Martes, 07 de julio de 2020

Religión en Libertad

MICHAEL SCHOOYANS RECLAMA QUE EL PAPA SE PRONUNCIE SOBRE EL CASO

Continúa la polémica sobre el aborto de la niña de 9 años en la ciudad brasileña de Recife

La controversia sobre el aborto de la niña madre sigue encendida. La arquidiócesis brasileña amenaza denunciar canónicamente al presidente de la pontifica academia para la vida. Por su parte, el profesor Michel Schooyans realizó una requisitoria que termina con una llamada al Papa.

(Sandro Magister/Lespresso) La tempestad ocasionada por el artículo del arzobispo Rino Fisichella, presidente de la pontificia academia para la vida, en «LOsservatore Romano» del pasado 15 de marzo está lejos de haber sido aplacada. Especialmente ahora que ha entrado en escena... Pero no nos anticipemos, revisemos nuevamente la situación donde la dejó el anterior servicio de www.chiesa.it El artículo bomba El artículo de Fisichella llevaba por título «A favor de la niña brasileña» y tomaba posición en el caso de una niña brasileña, en edad fértil ya a los nueve años, violada muchas veces por su joven padrastro, quien quedó encinta de dos gemelos; y que luego fue obligada a abortar en el cuarto mes de gestación. El caso, escribió Fisichella, «ha ganado las páginas de los diarios, sólo porque el arzobispo de Olinda y Recife (en la foto) se ha apresurado a declarar la excomunión para los médicos que la han ayudado a interrumpir el embarazo", cuando por el contrario, «antes que pensar en la excomunión», la niña «debía en primer lugar ser defendida, abrazada, acariciada» con esa «humanidad de la que nosotros, hombres de Iglesia, debemos ser expertos anunciadores y maestros». Pero «no ha sido así». Y continuaba: «A causa de la más que joven edad y de las condiciones precarias de su salud, la vida [de la niña] estaba en serio peligro a causa del embarazo en curso. ¿Cómo actuar en estos casos? Decisión ardua para el médico y para la misma ley moral. Opciones como ésta [...] se repiten cotidianamente [...] y la conciencia del médico se encuentra sola consigo misma en el acto de verse obligado a decidir qué es lo mejor que se debe hacer». Al final del artículo Fisichella se dirigía directamente a la niña: «Estamos de tu parte. [...] Son otros los que merecen la excomunión y nuestro perdón, no los que te han permitido vivir». La réplica del arzobispo de Recife El artículo inmediatamente suscitó reacciones en ambos sentidos: de un lado el aplauso de los partidarios del aborto, del otro las protestas de los defensores de la vida de todo concebido, sin excepciones. La arquidiócesis de Olinda y Recife, directamente aludida, reaccionó el 16 de marzo con una nota de «Aclaración» que terminaba así, refiriéndose a monseñor Fisichella: «El autor se arrogó el derecho de hablar sobre lo que no conocía, sin siquiera hacer el esfuerzo de conversar previamente de modo fraternal y evangélico con el arzobispo, y por esta actitud imprudente, está causando una gran confusión a los fieles católicos de Brasil». «LOsservatore Romano» no publicó nada de esta réplica de la arquidiócesis brasileña ni de otras reacciones del mismo tipo. Varias semanas después, en una entrevista concedida a Jeanne Smits del diario francés «Présent», el arzobispo de Olinda y Recife, José Cardoso Sobrinho, volvió a reclamar en vano su derecho de réplica: «Considero que LOsservatore Romano tiene el deber de publicar mi respuesta. Es lo que hemos tratado de lograr desde el inicio. Hemos enviado a Roma la respuesta de la arquidiócesis al artículo de monseñor Fisichella. Es un derecho natural permitir responder si alguien publica información falsa: debería permitirse a los lectores de LOsservatore conocer el otro punto de vista». En la misma entrevista monseñor Cardoso recordó haber recibido expresiones de solidaridad de un gran número de obispos brasileños y de todo el mundo. Confirmó que de hecho la niña no estaba en peligro de muerte y que en todo caso la doctrina de la Iglesia jamás ha admitido el aborto ni siquiera en casos así. Subrayó que los médicos que hicieron abortar a la niña no mostraron para nada estar atribulados por dudas de conciencia: