Viernes, 05 de marzo de 2021

Religión en Libertad

Los preferidos por el Papa


Son los cardenales, obispos y sacerdotes que Benedicto XVI ha querido agregar a los participantes en el próximo Sínodo. Tres de ellos son del Opus Dei. Y otros tres de Comunión y Liberación

por Sandro Magister

Opinión

En los días pasados se han dado a conocer los nombres de otros 36 eclesiásticos que Benedicto XVI ha llamado a ser parte de la decimotercera asamblea general ordinaria del Sínodo de los obispos, que se tendrá del 7 al 28 de octubre sobre el tema: “La nueva evangelización para la trasmisión de la fe cristiana”.

Se trata de 12 cardenales, 20 arzobispos y obispos y 4 sacerdotes.

Estos se sumarán a los padres sinodales elegidos por las conferencias episcopales de todo el mundo y por la unión de superiores generales de las órdenes religiosas (que de todas formas deben ser aprobados por las Santa Sede y cuya lista oficial no ha sido todavía publicada), y a los miembros por derecho de la cúpula, como el secretario general del Sínodo y los jefes de dicasterios de la curia romana.

También han sido nombrados por el Papa las figuras del vértice del Sínodo. Como los tres presidentes delegados, es decir los cardenales John Tong Hon, obispo de Hong Kong, Francisco Robles Ortega, arzobispo de Guadalajara en México, y Laurent Monsengwo Pasinya, arzobispo de Kinshasa en la República Democrática del Congo. Come el redactor general, el cardenal estadounidense Donald William Wuerl, arzobispo de Washington. Y el secretario especial, el francés Pierre-Marie Carré, arzobispo de Montpellier.

Ayudando al elenco de padres sinodales nombrados directamente por el Papa se encuentran nombres de eclesiásticos que han sido elegidos por cortesía institucional (como el cardenal Angelo Sodano) o porque presiden importantes organismos eclesiásticos que reúnen conferencias episcopales regionales o continentales.

Es el caso, este último, del cardenal Polycarp Pengo, Arzobispo de Dar-es-Salaam en Tanzania, presidente del Symposium des Conférences Episcopales d’Afrique et de Madagascar; del cardenal Péter Erdo, arzobispo de Esztergom-Budapest en Hungría, presidente del Consilium Conferentiarum Episcoporum Europae; del cardenal Oswald Gracias, arzobispo de Bombay en India, secretario general de la Federation of Asian Bishops’ Conferences; de John Atcherley Dew, arzobispo de Wellington en Nueva Zelanda, presidente de la Federation of Catholic Bishops’ Conferences of Oceania; de Carlos Aguiar Retes, arzobispo de Tlalnepantla en México, presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano, CELAM; de Santiago Jaime Silva Retamales, auxiliar de Valparaíso en Chile, secretario general del mismo CELAM.

Entre los rectores de las universidades romanas pontificias el Papa ha escogido como padre sinodal al rector de la Lateranense, el obispo salesiano Enrico dal Covolo, que en la cita cumbre se encontrará de nuevo con dos de sus inmediatos predecesores en el cargo a la cabeza de la misma universidad, el arzobispo Rino Fisichella, presidente del pontificio consejo para la promoción de la nueva evangelización y el cardenal de Milán, Angelo Scola.

Como en anterior Sínodo general del año 2008, Benedicto XVI ha querido considerar entre los padres sinodales al cardenal vicario de la diócesis de la que es obispo, Roma, es decir, Agostino Vallini.

Con sus nombramientos el Papa puede agregar a los padres sinodales también a eclesiásticos que estima, o particularmente recomendados por la secretaría general del Sínodo o por la curia romana, que no han sido votados por sus respectivos episcopados. Y esto sirve también para “equilibrar” de algún modo los resultados de las votaciones realizadas en las conferencias episcopales.

Ese parece ser el caso de los cardenales Joachien Meisner, arzobispo de Colonia en Alemania; Vinko Puljic, arzobispo de Vrhbosna-Sarajevo en Bosnia; Christoph Schönborn, arzobispo de Viena; George Pell, arzobispo de Sydney en Australia; Josip Bozanic, arzobispo de Zagreb en Croacia; Lluís Martinez Sistach, arzobispo de Barcelona en España; André Vingt-Trois, arzobispo de París en Francia.

En la mayor parte de los casos (Meisner, Schönborn, Pell, Vingt-Trois) se trata de purpurados más “conservadores” en relación a la mayoría de sus respectivos episcopados.

En cuanto a los obispos diocesanos incluidos por Benedicto XVI como padres sinodales se puede notar, por ejemplo, la elección del obispo de Tolón Dominique Rey, del ala más tradicionalista-carismática de la Iglesia francesa.

O la del patriarca de Venecia Francesco Moraglia, ratzingeriano en doctrina y liturgia, y con una sobresaliente sensibilidad social, que fue preferido a los más ancianos titulares de otras sedes cardenalicias italianas, como Turín, Bolonia, Nápoles o Palermo.

O la del arzobispo de La Plata, Héctor Rubén Aguer, el exponente más ilustre de la minoría conservadora del episcopado argentino.

En cambio, de un signo diferente es el nombramiento del arzobispo de Manila, Luis Antonio Tagle, entre los autores de la historia del Concilio Vaticano II promovida por la "escuela de Bolonia", que en los dos anteriores Sínodos generales, cuando era obispo de Imus, había sido elegido por sus hermanos, mientras que ahora ha sido el Papa quien ha querido escogerlo para que vuelva estar.

Repasando la lista de los prelados escogidos por el Papa como padres sinodales saltan a la vista dos curiosidades.

Tres de veinte pertenecen a la prelatura del Opus Dei. Y son, el segundo sucesor de san José María Escrivá, el obispo español Javier Echevarría Rodríguez, además del arzobispo de Los Ángeles José Horacio Gómez y el arzobispo de Guayaquil Antonio Arregui Yarza, que aunque es presidente de la conferencia episcopal ecuatoriana no fue elegido por sus hermanos. En cambio, nada de rescates para el único cardenal “elector” del Opus Dei, el arzobispo de Lima Juan Luis Cipriani Thorne: sus hermanos peruanos prefirieron escoger al arzobispo Salvador Piñeiro García, de Ayacucho, y Miguel Cabrejos Vidarte, de Trujillo.

Y otros tres pertenecen a Comunión y Liberación, el movimiento eclesial fundado por don Luigi Giussani. A saber, don Julián Carrón, sucesor de Giussani como presidente de la Fraternidad de Comunión y Liberación, Filippo Santoro, arzobispo de Taranto (antes nombrado padre sinodal en el 2008 cuando era obispo de Petrópolis en Brasil) y Luigi Negri, combativo obispo de San Marino-Montefeltro, una de las pocas diócesis italianas visitadas hasta ahora por Benedicto XVI.

Teniendo en cuenta el hecho de que entre los padres sinodales también está el cardenal de Milán Scola, resulta entonces que tres de los siete obispos diocesanos italianos que participan en el Sínodo provienen de Comunión y Liberación – CL (los otros cuatro son los cardenales Angelo Bagnasco y Giuseppe Betori, el arzobispo Bruno Forte y el patriarca Moraglia).

Si tenemos presente que apenas una media docena de los más de 200 obispos italianos son de CL, parece que en Benedicto XVI —no obstante CL en Italia no esté gozando en los últimos tiempos de los favores de la prensa— no ha disminuido la estima por este movimiento eclesial.
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