Martes, 24 de noviembre de 2020

Religión en Libertad

El crimen imposible: cada vez más voces claman contra la sentencia

El cardenal Pell, ¿declarado inocente en 2020? El año en el que la justicia australiana se la juega

El cardenal Pell, ¿declarado inocente en 2020? El año en el que la justicia australiana se la juega
El cardenal Pell, junto a su abogado, durante el primer interrogatorio policial sobre unos cargos que parecieron inverosímiles a uno de los jueces del tribunal que le condenó.

C.L. / ReL

El día de Nochebuena, un grupo de católicos se congregaron a las puertas de la prisión de Melbourne donde el cardenal George Pell cumple condena por abusos, para entonar algunos villancicos. Intentaban así confortar al purpurado y llamar la atención de los medios ante lo que muchos consideran una condena jurídicamente injustificable por basarse en un único testimonio de dudosa verosimilitud.  A lo largo de este año, el Tribunal Supremo australiano deberá estudiar el recurso presentado contra la sentencia, formulada por dos votos contra uno.

Foto: John Macauley / CNA.

No son solo muchos católicos quienes están convencidos de la inocencia del que fuera arzobispo de Melboure y de Sidney antes de incorporarse a la Curia vaticana como prefecto del secretariado de Economía. Recientemente, Andrew Bolt, un periodista de Sky News, cadena que no simpatiza precisamente con la línea de Pell, reconstruía los hechos de que se le acusan, considerando un "escándalo" que el tribunal hubiese considerado creíble un delito cuya comisión, en las circunstancias establecidas por la sentencia, es materialmente imposible.

También George Weigel, el biógrafo autorizado de San Juan Pablo II y uno de los creadores de opinión más influyentes del mundo en el ámbito anglófono (y que no oculta su amistad con Pell desde que el prelado australiano fue pionero en la lucha contra los abusos), ha consagrado varios artículos a exponer que la que realmente está en cuestión en este caso no es la honorabilidad de Pell, sino la credibilidad de Australia como país. El pasado 4 de diciembre, en un artículo en First Things, afirmaba que "el sistema procesal penal australiano ha fallado o fracasado en cada etapa de este caso", y ahora el Tribunal Supremo "puede romper esta racha, liberar a un  hombre inocente y restaurar la reputación de la justicia australiana en el mundo".

También el vaticanista Marco Tossatti rompe una lanza por Pell en un artículo en Brújula Cotidiana que reproducimos porque sintetiza bien todos los avatares del caso.

Cardenal Pell, una víctima de la caza de brujas

En los próximos meses, el Tribunal Supremo de Australia examinará la apelación del cardenal George Pell, condenado en primera y segunda instancia por abusos cometidos (en una sola ocasión), en una fecha no especificada a mediados de la década de 1990, poco después de ser nombrado arzobispo de Melbourne. La esperanza de muchos es que la Alta Corte finalmente haga justicia a un hombre que probablemente ha sido condenado injustamente y que, seguramente, fue colocado al centro de una situación de linchamiento mediático, en medio del frenesí anticatólico del mundo “progresista” australiano.

Vale destacar que en los últimos meses han surgido varias voces no solo en defensa del cardenal, sino también para hacer notar las dudas sobre el correcto funcionamiento de la maquinaria judicial australiana. Esa misma máquina en la que Pell ha tenido tanta confianza como para decidir abandonar el Vaticano (era el jefe de la Secretaría de Economía y Finanzas), en donde gozaba de inmunidad diplomática, para afrontar una acusación de la que siempre se declaró inocente. A pesar del evidente clima que atestigua la dificultad de obtener un juicio justo en su país: hay caza de brujas y multitud de activistas gritaban insultos tanto a Pell como a sus abogados desde las afueras del Tribunal.

En marzo de 2019, el juez Peter Kidd condenó al cardenal George Pell a seis años de prisión, con la posibilidad de obtener libertad bajo fianza, después de cumplir tres años y ocho meses. Pell fue considerado por los jueces responsable de cinco actos de agresión sexual (cuatro de los cuales eran contemporáneos) contra dos niños del coro que tenían 13 años en 1996, en el momento de su nombramiento como arzobispo de Melbourne.