eran abortistas militantes y después dijeron «sentirse orgullosos» de lo que habían hecho. Además de la del arzobispo de Olinda y Recife, al Vaticano llegaron muchas más protestas y pedidos de corrección. Algunas fueron hechas públicas por sus propios autores. Uno de estos es el profesor Joseph Seifert, fundador y rector de la Academia Internacional de Filosofía del Liechtenstein, miembro de la pontificia academia para la vida, la misma de la que Fisichella es presidente: «Siento que es mi deber expresar la ardiente esperanza de que las más altas autoridades magisteriales de la Iglesia definan pronto y en modo claro la auténtica enseñanza de la Iglesia sobre el mal intrínseco del aborto, y corrijan públicamente y sin ambigüedades las citadas posiciones». Otros citaron un pasaje inequívoco del famoso discurso de 1951 de Pío XII a las obstetrices: «Salvar la vida de la madre es un fin extremadamente noble; pero la muerte directa del niño como medio para este fin no es lícita». Pero nada de todo esto apareció hasta ahora en «LOsservatore Romano». El diario de la Santa Sede volvió a tocar de nuevo el argumento de pasada sólo una vez, el 4 de abril, en la crónica de una reunión realizada en Roma por la unión católica de la prensa italiana, sobre el tema «La conciencia en primera página». Participaban de la reunión monseñor Fisichella y una famosa periodista laica, Lucia Annunziata, ex presidenta de la televisión italiana estatal. A cierto punto - refirió el cronista del diario vaticano - Lucia Annunziata reconoció a la Iglesia «una transparencia jamás vista», de la que ella citaba las siguientes pruebas: «Me refiero a la carga del Papa a los obispos de todo el mundo y, por ejemplo, a la intervención del mismo monseñor Fisichella sobre el asunto de la niña brasileña publicada por LOsservatore Romano». Después de esto, en el Vaticano volvió a hacerse silencio sobre el caso. En Roma, la única voz que se alzó en apoyo del arzobispo de Olinda y Recife - pero antes de que saliera el controvertido artículo - fue la del cardenal Giovanni Battista Re, prefecto de la congregación para los obispos. Ni la congregación para la doctrina de la fe ha sido llamada a dar una opinión sobre el escrito de Fisichella, ni antes ni después de su publicación, como es la praxis en materias tan delicadas. La decisión de publicarlo, así como la de hacer silencio respecto a las reacciones, ha sido de dominio exclusivo de la secretaría de Estado. Entra en escena el profesor Schooyans Pero ahora hay una toma de posición pública contra el artículo de Fisichella que difícilmente podrá esquivarse. Su autor es monseñor Michel Schooyans, belga, profesor emérito de la Universidad Católica de Lovaina, renombrado especialista en antropología, en filosofía política, en bioética. Es miembro de tres academias pontificias: la de las ciencias sociales, la de santo Tomás de Aquino y - precisamente - la de la vida. En Italia su última publicación, editada por Cantagalli en el 2008, lleva por título: «La profecía de Pablo VI» y es una vigorosa defensa de la encíclica «Humanae Vitae». El pasado 1 de mayo Schooyans tuvo la ponencia introductoria a la primera plenaria de la pontificia academia de las ciencias sociales. El Papa Joseph Ratzinger lo conoce y lo estima. El 1997, como cardenal prefecto de la congregación para la doctrina de la fe, escribió el prefacio a un libro suyo: «LÉvangile face au désordre mondial». Pues, encontrándose en profundo desacuerdo con el artículo del Fisichella aparecido en «LOsservatore Romano» y convencido de que la cuestión en juego no debe pasar en silencia, Schooyans ha puesto por escrito una aguerrida requisitoria que termina con el pedido de una «declaración fuerte» del Papa en persona. Y ha decidido hacerla circular. Más abajo reportamos un amplio extracto de la misma. Pero mientras tanto se ha sumado un nuevo capítulo en la controversia entre monseñor Fisichella y la arquidiócesis de Olinda y Recife. Ahora es iniminente una denuncia canónica En la primera mitad de junio la arquidiócesis brasileña ha entregado a las máximas autoridades vaticanas - con copia a un centenar de dirigentes de