Sábado, 27 de febrero de 2021

Religión en Libertad

Vaticano y dinero. El terremoto Moneyval no ha terminado


Un nuevo presidente para el IOR. El futuro del cardenal Nicora. Están llegando las réplicas. Pero entre tanto la operación de transparencia deseada por Benedicto XVI hizo caer todas las excusas. Es un ejemplo obligatorio para todas las instituciones católicas.

por Sandro Magister

Opinión

Son muy pocos los que lo han leído y ni siquiera ha llegado a las librerías, con sus quinientas páginas de texto y de archivos adjuntos. Pero el informe que Moneyval ha publicado a mitad de julio sobre el Vaticano marcó un hito histórico.

Por primera vez la Santa Sede ha sometido a sus departamentos y a sus leyes al juicio de un árbitro externo, internacional. Por primera vez se ha hecho asignar una calificación y dictar las tareas por una autoridad secular. En una materia, como Dios y Mamón, en la que ha pecado tanto.

Lo que significó el informe de Moneyval es un acontecimiento que una vez más obliga a reescribir el perfil convencional del papa Benedicto XVI.

El profesor de teología se ha revelado en la coyuntura como un hombre de gobierno inflexible. Ha dado la orden que en el campo financiero todo sea transparente y ejemplar, aunque sea al costo de hacer explotar conflictos de una aspereza sin precedentes en el interior de los muros vaticanos. Y así fue.

Moneyval lo ha reconocido: el Vaticano "ha recorrido un larg
o camino en un lapso verdaderamente breve". Corría entre los últimos, pero después de sólo dos años ha llegado a ubicarse en el décimo lugar, entre los veintinueve Estados que están sometidos al juicio periódico de la task force del Consejo de Europa, que mide la capacidad de cada uno de los Estados para controlar la circulación del dinero ilícito. Inmediatamente después de Alemania e Italia. Y con nueve votos positivos sobre dieciséis en las materias “troncales y claves” que deciden el puntaje final.

En el Vaticano ha habido dos observados especiales a los que el informe de Moneyval le ha dedicado el máximo número de observaciones positivas y negativas: el Instituto para las Obras de Religión -IOR, el "banco" vaticano-, y la Autoridad de Información Financiera -AIF-, el brazo de investigación y de control del que ha debido dotarse la Santa Sede.

Tanto para uno como para la otra, a fines del verano se esperan en el Vaticano golpes escénicos.

Para el IOR será nombrado el nuevo presidente, luego que su junta directiva, el pasado 24 de mayo, removiera del cargo a Ettore Gotti Tedeschi, acusándolo públicamente de incapacidad manifiesta para desempeñar su cargo.

En realidad, Gotti Tedeschi ha atribuido su brutal expulsión a los desacuerdos insalvables con el management del "banco" y más todavía con el secretario de Estado, el cardenal Tarcisio Bertone, respecto a dos cuestiones.

La primera es la intentada adquisición del hospital San Rafael, de Milán, obstinadamente querido por Bertone y al final imposibilitada también por la enérgica oposición del entonces presidente del IOR.

La segunda cuestión son las modificaciones introducidas el pasado invierno, el 30 de diciembre de 2010, por la Secretaría de Estado a la ley vaticana n. 127, destinada a combatir el reciclaje de dineros ilícitos: modificaciones que según el cardenal Attilio Nicora, presidente del AIF, significaron "un paso hacia atrás" respecto al texto inicial y que según Gotti Tedeschi habrían llevado al rechazo por parte de Moneyval.

En realidad, no hubo tal rechazo. Más bien, las evaluaciones que el informe de Moneyval da del IOR y de los pasajes de la nueva ley 127 a los que hace referencia son predominantemente positivas.

Las correcciones principales que el IOR debería introducir, a juicio de Moneyval, son una verificación más rigurosa y selectiva del perfil de los clientes y de la rectitud de los flujos "de caja", especialmente desde y hacia países extra-europeos con escasos controles sobre los ilícitos financieros.

También la nueva ley 127, en su totalidad, fue evaluada positivamente por Moneyval. Si hubo un paso atrás, se lee en el informe, eso se refiere específicamente a la Autoridad de Información Financiera, cuyos poderes de inspección sobre todas las oficinas vaticanas eran más fuertes con la versión anterior de la ley.

Pero luego de haber dado razón sobre esto al cardenal Nicora, los inspectores de Moneyval lanzaron dos críticas contra él.

La primera es no haber cumplido hasta ahora ningún acto concreto de investigación y control en su poder, tanto menos sobre el IOR, y en consecuencia no haber dado todavía prueba de la capacidad efectiva del organismo presidido por él.

La segunda es encarnar un conflicto de intereses, en cuanto presidente de la AIF y miembro de la comisión cardenalicia del IOR, es decir, controlador y al mismo tiempo controlado.

A fines del verano se prevé que Nicora dejará el segundo de los dos cargos. Por eso Bertone, que es presidente de esta comisión cardenalicia, tendrá un adversario menos.

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