Jueves, 17 de octubre de 2019

Religión en Libertad

Intentan recuperar el cuerpo del misionero asesinado a flechazos por aborígenes: su familia perdona

ReL

John Chau, el misionero protestante, tenía 26 años cuando murió
John Chau, el misionero protestante, tenía 26 años cuando murió

La pasada semana medios de comunicación de todo el mundo informaban de la muerte de un misionero protestante llamado John Chau en una de las islas del archipiélago de Andamán, un lugar remoto donde vive una tribu sin contacto con el exterior y que al ver al estadounidense le mataron de un flechazo.

Este territorio pertenece a la India, cuyo Estado prohíbe la entrada a la isla de Sentinel del Norte, en la que vive esta tribu, considerada la más remota del mundo.

El objetivo, intentar recuperar el cuerpo

En estos momentos el gobierno indio trabaja en ver cómo puede recuperar el cuerpo del misionero. Según informa La Vanguardia, a bordo de una lancha motora la policía se acercó a unos 500 metros de la costa y desde allí pudieron observar a varios aborígenes armados con arcos y flechas con “clara actitud vigilante”.

sentinel-norte

Chau, de 26 años, murió el pasado 17 de noviembre bajo las flechas de los sentinelenses, a los que quería evangelizar. Así lo confirma tanto su familia, que ya ha asegurado que perdona a los que asesinaron a su hijo, como la All Nations, el grupo misionero que le envió.

En su diario escribió que este era “el último bastión de Satán” y según los antropólogos en la isla vivirían unas 100 aborígenes. Está prohibido entrar en la isla para así protegerlos, puesto que el mero contacto con el exterior puede ponerlos en grave peligro, ya que no tienen inmunidad a enfermedades comunes como el resfriado o el sarampión.

Ya fue recibido a flechazos en su primer intento

En 2006, los sentineleses mataron a dos pescadores indios cuyo barco llegó a la isla al soltarse el ancla mientras dormían. Los aborígenes les dieron sepultura en la playa pero unos días después desenterraron los cadáveres y los colgaron de dos palos de bambú en dirección al mar para avisar a posibles nuevos intrusos.

El diario de este misionero indica que sabía a qué se arriesgaba. “No quiero morir. ¿Sería más inteligente irme y dejar que otro continuase? No lo creo”, escribía. Además, esta no era su primera incursión en la isla. En aquella primera ocasión ya tuvo que huir a nado después de que un  niño le disparara una flecha que no le dio porque impactó en la Biblia que llevaba. “¿Por qué un niño pequeño me ha disparado hoy? Aún tengo en la cabeza su voz aguda”, volvía a escribir en el diario. Al día siguiente volvió pero ya no pudo sobrevivir.

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