la curia - un memorandum oficial en idioma italiano, firmado en cada una de sus seis páginas por el abogado de la arquidiócesis Márcio Miranda. El memorandum describe con precisión lo que la Iglesia del lugar ha hecho y sigue haciendo por ayudar a la niña y proteger su vida, así como también había protegido hasta el último la vida de los dos hijos que llevaba en su seno. Conclusión: «Teniendo en cuenta los hechos que han sido descritos aquí, es necesario que todos aquellos que han criticado al arzobispo reflexionen y reconozcan que sus apresurados juicios carecían de fundamento y que deben reparar el mal perpetrado, haciendo justicia al arzobispo Cardoso Sobrinho». Con este memorandum, la arquidiócesis de Olinda y Recife invita a las autoridades vaticanas a una «solución amigable» de la controversia; en su defecto procedería a una denuncia canónica contra el arzobispo Fisichella. Pero regresemos a la requisitoria del profesor Schooyans. Aquí un extracto de la misma: «Si el Papa calla, se repetirá lo que ocurrió con la Humanae vitae...» El artículo de Mons. Rino Fisichella en «L’Osservatore Romano» del 15 de marzo del 2009 merece diferentes comentarios pues contiene varios errores. Examinaremos algunos de ellos. - Fisichella parte de la afirmación, repetida por los periodistas, según la cual «Carmen» iba a morir si no abortaba los mellizos que llevaba. El aborto de los mellizos es una consecuencia de la decisión de intervenir para salvar la vida de la niña. El fin justifica los medios. [...] En esta lógica, que recuerda la que se encuentra en los documentos de la International Planned Parenthood Federation, el doble aborto no es querido por sí mismo; es querido para salvar a la madre. Por consiguiente – razona Fisichella –ni la madre, Carmen, ni los autores del aborto caen bajo el golpe de la excomunión. El arzobispo de Olinda y Recife - insiste - no tenía que hacer declaraciones ruidosas; debía más bien ir a consolar a la niña. Desgraciadamente para él y para sus lectores, podemos preguntarnos si Fisichella se tomó el trabajo de informarse convenientemente. [...] Él creyó ingenuamente esa afirmación, no probada, según la cual, sin aborto, la niña iba a morir. Todo el razonamiento de Fisichella está basado en esta petición de principio. Se supone como un hecho lo que se debía probar, a saber: que el aborto era el único medio de salvar a la madre, considerada en peligro de muerte. Para completar, se agrega que monseñor Cardoso fue falto de ternura y que la excomulgó. A propósito, ¿Fisichella por lo menos llamó por teléfono al Arzobispo de Olinda-Recife? - «Su vida, escribe Fisichella, corría serio peligro». Es indudable que Fisichella no averiguó la historia clínica de la niña. Según el Dr. Sérgio Cabral, médico director del Instituto Materno Perinatal de Pernambuco, [Estado de Brasil cuya capital es Recife], la vida de Carmen no estaba en peligro. No se podía invocar ningún estado de necesidad. Se podía razonablemente esperar salvar la vida de la madre y los dos bebés. Esta declaración fue confirmada por otros médicos brasileños que conocen la historia clínica, entre los cuales el Dr. Bernardo Graz, médico y sacerdote, y la Dra. Elisabeth Kipman, médica ginecóloga. - «Carmen llevaba dentro de sí otras vidas inocentes como la suya», escribe aún Fisichella, quien agrega: «En su caso han chocado la vida y la muerte». Afirmaciones teatrales, pero inexactas. Carmen llevaba dos vidas inocentes, y estas dos vidas – convendría escribirlo claramente – fueron suprimidas. La muerte fue dada voluntaria e ineluctablemente, sin ninguna justificación, a dos pequeños seres totalmente inocentes. En razón de la determinación a abortar, en ningún momento, la vida tuvo la menor posibilidad de vencer. Además, los ejecutantes del aborto se habrían incluso jactado, no sin un cierto cinismo, de estar habituados a realizar abortos y de estar orgullosos de hacerlos. Uno de ellos, el Dr. Rivaldo Mendes de Albuquerque, habría incluso declarado irónicamente que él ya había sido excomulgado repetidas veces. Precisemos aquí que - contrariamente a lo que insinúa el artículo de Fisichella - nunca fue una