Lunes, 27 de mayo de 2019

Religión en Libertad

Bob Sullivan explica su personal método

No es un predicador callejero, pero sí da razón de su fe en una esquina: estos son sus consejos

Bob Sullivan, durante una emisión de Spirit Catholic Radio, una emisora católica de Nebraska.
Bob Sullivan, durante una emisión de Spirit Catholic Radio, una emisora católica de Nebraska.

ReL

Bob Sullivan tiene 51 años y cinco hijos. Vive con ellos y su esposa Carmen en Hastings (Nebraska), donde forma parte del consejo de la parroquia de Santa Cecilia. Es abogado, aunque actualmente no ejerce. Escribe y colabora en numerosos medios católicos, ya sea en papel (Catholic Answers Magazine), en internet (Southern Nebraska Register) o en las ondas (Spirit Catholic Radio). Hablamos, claro, de la diócesis de Lincoln, que dirige el obispo James Conley, a la que ya hemos consagrado en ReL algunos artículos por ser la de más brillantes resultados de Estados Unidos en vida de fe y vocaciones, y donde florecen abundantes iniciativas de nueva evangelización. Como la del mismo Sullivan en plena calle dando razón de su fe, que relata él mismo en Crisis Magazine:


A Bob Sullivan le dicen "predicador callejero", pero no lo es: más bien se sienta a esperar que vengan... y vienen
 
Hay gente que dice de mí que soy un predicador callejero. No lo soy. La etiqueta suena bien, pero tiene una connotación negativa. Creo que es más justo describirme como un "cuestionador" de la calle. Como miembro del grupo de evangelización de St. Paul Street de Lincoln (Nebraska), cada año paso una docena de mañanas de domingo en la esquina de la calle adyacente al mercado agrícola. Sí, evangelizamos en público, y somos católicos al cien por cien. Sacamos nuestros rosarios, libros, CD, medallas y otros objetos devocionales y sacramentales católicos, nos sentamos y esperamos que la gente se acerque a nosotros. No llevamos carteles amenazando a la gente con el infierno, ni gritamos o intentamos atraer su atención hacia nosotros en lugar de hacerlo hacia nuestra pequeña muestra de artículos religiosos.


El Haymarket, tradicional mercado agrícola de Lincoln, célebre en todo el estado. Aquí pone Bob su tenderete un domingo al mes.
 
Por esto, la gente que no quiere hablar con nosotros, sencillamente pasa de largo. Los que están intrigados se acercan y entonces entablamos una conversación.
 
Hace algunos años escuché un debate entre Jimmy Akin [importante creador de opinión católico estadounidense] y un apologista vehementemente anticatólico, muy conocido, en el programa de radio de Hank HanegraffThe Bible Answer Man. Durante el debate, Hanegraff (que en esa época era un cristiano evangélico, pero que el año pasado se convirtió al cristianismo ortodoxo oriental) les preguntó a sus huéspedes algo que hizo que el apologista no católico lamentara que la mayoría de los protestantes no sepan por qué lo son, y que muchos ex católicos abandonen la Iglesia por razones distintas a su desacuerdo teológico con la enseñanza de la Iglesia. Afirmó que la mayoría de los que habían sido católicos habían abandonado la Iglesia por haber sido agraviados por alguien dentro de la misma, o por similares razones no teológicas. Esto cambió mi modo de enfocar el debate sobre la fe, algo que a la larga me ha resultado muy útil.
 
Si alguien se para en nuestra mesa de venta y agarra un rosario, una medalla o un libro, le pregunto si va a la iglesia. Cualquiera que sea su respuesta, a continuación siempre planteo la misma pregunta: "¿Por qué?".



En mi experiencia, uno de cada cien no católicos puede dar una respuesta significativa a esta pregunta. Casi todos se quedan un rato sin hablar hasta que coordinan mentalmente algún tipo de respuesta. Aproximadamente el 90% explica que fue educado en su fe o que al casarse con alguien con fe, sencillamente, ha adoptado la fe del cónyuge. El otro 9% no tiene ningún tipo de explicación y se limita a encogerse de hombros. El 99% de los no católicos que he conocido pertenece a su fe particular debido a las circunstancias.
 
Si bien la falta de conocimiento puede llevar a conversaciones muy interesantes, la mala noticia es que los católicos no somos más capaces de explicar nuestro motivo de ser católicos. Lo sé porque hago las mismas preguntas a los católicos.

¿Por qué soy católico? 
Tenemos que ser conscientes de que el hecho de estar bautizados y haber sido educados como católicos no es muy buena razón para ser católicos, sobre todo si es la única razón que aducimos cuando nos preguntan. Explicar que te has convertido porque tu cónyuge ya era católico es igualmente poco estimulante. Todos tenemos mejores razones para creer en nuestra fe, pero nunca hemos pensado en ello. Esto hace que transmitamos a la gente que somos católicos debido a las circunstancias, lo que hace que la gente pase de largo.
 
La respuesta cristiana a la pregunta: "¿Por qué?" ha llevado a la pregunta que nos plantean los ateos y agnósticos: "Si hubieras crecido en Irán, ¿serías católico?".
 
