Miércoles, 21 de agosto de 2019

Religión en Libertad

Un texto del 190 d.C. ya hablaba de su tumba en esa ciudad

Unos arqueólogos descubren la tumba de San Felipe en Hierápolis (Turquía) pero, ¿es el apóstol?

Que San Felipe Apóstol murió en Hierápolis es cosa bien establecida en la tradición, pero en Hechos de los Apóstoles aparece otro Felipe, con hijas profetisas, que complica el asunto.

Pablo J. Ginés/ReL

San Felipe Apóstol murió en Hierápolis
San Felipe Apóstol murió en Hierápolis
El miércoles la agencia de noticias Anatolia, con sede en Turquía, difundió la afirmación de un equipo de arqueólogos dirigido por el italiano Francesco d´Andria de haber encontrado en las ruinas de Hierápolis (en Pamukkale, Turquía), la tumba de San Felipe, uno de los doce apóstoles de Jesucristo.

"Tratamos de encontrar desde hace años la tumba de San Felipe. La encontramos finalmente entre los escombros de una iglesia que sacamos a la luz hace cerca de un mes", subrayó el arqueólogo, que trabaja desde hace más de 30 años en este yacimiento de Turquía.

Gran importancia para el mundo cristiano
D´Andria precisó que todavía no se abrió la tumba. "Un día será abierta sin duda. Este descubrimiento es de gran importancia para la arqueología y el mundo cristiano", aseguró el arqueólogo.

Como se ve, resulta intrigante que el arqueólogo esté tan convencido cuando no se ha abierto la tumba, y de hecho excepto por la nota de la agencia no hay más información sobre el hallazgo. En las ruinas de Hierápolis, lugar turístico y muy visitado, sí se tenía localizada una estructura que marcaba el lugar en que fue martirizado San Felipe, y desde antiguo se tiene claro que fue allí donde murió.

Felipe en la Biblia
Felipe era galileo, fue seguidor de Juan Bautista y uno de los primeros seguidores de Jesús. Él fue quien trajo a Natanael (Bartolomé) al grupo. Felipe adquiere un gran protagonismo en el capítulo 8 de Hechos de los Apóstoles. Allí leemos que hacía muchos milagros y expulsaba demonios en Samaría. Un brujo llamado Simón quedó impresionado por su poder y se hizo bautizar. Luego ofreció dinero a San Pedro y a San Juan para obtener poder "para que al que imponga las manos reciba el Espíritu Santo", dando origen al nombre del pecado de "simonía" (la compra-venta económica de bienes espirituales).

Felipe además dio ejemplo con el eunuco de la reina Candace de Etiopía de que no basta con leer las Escrituras para entender la voluntad de Dios, y le explicó el significado de los textos a la luz de los hechos vividos por los Apóstoles y la Resurrección de Jesús. Después de bautizar al eunuco se dio lo que parece un caso de teleportación: "el Espíritu del Señor arrebató a Felipe, el eunuco ya no lo vio más, y Felipe se encontró con que estaba en Azoto, y fue evangelizando todas las ciudades hasta llegar a Cesarea".

Después de la Biblia: fuentes antiguas sobre San Felipe
Polícrates, obispo de Éfeso, que fue discípulo de San Policarpo de Esmirna (el cual a su vez fue discípulo de San Juan Evangelista) escribió una carta ya anciano, junto con otros obispos de Asia, entre el año 189 y 198, en la que explicaba al Papa Víctor I por qué los cristianos de la actual Turquía celebraban una fecha de Pascua distinta a la que se celebraba en Italia.

En esa carta (que conservamos porque la cita íntegra el historiador Eusebio a inicios del siglo IV, en su Historia Eclesiástica V, xxi) Polícrates explica que:

«Nosotros observamos el día genuino, ni le agregamos a eso o tomamos de allí. Porque en Asia grandes luces han dormido [grandes hombres de Dios] los cuales se levantarán de nuevo durante el día de la manifestación del Señor, en el cual él vendrá con gloria del cielo, y levantará a todos los santos: Felipe, uno de los doce apóstoles, que duerme en Hierapolis y sus dos ancianas hijas vírgenes; su otra hija, también, que habiendo vivido bajo la influencia del Espíritu Santo, ahora igualmente descansa en Efeso; es más, Juan, que descansó en el pecho de nuestro Señor, que también fue un sacerdote, y lució en la frente la placa de oro sacerdotal, ambos mártir y maestro; él está enterrado en Efeso. También Policarpo de Esmirna, obispo y mártir y Traseas, ambos Obispo y mártir, de Eumenia, que duerme en Esmirna.»

Enterrado en Hierápolis
Por lo tanto, Polícrates, que estudió con un alumno de San Juan Evangelista, afirma claramente que Felipe "uno de los doce apóstoles" está enterrado en Hierápolis.

Pero como luego Polícrates habla de sus hijas vírgenes y otra que era profetisa ("viviendo bajo la influencia del Espíritu Santo") hay quien piensa que Polícrates, y/o Eusebio (que murió en el 339 dC) confundían a Felipe el apóstol con otra persona a quien en Hechos de los Apóstoles 21,8-9 llaman "Felipe el Evangelista, uno de los siete" que "tenía cuatro hijas solteras con el don de profecía" y fue anfitrión en Cesarea de San Pablo y San Lucas. (También hay quien piensa que el Felipe de Hechos 8 (el de Simón el mago y el eunuco etíope) era éste mismo, ya que parece acabar su viaje en Cesarea.)

Para complicar las cosas, Eusebio (en Hist. Eccl., III.31-23) recoge varios extractos del diálogo, hacia el año 200 d.C., de un sabio llamado Cayo contra Proclo, un líder de los montanistas (una especie de secta ultrapentecostal de carismáticos desobedientes a la Iglesia). Cayo afirma que "hubo cuatro profetisas, hijas de Felipe, en Hierápolis de Asia, donde aún están sus tumbas y la de su padre".

Quizá cuando se abra esta iglesia encontrada por los arqueólogos italianos se resuelva el enigma: ¿se trata de Felipe el Apóstol, de los Doce, o de Felipe el diácono y evangelista, de los Siete? ¿Habrá datos sobre las hijas profetisas?

La otra fuente sobre San Felipe son los apócrifos "Hechos de Felipe", de bien entrado el siglo IV, lleno de fábulas y leyendas, que es el primer texto que se refiere a su martirio, pero la Iglesia nunca ha dado valor a este libro ni ha tenido una tradición firme sobre cómo murió el apóstol, más allá del convencimiento de que murió mártir a manos de los romanos. De hecho, en Hierápolis se localiza el lugar del martirio con los restos de una iglesia llamada así, "Martirium", pero que no fue su tumba. De hecho, los restos del apóstol descansarían (al menos en parte) en la Iglesia de los Doce Apóstoles de Roma, a donde llegaron después de haber pasado un tiempo en Constantinopla.
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