cuestión de excomunión para la niña. - Un nuevo error acaba de ser manifestado: no había peligro de muerte ni para Carmen ni para los mellizos. Sin embargo Fisichella insiste: «Una decisión como la de deber salvar una vida, sabiendo que [él, el médico] pone en serio peligro otra, no se toma con facilidad». Aplicada a nuestro caso, esta consideración es aberrante puesto que no había ninguna vida en peligro, ni la de la madre, ni la de los dos niños que ella portaba. El peligro surgió de los médicos que eligen el doble aborto, así como de los ideólogos del free choice que incitan a los prácticos facultativos a cometer un doble atentado a la vida humana y confieren a sus autores una pseudo-licitud moral. Lo que viene de ser explicado aniquila la pertinencia de la amalgama entre el caso de Carmen y el de pacientes en reanimación. Resulta de esta amalgama que, no contento de dar su protección al aborto, Fisichella ofrece también su protección a la eutanasia si los médicos eligen de darla. Con toda evidencia, Fisichella desea adular a los médicos, de los cuales declara respetar el profesionalismo. Él reconoce a los médicos «la libertad de elección», sin recordar ni recordarse que, al escoger, los médicos están también obligados a respetar reglas morales. Fisichella siembra con eso el desconcierto en la conciencia de todos los médicos del mundo en lo que se refiere al respeto de la vida, en su inicio y a su término, es decir respecto al aborto y a la eutanasia. - Fisichella nos reserva aún una sorpresa cuando se aventura en consideraciones relativas a la moral fundamental. He aquí lo que él escribe: «Generalizar sería injusto, además de incorrecto. […]. Como cualquier caso concreto, [el caso moral] merece analizarse en su peculiaridad, sin generalizaciones». Como en el punto precedente, Fisichella revela aquí su adhesión a la moral de la situación, a la moral de la opción fundamental, a la moral proporcionalista, no obstante todas claramente criticadas por Juan Pablo II en la encíclica «Veritatis splendor» (1993; ver por ejemplo n° 65-83; 95-102). - Fisichella prosigue: «La moral católica tiene principios de los que no puede prescindir, aunque quisiera. La defensa de la vida humana desde su concepción pertenece a uno de estos.» Dos motivos de asombro aquí: Fisichella afirma aquí la existencia de principios morales mientras que, como señalado más arriba, concede a los médicos el elegir libremente, ¡y acaba de decir que había que analizar los casos en su particularidad! Además, Fisichella olvida que la defensa de la vida humana es en primer lugar un principio de moral natural. Los cristianos no tienen el monopolio del respeto de la vida humana. La condenación del aborto se remonta mucho más allá de lo que Fisichella llama «la alborada de la Iglesia"» - No es exacto que las palabras del Vaticano II, más precisamente de «Gaudium et spes» (nº 27 y 51), utilizan «de modo inesperado palabras inequívocas y durísimas contra el aborto directo». Estas palabras no son ni inesperadas, ni muy duras; ellas no hacen sino que reafirmar la tradición moral, natural y cristiana, que quiere proteger a los individuos humanos más frágiles y disuadir a los otros de atentar contra su vida. ¡Lo que es curioso, es que Fisichella recuerda él mismo la doctrina de la Iglesia sobre el aborto provocado! Él parece no percibir que la doctrina que él cita lo pone en contradicción con sus posiciones tal como él las expone en el artículo que estamos comentando. En otros términos, para él, hay que conservar los principios, con tal que sea respetada ante todo la libertad de elección frente a las situaciones concretas. He ahí como se arruina la moral, tanto natural como cristiana. [...] Divisiones de la Iglesia - Según Fisichella, la actitud del Arzobispo Cardoso hace daño a la credibilidad de la Iglesia. Pero la Iglesia y sus pastores sólo merecen ser creíbles si proclaman la verdad. El Evangelio no recomienda agradar a los hombres sino que nos llama, sí, a ser fieles al mensaje que tenemos por misión de anunciar. En lo que concierne al aborto, la doctrina de la Iglesia es expuesta con toda claridad en documentos mayores