Miércoles, 27 de octubre de 2021

Religión en Libertad

«El martirio nadie lo pide, puede suceder en cualquier momento», alerta un obispo desde Mozambique

Monseñor Juliasse es administrador apostólico en Pemba.
Monseñor Juliasse es administrador apostólico en Pemba. Su antecesor ha sido sacado del país por seguridad

ReL

Monseñor Antonio Juliasse apenas lleva siete meses como administrador apostólico de Pemba, en la complicada y peligrosa provincia de Cabo Delgado, en Mozambique. Zona ahora conocida internacionalmente debido a la ofensiva yihadista que tanto sufrimiento está provocando.

En una entrevista con Ayuda a la Iglesia Necesitada hace balance de este tiempo al frente de la diócesis. Y pese a todo lo ve positivo pues “en los distintos frentes que tiene la diócesis me ha sido posible contribuir”.

“Llegué un mes después del ataque al pueblo de Palma, el cual agravó la sensación de inseguridad en toda la provincia de Cabo Delgado. En ese momento, todos nos estremecimos. Hubo muchas llamadas de los superiores generales [de las congregaciones religiosas] para saber si aconsejaban o no la retirada de sus miembros presentes en la diócesis de Pemba”.

“Podemos estar realmente expuestos al riesgo pero, al mismo tiempo, estamos aquí en misión y estamos aquí por Jesús. Tenemos que continuar aquí”, le dijeron misioneros y sus superiores. Esta respuesta –asegura- le “conmovió”.

Otro frente es el humanitario debido a la llegada de desplazados debido a los ataques: “creo que pasamos por esto juntos y fue bueno encontrar un camino y que Dios nos acompañara en ese momento para hacer uso de un discernimiento más profundo. También para encontrar esa perspectiva más profunda de nuestra misión y de nuestro compromiso, de nuestra respuesta al martirio, ya que el martirio nadie lo pide, sino que puede suceder en cualquier momento”.

El religioso no se atreve a afirmar que las zonas estén liberadas y cuenta que un sacerdote misionero, el padre Fonseca, estuvo en Mocímboa da Praia y en Palma y “en ambos lugares, la cuestión de la seguridad sigue siendo precaria. Hay un avance por parte de una fuerza conjunta de los soldados ruandeses acompañados por la fuerza de defensa y seguridad mozambiqueña, que han penetrado en zonas que estaban dominadas por los insurgentes. Pero todavía no hay garantía de seguridad, de que esas zonas sean realmente seguras. Ni siquiera nosotros, como Iglesia, vamos a aconsejarles [todavía] que vuelvan. Creo que aún necesitamos [tiempo]”.

Refugiados en Cabo Delgado, Mozambique

Monseñor Antonio Juliasse tiene claro que debe haber una certeza de seguridad pues “no podemos exponer a las personas que ya han salido del sufrimiento y están traumatizadas a volver a situaciones de drama, de conflicto, a ser maltratadas como ha ocurrido. Requerirá un poco más de tiempo”.

Por otro lado, el administrador apostólico señala que “la Iglesia está muy implicada en esta labor de apoyo psicosocial. Tenemos equipos entrenados que van a todos los lugares donde están los desplazados. Entendemos que no siempre es fácil porque el apoyo psicosocial requiere un poco más de dedicación de lo que llamamos ‘caminar juntos’ y hay mucha gente. No tenemos la capacidad material de estar con todos al mismo tiempo. Pero donde vamos, averiguamos quién lo necesita más y ayudamos de una manera específica. Al mismo tiempo, el apoyo psicosocial trabaja el fortalecimiento de las redes familiares, de las redes comunitarias que existen, para que estas redes puedan funcionar también como un mecanismo de curación para sus miembros”.

En sus visitas a los campos de refugiados, monseñor Juliasse asegura que “hay muchas cosas que son urgentes”, pero “la alimentación y la salud siguen siendo una urgencia para este gran número de desplazados. Ha habido escasez de medicamentos en todas partes. Hace poco, el padre Fonseca pudo ir a Palma y me explicó que hay muchas personas con problemas de salud”.

“Visité un campo de reasentamiento en el distrito de Palama y vi que había muchas familias tumbadas a la sombra de sus casas. Fui a visitarlas y estaban enfermas. Yo les preguntaba si habían ido al puesto de salud y si estaban tomando su medicación y todos decían que habían ido pero que no tenían ninguna medicación allí. Esta parte de la asistencia es también una urgencia, porque de otra manera, pueden producirse ciertos brotes en los campos de reasentamiento, y tendremos un problema muy serio”, añade.

Sin embargo, también ve como una cuestión urgente la asistencia espiritual, “con una pastoral de integración de los desplazados en la vida cristiana y religiosa en los lugares donde se encuentran. Existen tensiones entre las poblaciones locales y los que han acogido a los desplazados. Este es también uno de los aspectos a los que la Iglesia quiere contribuir, a partir de los liderazgos cristianos, influyendo en los líderes locales hacia una buena convivencia entre los desplazados y los que ya estaban en el terreno”.

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