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Un juzgado investigará el bombardeo de Durango de 1937: mató a curas, monjas y fieles en plena misa

P.J.G./ReL

21 julio 2017

Un juzgado investigará el bombardeo de Durango de 1937: mató a curas, monjas y fieles en plena misa
Unos hombres rescatan cadáveres en Durango tras el bombardeo
El Juzgado de Instrucción Número 3 de Durango ha admitido este jueves 20 de julio una querella criminal interpuesta esta misma semana por el Ayuntamiento de la localidad vizcaína contra los pilotos de las fuerzas aéreas italianas que la bombardearon el 31 de marzo de 1937, durante la Guerra Civil, semanas antes del bombardeo alemán contra Guernica. 

La querella lo presenta como "una intervención militar extranjera ilegal" sin que en aquellas fechas mediara "ninguna declaración de guerra por parte del Estado [italiano] que la protagonizó".

El titular del juzgado ha ordenado abrir una investigación de los hechos por si pudieran constituir "delitos de lesa humanidad, crímenes de guerra y delito contra las personas y bienes protegidos en caso de conflicto armado", según consta en el auto judicial conocido este jueves.

Dos bombardeos sobre población civil
El ataque aéreo, bajo la dirección del general italiano Vincenzo Velardi Velani, se produjo el 31 de marzo de 1937, en dos pases, uno a las 8.30 y otro sobre las 16.30. Fueron las operaciones denominadas Murciélago y La Cucaracha. Los expertos consideran que era una especie de experimento o banco de pruebas por parte de los ejércitos de Alemania e Italia para estudiar los efectos de un bombardeo aéreo masivo ("bombardeo de saturación") sobre edificios civiles en una población de arquitectura similar a la de Francia y otros vecinos de Alemania. 

Mayoría de población carlista y conservadora
Durango contaba en el año 1936 con unos 8.800 habitantes, su alcalde era el carlista Adolfo Uribasterra, y de sus 13 ediles, 8 eran carlistas, 3 del Partido Nacionalista Vasco y sólo 2 del Frente Popular. Evidentemente, al empezar la guerra muchos varones jóvenes de tradición carlista habrían acudido a alistarse a los requetés carlistas para luchar en el bando nacional, pero está claro que sus familias, conservadoras y religiosas, seguían formando la inmensa mayoría de la población de Durango.

Los historiadores Joan Villarroya y Josep Maria Solé i Sabaté, en su libro "España en llamas. La guerra civil desde el aire", explican así los resultados del bombardeo: 

"Durango quedó humeante y llena de escombros. En cuanto a las víctimas del bombardeo, fueron mayoritariamente civiles, y su número pasó de las 250. La mayor parte de estos civiles murieron cuando se encontraban asistiendo a los oficios religiosos celebrados a primeras horas de la mañana. La iglesia de los jesuitas, la de Santa María y la capilla del convento de Santa Susana fueron dañadas gravemente. En la de Santa María, el padre Carlos Morilla murió por efecto de una bomba que estalló en el momento que alzaba el cáliz. Este sacerdote se había refugiado en Vizcaya procedente de Asturias, huyendo de la persecución religiosa. En la capilla de Santa Susana murieron once monjas de clausura (algunas fuentes hablan de catorce) de la orden agustina. La intensidad del ataque y el número de muertos que ocasionó no tenían precedentes hasta ese momento".


 Así quedó la iglesia de los jesuitas en Durango
(no había allí jesuitas en 1937, la República
los expulsó en 1932, la Constitución republicana impedía
el voto de obediencia al Papa)


"Como si las bombas buscasen las iglesias"
Los mismos historiadores recogen un testimonio del jefe del estado mayor de la Legión Cóndor, el alemán Wolfram von Richthofen, que visitó Durango un mes después del bombardeo (y cuatro días después de haber ordenado él el bombardeo de Guernica) describió así lo que vio: 

"Se sigue hacia Durango. Pequeña y bonita ciudad, con hermosos palacios de nobles. Tras un doble bombardeo de los italianos tiene un aspecto horrible. Es como si las bombas hubiesen buscado precisamente las iglesias. El gran templo, en el cual en ese justo momento se celebraba misa mayor, recibió un mínimo de seis bombas; una iglesia conventual (convento que es cierto que era un cuartel rojo) [sic], cuatro al menos. Sólo están en pie los muros. En el templo mayor hubo muchos (se dice que más de 150) muertos. Por razones de propaganda, los rojos no han desescombrado absolutamente nada".

En en templo de Santa María murieron muchos civiles, junto con su párroco Carlos Morilla, que efectivamente, había llegado al pueblo huyendo de la persecución antirreligiosa de Asturias. A su lado murió su monaguillo. En San José de los Jesuitas murió otro cura que estaba celebrando misa, Rafael Villalabeitia, junto a otros 50 feligreses. El convento de Santa Susana fue donde murieron las once religiosas. 

Más de 300 muertos, 60 sin identificar
Se calcula que se arrojaron en Durango 281 bombas completando un total de 14.840 kilos de explosivos. Las víctimas mortales fueron 336, resultaron afectados 305 edificios y de ellos 71 fueron totalmente destruidos. Tras el bombardeo los cazas de escolta realizaron ametrallamientos de la población. Fueron enterrados sin identificar 61 cadáveres. 

Según explica en El País, el historiador Jon Irazabal ha conseguido rastrear documentos guardados en el Archivo General e Histórico de Villaviciosa de Odón (Madrid) para documentar los hechos, y en el Ufficio Storico de la Operazione Militari Spagna, con sede en Roma, donde ha conseguido identificar a los pilotos que bombardearon la villa vizcaína. 

Los pilotos lo celebraron en un burdel
Ha conseguido poner nombre y apellido a 46 de aquellos pilotos y oficiales, aunque no descarta que sean más. Su esperanza es que "alguno siga con vida", aunque todos ellos hoy tendrían más de cien años. Afirma que casi no ha encontrado impedimentos en Italia para investigar aunque "me impidieron reproducir unos documentos en los que los mandos militares confirmaban que los aviadores celebraron los bombardeos yendo al día siguiente a un gran burdel que la Legión Cóndor tenía montado en Zaragoza. Eran jóvenes fogosos, se dicen esos documentos para justificarles", explica el historiador.
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