Miércoles, 18 de septiembre de 2019

Religión en Libertad

LA CRUZ SIGUE SIENDO SIGNO DE CONTRADICCIÓN

Cristofobia en España: belenes tapados con sábanas, vírgenes encerradas en armarios...

Nacimiento tapados con una sábana, crucifijos retirados de la pared y guardados en cajas, imágenes de la Virgen encerradas tras las puertas de un armario, profesores de Religión represaliados por atreverse a montar un Nacimiento…: es el mapa de la cristofobia en España, un fenómeno que parece extenderse año tras año por nuestra geografía.

Cristofobia
Cristofobia
No hace muchos años, la Conferencia Episcopal de un país europeo se dirigió a una agencia de publicidad para ver cómo podían presentar mejor en la sociedad el mensaje cristiano. El
consejo de la agencia fue que, como primera medida, eliminasen el símbolo de la cruz. El motivo: Es demasiado anticuado y triste. Parece que la imagen de Cristo y de todo lo que tenga que ver con el cristianismo y la Iglesia está siendo fuertemente contestada desde algunos ámbitos de la sociedad que, no por ser pocos, son menos ruidosos.

En los últimos años, se han sucedido varios episodios de retirada de crucifijos en colegios públicos, un asunto que ha retomado actualidad tras la sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos y la anunciada Ley de libertad religiosa en España. El colegio Macías Picavea, de Valladolid, es uno de ellos; allí se retiraron los crucifijos por Sentencia judicial, a iniciativa del padre de una alumna. Esta misma semana, el Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León ha dictaminado que sólo se retiren los crucifijos de las aulas en las que estudien alumnos cuyos padres se hayan quejado de su presencia. Por ello, en rigor, todos esos crucifijos que hasta ahora estaban guardados en cajas a la espera de la decisión del juez deberían ser repuestos, excepto en el aula donde estudia la hija del padre que presentó la queja.
 
En el Macías Picavea tiene tres hijos estudiando doña Pilar Alonso. Conocedora de la vida del centro, afirma que, durante este tiempo sin crucifijos, «hemos tenido Nacimiento y función de Navidad, y la hija del padre que inició todo esto… ¡también ha participado! Yo no lo entiendo. Si no quieres el crucifijo, ¿cómo quieres que tus hijos participen en el festival de Navidad y los villancicos?» Y concluye desconcertada: «Yo no entiendo qué daño puede hacer el crucifijo, no sé qué demonios le haría, porque no lo entiendo».
 
La batalla de los padres
En otro extremo de España, en Baeza (Jaén), la Junta de Andalucía dio la orden de que se retiraran todos los crucifijos del colegio público San Juan de la Cruz (¡!), y no sólo eso, también se prohibieron los adornos navideños y se llegó a ordenar que se tapara con una sábana el belén. También se suprimió la costumbre de que los alumnos fueran con flores, desde los colegios de Baeza, en la víspera del Corpus Christi, para adornar la Custodia. Ante esto, los padres se levantaron y se manifestaron.
 
Doña María Nieves Ligero, madre de tres niños que estudian en el colegio, cuenta que «se hizo una recogida de firmas, a la que incluso se sumaron padres de religión islámica, porque veían que era algo absurdo. Al final, firmamos casi todos los padres del centro, y la costumbre de ir a la catedral con los claveles se ha mantenido, así como la colocación del belén y los villancicos». Los crucifijos, a día de hoy, siguen retirados de las paredes. Sin embargo, como nota significativa, algunos profesores sacan un crucifijo y lo ponen encima de la mesa al empezar la clase.
 
En la época de las protestas, Mari Nieves se movilizó mucho, escribió cartas a los medios y habló en la radio sobre esta persecución. Denuncia que «los cristianos estamos un poco adormilados»; y anima a tomar iniciativas y a hablar con los medios de comunicación: «Merece la pena. Tenemos derechos y debemos ejercerlos. Estamos en una democracia, ¿no? Nuestros derechos deben ser respetados; no somos ovejas a las que dicen dónde hay que ir; debemos luchar por lo que creemos justo».
 