Según la acusación, Pell, inmediatamente después de una solemne misa dominical y todavía vestido con vestimentas litúrgicas, presuntamente agredió sexualmente a dos niños del coro en una sacristía sin aislamiento: los habría sorprendido bebiendo el vino para la consagración, obligando a uno a la felación y usando el otro para masturbarse. Todo en cinco o seis minutos. En otra ocasión, habría empujado a una de las víctimas contra un pilar, tocándole luego sus genitales. Cabe señalar que estos habrían sido los únicos abusos cometidos por el acusado en toda su vida y esto ya parece singular. Los expertos en estos casos saben que los responsables repiten los ataques, incluso en diferentes lugares y, después de algún tiempo, con diferentes víctimas. Ciertamente no se detienen en un solo episodio.

El primer interrogatorio policial al cardenal Pell, el 19 de octubre de 2016. Toda la sustancia de la acusación se le formula aquí, en torno al minuto 25:00. Ni entonces ni después hubo prueba alguna de la acusación. Pell repite en varias ocasiones "en la sacristía, después de Misa solemne dominical", para recalcar lo inverosímil de que sucediesen los hechos en ese momento y lugar.

La primera sentencia fue pronunciada por un jurado popular compuesto por doce personas. Pero es interesante notar que la sentencia llegó en un segundo proceso. De hecho, un primera jurado se expresó (10 contra 2) a favor de la absolución del acusado. Pero en ausencia de la unanimidad, el juez decidió abrir un segundo juicio. Vale recordar que la Policía del Estado de Victoria, desde el año 2014 había abierto una investigación “open ended” para buscar testimonios y evidencias de eventuales delitos de abusos cometido por el cardenal Pell, incluso en ausencia de denuncias o acusaciones. Al parecer se buscó un excelente blanco de ataques, en medio de la polémica contra la Iglesia católica por los abusos, apuntando al cardenal, impopular ante la opinión pública progresista por su posición sobre la homosexualidad, la ideología de género y el matrimonio homosexual.

El equipo legal de Pell decidió apelar. Declararon que el veredicto emitido por el jurado de 12 personas era “irrazonable” porque se basaba “únicamente en la palabra del demandante”. Y, de hecho, visto desde afuera, esta circunstancia parece absolutamente increíble: es decir, veinte años después de un supuesto hecho, cualquiera pueda ser condenado sobre la base de una acusación sin testimonios de apoyo o de cualquier otra evidencia. La apelación afirmaba que “sobre la base de todas las pruebas, incluidas las pruebas claras e incontestadas de más de veinte testigos, no era posible que el jurado estuviera satisfecho más allá de cualquier duda razonable únicamente con la palabra del acusador”.

La defensa también había preparado un vídeo para mostrarle al jurado lo imposible que era realizar actividad sexual en los lugares y formas descritas por el acusador (en la catedral y a esa hora de la mañana), inmediatamente después de la misa principal celebrada por Pell; pero la proyección de estas imágenes no fue permitida por el juez. Una decisión que, dadas las circunstancias de ser una acusación sin testigos, no parece comprensible, excepto si lo miramos como un perjuicio contra Pell.

La apelación de Pell fue rechazada en agosto de 2019, con dos votos contra uno. Pero uno de los tres jueces, Mark Weinberg, escribió una memoria de doscientas páginas para explicar por qué cree que hay “una posibilidad significativa” de que el cardenal no haya cometido el abuso por el que está en la cárcel. Weimberg habría liberado a Pell y dijo que no podía descartar que algunas partes de la denuncia del ex alumno del coro fueran “construidas”.

También se debe tener en cuenta que la segunda presunta víctima, que murió de una sobredosis de heroína en 2014, le había dicho a su madre que nunca había sufrido abusos. Si ella hubiera estado viva, probablemente toda la acusación se habría caído. Según Weimberg, había toda una serie de evidencias que “hacía imposible aceptar” la historia del demandante. “Hubo inconsistencias, discrepancias y varias respuestas que simplemente no tenían sentido”, escribió Mark Weinberg. Y continúa así: “Un elemento inusual de este caso es que depende enteramente de la aceptación del denunciante, más allá de las dudas razonables, como de un testigo creíble y confiable. Sin embargo, el jurado fue invitado a aceptar su versión sin que existiera una confirmación independiente de la misma persona que puso la denuncia”.

Así que Pell fue sentenciado a seis años de prisión con base en el testimonio de la misma persona que presentó la denuncia. Recientemente Sky News llevó a cabo una investigación, reconstruyendo -con base en la acusación- los movimientos de los personajes de aquel no especificado domingo de 1996 y llegó a la conclusión, documentada con un vídeo, de que Pell simplemente no habría podido cometer aquello por lo que fue condenado. Ahora la palabra final la tiene el Tribunal Supremo.

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