Domingo, 31 de mayo de 2020

Religión en Libertad

Se les atribuye la curación de un bebé con malformación en los pulmones

Beatificados los padres de Sta Teresa de Lisieux

En la sociedad del divorcio exprés y de los bebés medicamento, pocas cosas habrá tan contraculturales como la beatificación ayer de los padres de Santa Teresita de Lisieux. La Iglesia los reconoce como ejemplo de respeto y armonía conyugal durante 19 años e intercesores en un milagro que en 2002 salvó la vida al bebé Pietro Schiliro, nacido con una grave malformación pulmonar que debería haber acabado con su vida. Quince mil personas participaron ayer en la basílica francesa de Lisieux en la ceremonia de beatificación que presidió el cardenal José Saraiva Martins.

(Pablo Ginés/La Razón) Entre los asistentes había políticos de la muy laica y republicana Francia: diputados, senadores, el prefecto de la zona y la Ministra de Vivienda, Christine Boutin. Y entre los peregrinos españoles, el vicepresidente tercero del Parlamento, Jorge Fernández Díaz. Es la segunda vez que un matrimonio llega a los altares conjuntamente. El único precedente es reciente: los italianos Luigi y María Beltrame Quattrocchi, fallecidos en 1951 y 1965, y beatificados en 2001 por Juan Pablo II. Luigi Beltrame fue abogado y político, María fue voluntaria en Etiopía durante la Segunda Guerra Mundial; juntos se negaron a un aborto que los médicos les recomendaban. El matrimonio Martin Guérin fue más humilde que los Beltrame. Louis Martin Guérin, a los 20 años, era relojero, vivía en Suiza y quería ser monje, pero en el monasterio montañés del Gran San Bernardo no admitían a nadie que no supiese latín. Zélie también intentó ingresar en las Hermanas de San Vicente, en Alençon, pero no le vieron vocación. Se conocieron en Alençon y se casaron en 1858. Al principio querían vivir como hermano y hermana, es decir, sin mantener relaciones sexuales, pero su confesor les hizo cambiar de idea y tuvieron 9 hijos, entre ellos la hoy famosísima Teresita, patrona de las misiones y doctora de la Iglesia. Las 218 cartas que se conservan de Zélie, de 1863 hasta su muerte en 1877, registran el ritmo de la vida con la guerra de 1870, las crisis económicas, los nacimientos y las muertes de cuatro bebés. Misa diaria a las cinco y media de la mañana, ángelus y vísperas, reposo en domingo, ayunos en Cuaresma y Adviento... pero también bromas y juegos, y a Louis le gustaba pescar y jugar al billar. Invitaban a pobres a comer en su casa y visitaban ancianos. Enseñaron a sus hijas a tratar a los pobres como iguales. Zélie murió de un dolorosísimo cáncer a los 46 años. Louis quedó con cinco hijas pequeñas: Marie, Pauline, Léonie, Céline y Teresita, que sólo tenía cuatro años y medio pero siempre recordaría a su madre como una santa. Se mudaron a Lisieux, donde contaban con apoyo familiar. Allí todas las chicas entrarían en diversas órdenes religiosas, tres de ellas en el Carmelo. Louis murió en 1894 después de padecer una grave enfermedad mental. Muchos han propuesto su vida de santidad cotidiana como modelo para nuestra época de familias rotas y desestructuradas. Faltaba un milagro, y el del bebé Pietro Schiliro, con su informe médico de 967 páginas, ha permitido beatificar a los Martin Guérin.
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