tales como «Gaudium et spes» (1965), n° 51 § 3; cf. n° 27 § 3; Código de Derecho Canónico (1983), n° 1398; 1314; 1323 s.; «Donum vitae» (1987), n° 3; «Evangelium vitae» (1995), n° 62; Catecismo de la Iglesia Católica (1997), n° 2271, 2322. El artículo de Fisichella fue publicado en la edición francesa de «LOsservatore Romano» el 17 de marzo. Es sorprendente que allí no se haya hecho eco a las declaraciones de Su Eminencia el Cardenal Re, Prefecto de la Sagrada Congregación para los Obispos, publicadas en "La Stampa" del 7 de marzo. ¿Podía Fisichella ignorar esta declaración en el momento de firmar su artículo? En esta declaración, el Cardenal Re declara, a propósito del doble aborto realizado en Recife: «Es un crimen a los ojos de Dios. Es justa la excomunión de quien provocó el aborto». El 14 de marzo, Don Cardoso, Arzobispo de Olinda-Recife, recibía una carta de elogio del mismo Cardenal. [...] - «LOsservatore Romano» es el órgano oficioso del Vaticano. Publica los textos pontificios. Publica también artículos por pedido de ciertos dicasterios. Publica igualmente textos propuestos por autores de los cuales se considera que conocen y respetan la doctrina de la Iglesia. Esta publicación prestigiosa es particularmente necesaria en una época en que los medios se pronuncian con seguridad sobre cualquier tema. [...] En el caso que examinamos, los responsables de «LOsservatore Romano» dejaron pasar un texto salpicado de inexactitudes graves, de omisiones, parcial en todos los sentidos de la palabra. [...] El órgano del Vaticano coopera así seriamente a la confusión de los espíritus en la medida en que no respeta su mandato de portavoz fiel para pasar a sus lectores productos doctrinalmente adulterados. [...] - Graves motivos de preocupación aparecen en los ambientes próximos a la Pontificia Academia para la Vida y del Consejo Pontificio para la Familia: a. Incomprensión y tristeza de un número considerable de cristianos comprometidos desde hace años en múltiples programas provida estimulados por la Iglesia. Sentimiento, muchas veces fundado, de haber sido «abandonados» por su pastor. b. Perplejidad y vergüenza de muchos miembros de la Pontificia Academia para la Vida, que se preguntan cómo pudo producirse semejante paso en falso, y cuál será la reacción que se dará. c. Descrédito que afecta al Presidente de la Pontificia Academia para la Vida que minó su propia autoridad moral, teológica y científica. Pérdida de confianza en el Presidente, y desencanto. Muchos miembros de la Pontificia Academia para la Vida temen que las declaraciones de Fisichella los comprometan ante sus bases. Éstas considerarán disminuir las ayudas de todo tipo destinadas a las actividades de la Pontificia Academia para la Vida. d. Temor de una desactivación de la Pontificia Academia para la Vida: los miembros estarán menos motivados y se dividirán entre ellos. Ya se trata de convocar a los miembros de la Academia sólo cada dos años. Pero ¿de dónde viene esta decisión, si ella se confirma? ¿Ella preludia, como algunos lo cuchichean, a un entierro de la Pontificia Academia para la Vida cuando los ataques contra la vida no cesan de multiplicarse? Impacto en la vida política - Según los movimientos «for choice» y según los otros movimientos semejantes, estamos, en Recife, en presencia del caso típico de la mujer de quien se asegura que hay que hacerla abortar para salvarle la vida. [...] «El aborto – se asegura – permite salvar vidas humanas, disminuye la mortalidad materna». [...] Fisichella lleva agua al molino de todos los «pro choice» de Brasil, del mundo y de la Iglesia. Debilita los movimientos provida que están luchando, en Brasil y en otras partes, contra los proyectos de legalización del aborto. [...] - En razón de su influencia sobre los ambientes políticos y de la audiencia que le reservan los medios, conviene hacer notar las reacciones del movimiento Catholics for a Free Choice a propósito de Fisichella. Esto es lo que escribía el de 23 marzo Frances Kissling, su presidente honoraria, a propósito del caso de Recife: «En un sorprendente cambio de rumbo en la estrategia del Vaticano, que consiste en no