeno migratorio les indicó también que la inmigración es “un drama”, que lo deseable es que cada cual tenga seguridad y horizontes en su propio país, y que existe un siniestro negocio de “traficantes y contrabandistas” en torno a la entrada de irregulares.

- A quienes piensan que la historia española es un túnel lóbrego de fanatismo, les recordó la grandeza moral de los Reyes Católicos y de la Escuela de Salamanca. Pero a quienes niegan que en la colonización hubiera injusticias les matizó que “la sociedad [virreinal] y la misma Iglesia no siempre estuvieron a la altura” de los nobles principios proclamados en las leyes.

- A quienes creen que “los niños no pertenecen a sus padres” y que el Estado debe adoctrinarlos en los dogmas feministas o ecologistas les dijo que “es derecho inalienable de los padres elegir el tipo de formación que reciben sus hijos”.

- A quienes confunden legalidad con legitimidad y mayoría de votos con verdad, les recordó lo que ya supieron Cicerón, San Agustín, Santo Tomás o Radbruch: la ley positiva que vulnera gravemente el Derecho natural no es ley sino corrupción de la ley. “La dignidad humana no puede quedar subordinada a consensos sociales mudables o al vaivén de las mayorías de cada momento”. “Una ley no alcanza su verdadera grandeza por el mero hecho de haber sido formalmente aprobada”.

- A quienes ven el Derecho internacional como cháchara vacua y a las organizaciones internacionales como conspiración globalista -los que defienden el retorno al soberanismo y a una política exterior basada en la fuerza, “might makes right”- les endilgó una defensa explícita de la diplomacia y del multilateralismo pacífico: “La comunidad internacional está llamada a redescubrir el valor indispensable del diálogo como camino paciente hacia acuerdos justos y duraderos, fundados en el respeto a los tratados”. Especialmente significativo en un momento en que Putin ha causado casi un millón de muertos en su intento de conquistar Ucrania, Trump reclama Groenlandia porque le da la imperial gana y Xi deja ver sin ambages que en algún momento engullirá a Taiwán.

- A quienes ven la Unión Europea como élite tiránica y antinacional les contrapuso una mención elogiosa del lema europeísta “in varietate, concordia”.

- A quienes pretenden expulsar a los cristianos del debate público -alegando que “pretenden imponer sus creencias a los demás”… ¡como si los no cristianos no tuvieran también creencias!- les recordó que debe evitarse “que alguien tenga que renunciar a contribuir a la sociedad en la que vive por causa de su fe”. Basta de ley del embudo en lo de “no imponer sus creencias a los demás”. Todos -también los ateos- tenemos convicciones y opinamos desde ellas.

- A quienes creen que la libertad consiste en “vivir como te dé la gana mientras no interfieras en la libertad de los demás” les enseñó que la libertad no es un fin en sí mismo sino un instrumento para la elección y práctica de lo virtuoso: “Ser libre no significa únicamente estar libre de coacciones; significa poder reconocer el bien y adherirse a él responsablemente”.

- Finalmente, frente a quienes sustituyen la argumentación por la propaganda (y me temo que aquí cabe el hemiciclo entero), concibiendo el lenguaje como arma arrojadiza en vez de como instrumento de búsqueda cooperativa de la verdad; los que pretenden, no debatir, sino alimentar de consignas a sus respectivas “comunidades epistémicas”, reforzadas ad infinitum en sus convicciones previas por algoritmos que les protegen de consideraciones o datos que podrían erosionarlas; los que interpretan el matiz como traición, la eventual concesión al rival como cobardía, los buenos modales como debilidad…, el Papa lanzó una valiosa llamada al respeto del discrepante y al lenguaje constructivo: “Las palabras pueden abrir caminos o cerrarlos; pueden iluminar la realidad o deformarla hasta hacer imposible el encuentro. Quienes ejercen una responsabilidad pública tienen, por eso, una especial obligación de custodiar la palabra para «desarmar el lenguaje». La firmeza no exige desprecio; la discrepancia no conlleva humillación”.

Todos tuvieron razones para picarse, pues todos comen ajos de un tipo u otro. Sin embargo, los diputados -con alguna sorprendente excepción- tributaron al Pontífice una ovación de siete minutos que sin duda debe contarse entre las más cerradas en dos siglos. ¿Será un milagro del apóstol Santiago y la Virgen del Pilar, también emotivamente invocados por León XIV? No perdamos la esperanza.

Francisco José Contreras

Catedrático de Filosofía del Derecho en la Universidad de Sevilla. Autor de once libros individuales (entre ellos, “Kant y la guerra”, “Liberalismo, catolicismo y ley natural”, “Una defensa del liberalismo conservador” y “Contra el totalitarismo blando”). Ha recibido el premio de honor Diego de Covarrubias 2020, el Premio Ángel Olabarría y el Premio Legaz Lacambra de la Academia Aragonesa de Jurisprudencia.

Publicado originariamente en el Centro Diego de Covarrubias

Suscríbete

y recibe nuestras noticias directamente