En otro de los colegios de Baeza ha sucedido algo muy similar, sólo que en este caso sin Sentencia de por medio. Se trata del colegio Antonio Machado, en cuya entrada había desde su construcción una hornacina con una imagen de la Virgen María, que presidía la entrada y salida de los niños. Hoy, esta imagen se encuentra encerrada en dicha hornacina y tapada con sendas puertas. Su enclaustramiento, junto con el de los crucifijos del colegio San Juan de la Cruz o los del Macías Picavea, encerrados en una caja a la espera de Sentencia, constituye un signo gráfico bien representativo de lo que está pasando en España con los símbolos religiosos.
 
Don Antonio Villa es padre de 7 hijos –y otro más en camino– que estudian en tres colegios públicos de Guadalajara. Opina que «el crucifijo representa nuestra identidad. Estos políticos de turno lo ven como un estorbo, pero lo que quitan en realidad es un signo de unidad entre los hombres. Quieren quitar nuestra propia identidad, el humanismo cristiano, y reinventar una
nueva Historia –según su criterio, claro está–.
 
Ciertamente, es un símbolo para los cristianos, pero también es algo más». Don Antonio recuerda que, de pequeño, estudió en aulas con crucifijos, incluso en la universidad, y afirma que «nunca fue motivo de discordia», y avisa de que, «al quitar el crucifijo de nuestra cultura y de nuestras vidas, nos quedamos sin nada. Si quitamos a Dios, ya sólo nos queda perseverar
en el mal, y nos convertiremos en intolerantes. El crucifijo no hace violencia contra nadie».
 
Navidad, una palabra maldita
«Mi mujer y yo lo pasamos fatal. Tengo miedo»: quien así habla es un profesor de Religión que da clases en un colegio en España, y que no quiere dar su nombre por miedo a las represalias. Hace años tuvo un incidente muy desagradable en su lugar de trabajo, todo porque se atrevió a colocar un belén en las fechas cercana a la Navidad: «No quiero que aparezca mi nombre, porque puedo sufrir represalias por parte de la Dirección del colegio y de mis compañeros.
 
Tendría problemas. Me hacen boicot ante cualquier acto que yo proponga, aunque sea la campaña del kilo de Cáritas. La intransigencia de algún profesor llega hasta que le siente mal el recoger alimentos para los pobres. La asignatura de Religión es muy conflictiva: todo son pegas, problemas con mi horario, hasta mi Departamento es un zulo sin ventanas. Y bastante que tienes, porque tú eres de Religión, me dicen». Ya no se monta el belén en el centro, pero, no en vano, desde este asunto, las matrículas han empezado a bajar. Este profesor recuerda que aquellos días los pasó «tomando pastillas para dormir», y que sus compañeros le echaban la situación en cara: Pero, ¿qué has hecho? «Hoy –continúa–, ni se me ocurre proponer el Belén; parece que la palabra Navidad es una palabra maldita. Con los cristianos, con eso del amor y el perdón, parece que es más fácil meterse».
 
Otra profesora de Religión, que tampoco quiere dar su nombre y que hace años vivió un episodio similar, cuenta que llegaron a llamarla anticristiana, echándole en cara sus compañeros la polémica que se había levantado en el centro en el que daba clases; que muchos dejaron de hablarla; y que sufrió acoso laboral en toda regla. «Lo que quieren –concluye– es que desaparezca la religión de la escuela». El rechazo al belén, sin estar extendido, sí ha tenido otros episodios llamativos. Hace un par de años, unos desconocidos quemaron el belén expuesto en la iglesia de San Ginés, en Guadalajara. El párroco salió por la mañana para hacer una gestión y se encontró ardiendo el belén que había montado la parroquia en la misma Plaza de San Ginés, y el niño Jesús había sufrido daños. Tras la consternación, puso un cartel en la parroquia: El Niño Jesús está malherido, hecho pedazos en un rincón del parque. Poco después trajeron los fieles tres figuras nuevas del Niño. Esto pasó hace tres años, y hoy, aparte de seguir montando el belén en la parroquia, en la fachada exterior del templo se ha colgado una lámina de diez metros con la figura del Niño Jesús, y también van a representar un belén viviente, con niños, «como se ha hecho toda la vida y como se hace en todas partes de España», dicen en la parroquia.
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