desviarse de su posición según la cual el aborto no debería jamás ser permitido, incluso para salvar la vida de una mujer, el más alto funcionario bioético del Vaticano, el Arzobispo Rino Fisichella [...] ha entreabierto una puerta a través de la cual pueden infiltrarse mujeres, médicos, políticos que toman decisiones. Estoy agradecida por los pequeños regalos». - Fisichella dio una famosa ayuda a los que, en Brasil, en América Latina, en África y en otras partes quieren liberalizar el aborto como medio de control de la población. Él [...] debilitó la Iglesia de Brasil en el momento en que, en la Campaña de la Fraternidad, los cristianos dan la prioridad a la defensa de la vida. Al desaprobar a Don Cardoso, Fisichella se junta a la desaprobación del partido del Presidente Lula dirigida al Arzobispo de Olinda-Recife. [...] - El artículo de Fisichella cae en un momento en que el Presidente Obama multiplica las iniciativas dirigidas a intensificar, en América Latina y en otras partes, las campañas financiadas por el gobierno norteamericano, en favor de la salud reproductiva y la maternidad sin riesgos. Su acción en ese sentido es continuada y ampliada por las intervenciones de Hillary Clinton y por las de organizaciones como la International Planned Parenthood Federation, agencias de la ONU, la Unión Europea, etc. Esta campaña basada en los EEUU es aún intensificada por la acción de Tony Blair [...] y por la acción de su esposa Cherie Blair, quien no escatima en sus declaraciones feministas radicales. Como tantos otros, esta pareja no duda en proclamarse católica, pero no deja de separarse públicamente de la enseñanza de la Iglesia referente a la vida y la familia. Bajo la influencia de estas dos naciones líderes y de la ONU donde el peso de ellas es preponderante, hay que prever que América Latina sea pronto urgida a adoptar «nuevos derechos» del hombre, entre los cuales el «derecho» al aborto. Al final, el personal médico será privado de su derecho a la objeción de conciencia. El Presidente Lula ya manifestó claramente su simpatía espontánea por una reforma semejante. Por otro lado, hay que prever que las redes educativas latinoamericanas sirvan próximamente de canales a la expansión de la educación sexual de los jóvenes. Desde hace años, una campaña ya está emprendida con ese objetivo. En un momento en que los Presidentes Obama y Lula intensifican sus proyectos de colaboración en materia de control de la población, las declaraciones de Fisichella no pueden sino perjudicar la causa de las poblaciones y de las naciones latinoamericanas. Cuestiones que requieren respuestas claras Después del análisis de este documento, diferentes preguntas se plantean. He aquí algunas de ellas. - Como es costumbre en los dicasterios, los documentos «delicados» deben ser sometidos a la Congregación para la Doctrina de la Fe. ¿El texto de Fisichella recibió la aprobación previa de esta Congregación? ¿Este episodio lamentable no revela cuánto es urgente restablecer la precedencia de la Congregación para la Doctrina de la Fe en el seno de la Curia? - ¿El texto de Fisichella fue publicado con el apoyo de otras autoridades vaticanas? ¿Cuáles? ¿Quién encargó, organizó y cubrió este montaje? En una carta fechada el 14 de mayo (PAV, Prot. N. 4235/09), Fisichella escribe «El artículo ha sido escrito porque fue pedido». ¿Pedido por quién? Algunos llegan hasta insinuar que Fisichella habría recibido un placet [...] a nivel de la Secretaria de Estado. Esa es la cuestión crucial que debe ser aclarada. - ¿Qué es lo que se piensa hacer para proceder a las indispensables rectificaciones doctrinales, pastorales y canónicas que requiere el texto de Fisichella? Llegó el momento para que la Congregación para la Educación católica considere la oportunidad de una visita a las universidades católicas, romanas inclusive. Conclusiones - Todo el mundo está de acuerdo en decir y repetir que lo que vivió la niña es particularmente horrible: violaciones repetidas seguidas de embarazo de mellizos. Sobre lo que se insiste menos, es sobre el hecho que se había constituido una red eficaz para acudir en ayuda de la niña y de sus