La gente se siente con el derecho de preguntar por qué somos lo que somos. Tal vez no nos lo pregunten con estas palabras exactas, pero al discutir sobre la fe, las personas esperan que les proporcionemos un motivo convincente de nuestra pertenencia a la Iglesia católica. Es nuestra oportunidad de abrir una puerta al Espíritu Santo, pero muchos actuamos como si no encontráramos el pomo de la puerta. En situaciones de este tipo, tenemos que estar preparados para dar una explicación honesta y convincente. Pensemos en ello un minuto.

Tres formas de abordar la respuesta 
Un modo de hacerlo es abordando la cuestión en tres flancos. Se puede empezar recitando el Credo de Nicea-Constantinopla o el Credo de los Apóstoles, lo que garantizará que ambos estemos hablando de la misma fe. Para recitarlo bastarán treinta segundos, lo que deja unos dos minutos y treinta segundos para seguir con la explicación. Tres minutos es tiempo suficiente para una explicación resumida de lo que creemos y por qué lo creemos.


Una obra idónea para conocer la fe y sus fundamentos razonables: La fe cristiana explicada, de Scott Hahn, con prólogo de monseñor José Ignacio Munilla, obispo de San Sebastián.
 
Lo siguiente es dedicar treinta segundos para apelar a la razón. Si alguna vez ha estudiado la base científica y lógica de la fe católica, puede indicárselo a su interlocutor como su propia elaboración sobre la primera parte del Credo. Personalmente, he leído decenas de libros, escuchados horas de CD y podcasts, mirado horas de vídeos y escuchado de manera regular programas de radio que explican la base científica, histórica y lógica de la fe católica. Estas explicaciones son sólidas y convincentes. También he escuchado horas y he leído muchas obras de crítica del catolicismo y el cristianismo, y tengo conversaciones regulares con personas muy escépticas sobre el catolicismo. Sin embargo, nunca he acabado pensando que los dogmas o la doctrina católica son cuestionables, defectuosos o irrazonables.
 
Sigamos. A continuación, se pueden dedicar treinta segundos a explicar el catolicismo a través de las Escrituras. ¿Dónde encontramos a la Iglesia católica en la Biblia? A menudo le digo a la gente que puedo encontrar en las Escrituras el fundamento para cada dogma y doctrina que enseña la Iglesia católica. Algunos son explícitos, otros son implícitos, pero hay evidencias de ellos en las Escrituras. Podemos indicar la promesa de la Iglesia en Mateo 16, el principio de la Iglesia en los Hechos de los Apóstoles 2 y el crecimiento de la Iglesia en todo el Nuevo Testamento. También se puede explicar que la Iglesia está prefigurada en el Antiguo Testamento, en el que leemos sobre el Templo, los sacerdotes, el perdón de los pecados a través del sacrificio, la cena de la Pascua Judía y muchos otros mensajes que hacen referencia a la Iglesia que Cristo instituirá durante su ministerio público.
 
Por último, se debería dedicar un minuto y medio a explicar la propia experiencia personal de Dios en nuestra vida. Hay quienes han tenido una conversión profundamente intelectual, que implicó buscar en otros credos e ideologías antes de llegar a la fe católica. Otros experimentaron un profundo momento de gracia, misericordia, perdón, consolación o alguna otra experiencia espiritual que les convenció de la verdad, la belleza y la bondad de la fe católica. Algunos tuvieron un modelo importante que les enseñó la fuerza de la fe. Todos hemos tenido experiencias en nuestra vida que nos han acercado a Dios o alejado de Él. Este enfoque personal se conoce como "testimonio" para muchos no católicos (y, también, para algunos católicos).
 
Este enfoque en tres flancos se convierte en nuestra "historia de fe". La fe católica es razonable, basada en las Escrituras y profundamente personal (no hay que confundir con privada).
 
Es positivo unir estas tres explicaciones en una sola porque un ateo, un agnóstico, un no cristiano o un cristiano no católico puede estar en desacuerdo con una o dos de las explicaciones que demos de nuestra fe, pero será difícil que descarte las tres. Al dar las tres explicaciones, estamos demostrando que nuestro ser católicos no es algo que se debe a las circunstancias. Como mínimo nos ganaremos el respeto de nuestro interlocutor. Incluso si viviéramos en China seríamos católicos, porque nuestro enfoque sobre la fe es minucioso, razonable y abierto de mente. Este enfoque puede penetrar el corazón de la otra persona hasta llevarla a una mayor apertura a la belleza, la verdad y la bondad. Cuando esto sucede, nuestra historia de fe puede jugar un papel muy importante en su conversión.
 
Católicos no practicantes y no católicos tienen todo tipo de motivos para no serlo, pero muchos de estos motivos encajan en una explicación única y general. De una manera u otra, describen una experiencia en la que no encontraron una razón convincente para creer que el catolicismo es más verdad que cualquier otra religión o credo. A menudo recuerdan preguntas que quedaron sin respuesta o el escándalo causado por los católicos que conocen y que no pudieron explicar por qué el catolicismo es verdad. Al ofrecer nuestra propia historia de fe, evitaremos entrar a formar parte de esta larga lista de gente que ha reforzado sus convicciones.
 
Traducción de Helena Faccia Serrano.
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