Jueves, 21 de enero de 2021

Religión en Libertad

Mose Muthaka lleva la esperanza al «slum» de Nairobi

Un católico rescata niños de la mayor barriada pobre de África: muchos llegan a la universidad

Mose Muthaka, a la izquierda, con Duncan Iguru, uno de los chicos beneficiados por su proyecto.
Mose Muthaka, a la izquierda, con Duncan Iguru, uno de los chicos beneficiados por su proyecto.

C.L. / ReL

En Nairobi (Kenia) se encuentra uno de los centros académicos más prestigiosos de África, la Strathmore University, institución del Opus Dei, que capacita a sus estudiantes al nivel de cualquier centro similar de Europa o América y les ofrece además una formación como ciudadanos comprometidos con el bien común destinada a cambiar el tejido social africano.

Pero el campus linda con Kibera, el mayor slum (asentamiento de infraviviendas) de África, con una población que oscila entre medio millón y un millón y medio de personas según cómo se mida su extensión, y donde se vive bajo el umbral de la pobreza, en particular los niños, abocados al hambre, la droga y el crimen.


Kibera, el slum de Nairobi, el mayor asentamiento de infraviviendas de África.

Hace cuatro años, un católico keniata vinculado a Strathmore, Mose Muthaka, decidió invertir sus escasos bienes en paliar esta situación y puso en marcha el proyecto Karibu Sana! [¡Sé bienvenido!], con el objetivo de ayudar en la educación, vivienda y alimentación de adolescentes rescatados de la calle.

Empezó con la ayuda de su madre
Se les instala en grupos en distintas casas de la zona rural, lejos de la contaminación y marginalidad del slum, y aunque viven con estrecheces reciben educación y tres comidas al día, y algunos ya han logrado cruzar el umbral de la vecina universidad, un sueño que de otra forma habría resultado inalcanzable para ellos, gracias a las becas que les ofrece Strathmore.

Poco tiempo atrás, la mayoría de ellos, huérfanos o abandonados, eran tratados como animales. Mose habló con su madre, viuda y madre de 11 hijos, que vive en el campo a 150 kilómetros de Nairobi, y ella aceptó adoptar a los ocho primeros con la única condición de que acudiesen a clase y colaboraran en los trabajos de la granja, exigencias mínimas para empezar a cambiar sus actitudes ante la vida.

Luego otras familias del campo se unieron al programa. Lo que les daba Mose, además de un techo y la compañía de otros muchachos, era la presencia de un mentor que les guiara en el nuevo camino y el pago de la matrícula del colegio, que en Kenia no es gratuito aunque sea público.

Pasados cuatro años, son casi cien los chicos que han recibido ayuda, y en este momento hay 40 acogidos en casas.

Además, Karibu Sana! ofrece a los padres de esos chicos, cuando son conocidos, microcréditos con los cuales empezar pequeños proyectos empresariales que rescaten a la familia de la miseria. Con 20 dólares se ponen en marcha, y tienen un índice de devolución del 94%, demostrando creatividad y rentabilidad y facilitando la financiación de nuevos proyectos.

Navidad, tartas y pelotas de tenis
Recientemente, un filósofo español encargado por Strathmore para poner en marcha los estudios de Filosofía, Javier Aranguren Echevarría, conoció Karibu Sana! y empezó a colaborar con ellos y relatar los progresos que se hacen a través de su perfil de Facebook y a canalizar la ayuda a través de la Fundación Valora, porque la generosidad de Mose Muthaka es inagotable, pero no así su capacidad de mecenazgo y hay que cubrir costes de matrícula, ropa, habitaciones, médicos, etc.


Javier Aranguren, durante una visita a Kibera.

En una entrevista que le ha hecho Javier, Mose cuenta algunos de los momentos más emotivos que ha permitido la atención a estos chicos: "Me cuenta una historia de tartas. Hace cuatro años pensó que los chicos deberían tener una celebración el día de Navidad. De otro modo la fiesta les pasaría desapercibida. Lo comentó con su madre. ´¿Cuántos esperas?´, dijo la paciente señora. ´Los chicos…, alguno de los de las granjas vecinas. ¿Unos veinte?´, respondió. Aparecieron 50 desde primera hora de la mañana, y su madre tuvo que salir a la tienda, pedir ayuda a las vecinas y trabajar de lo lindo para poder ofrecerles algo. Pero no hubo posibilidad de preparar otra tarta (la única la trajo Mose de Nairobi, que las pide a profesores de Strathmore University). ´Pero si cortas fino, muy fino, donde había un poco para 20 hay un poco (menos) para 50. Y todos la probaron´. Al año siguiente vinieron 150. Al otro, 180…, y la cosa seguirá creciendo".

Porque para los niños se convierte en un momento especial con muy poco que reciban. "Ahora organizamos juegos, con los que se mueren de la risa, y tratamos de dar algún premio", explica Mose: "El primer año llevamos bolígrafos para que cada uno tuviera un regalo de Navidad. Mi madre me llamó. ‘¿No te das cuenta, hijo mío, de que lo que tienen es hambre? Menos bolígrafos y más comida, por favor’. El año pasado conseguí un montón de bolas de tenis. Estaban ya usadas, pero a ellos no les importó lo más mínimo".

Formación empresarial

Un día, muchos de ellos serán alumnos del futuro Eastlands College of Technology, un centro de formación adscrito a Strathmore cuya construcción (un momento "histórico", según Silvano Borruso, uno de los profesores más antiguos del centro, desde sus primeros pasos a principios de los años 60) servirá también para que los chicos del slum, junto con otros compañeros, aprendan a montar y gestionar una empresa. Que es el principal objetivo, para el desarrollo económico y social de esas capas de población.


Los planos del Eastlands College of Technology: sus aulas también se abrirán para los beneficiarios del proyecto Karibu Sana. Borruso aparece en la imagen, el segundo por la izquierda, testigo vivo del progreso de Strathmore en medio siglo.

Ahora ya aprenden un oficio en otro de los centros de Strathmore, la Eastland Technical School, donde se enseña electrónica, instalación de paneles solares, contabilidad, soldadura y cualquier tarea con la que participar en las empresas de construcción.

"Al terminar nuestra conversación", concluye Javier Aranguren, "Mose me presenta a un muchacho de veinte años. Es Duncan Iguru, uno de los primeros beneficiarios de la loca idea de este hombre. Duncan es de Muranga, el pueblo donde viven los chicos: uno de esos vecinos sin dinero para pagar la matrícula de la escuela de secundaria. Sus padres son granjeros: no tenían ninguna posibilidad de financiarle, ni de acudir al banco, pues este no acepta té o azúcar como pago. Mose se encargó de todo. Después le invitó a aplicar por una beca que ofrecía un banco para estudiar en Strathmore University. La beca era del 100%, unos 3000 euros al año con los que cubre vivienda y matrícula. Sin Mose, Duncan seguiría en el pueblo, cultivando té como su hermano mayor. Ahora tiene en la cabeza abrir su propia empresa de Tecnología Informática, su campo de estudio".

"¿Lo conseguirá? ¿Cuánto bien hará con ella? ¿Dónde estudiarán sus hijos? ¿Y sus nietos? Salvar una vida es salvar al mundo entero", concluye Aranguren.
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