familiares. La acción de estos «buenos samaritanos» no es recordada en el artículo. Ellos sin embargo hicieron obra de ternura y de compasión por la joven mamá. Con otras peripecias del mismo género, el episodio de Recife puso en evidencia graves malos funcionamientos en el sistema romano de información y de comunicación. [...] - El artículo de Fisichella refleja la tesis que lo emparenta con las católicas pro choice. Él compromete el esfuerzo gigantesco que fue realizado bajo el impulso de los Papas del siglo pasado en favor de la vida y de la familia. En el texto que hemos analizado, no se encuentra el menor eco de los trabajos patrocinados por el Cardenal López Trujillo en el Consejo Pontificio para la Familia, como por ejemplo el célebre Lexicón. No se encuentra tampoco la menor referencia a la prestigiosa escuela de bioética personalista, fundada por Su Excelencia Mons. Sgreccia, y que modeló ampliamente la Academia Pontificia para la Vida. - Sería desastroso que se entierre este caso o que se lo deje arrastrar, porque el trastorno es grande entre los fieles y los movimientos «laicos» están evidentemente prontos a explotar la menor nueva falla en la unidad de la Iglesia. Un silencio anormal daría a entender que la Santa Sede confirma la desautorización del Arzobispo Cardoso pronunciada implícitamente por Fisichella. - Es indispensable medir las reacciones que ya surgieron en la prensa internacional y en los movimientos provida, así como en el clero y entre los laicos, frente a lo que muchos califican, no sin razón, como escándalo. Hubo descuidos graves sobre tres puntos esenciales: descuido en la moral del respeto de la vida; descuido en la moral fundamental: moral de la situación; descuido en eclesiología, pues la doctrina más sólidamente establecida no puede ser borrada de un plumazo o abolida por un golpe de fuerza. Además, a nivel disciplinario, no es seguro que Fisichella tenga un mandato particular para desautorizar a un Ordinario, Arzobispo como él. Deben tomarse con urgencia medidas para que la situación sea desbloqueada. La Academia Pontificia para la Vida tiene necesidad de un piloto. Hay que restablecer la verdad y restaurar, con la confianza, la unidad gravemente quebrantada. - Mientras que aquel criticó recientemente la política del Presidente Obama en materia de aborto, Fisichella ignoró el impacto político de su propio artículo, en un momento en que Brasil, América latina y África son objeto de un sitio en regla emprendido por los propagandistas de la cultura de la muerte. - El disentimiento está expuesto con toda claridad. Fortalecidos por el precedente venido de un jefe de dicasterio de la Curia romana, otros obispos y teólogos no dejarán de tomar a su vez algunas libertades con la doctrina y de reivindicar el derecho al disentimiento, incluso a la trasgresión. Además, lo que Fisichella dijo con respecto al aborto podría ser transpuesto a propósito de la anticoncepción, del «matrimonio» entre personas del mismo sexo, etc. - El caso de Recife evidencia que la unidad de la Iglesia no puede ser reducida a una cuestión de conveniencias políticas. [...] A la verdad, fundamento de la unidad, se prefiere cada vez más la unidad de fachada, para agradar al mundo. Se satisface con una verdad en la ambigüedad. Pero esta ambigüedad desemboca inevitablemente en un relativismo doctrinal generalizado. ¿Se debe alimentar esta deriva? - En resumen, frente a las turbulencias provocadas por el artículo de Fisichella, parece que, hay solamente, una única solución verdadera: una declaración fuerte del Santo Padre. El artículo de Fisichella creó una duda general a propósito de la licitud del aborto. Sin embargo, no es seguro que, desde Roma, la gravedad de la situación creada sea percibida en su justa medida. Ahora bien, la duda repercute en la Iglesia universal, reforzada por dos factores: la función confiada al autor del artículo, y el carácter oficioso del periódico que lo publica [...]. Si el Papa no dice nada, la duda persistirá y se tendrá una repetición de lo que pasa hasta el día de hoy con «Humanae vitae» (1968).
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