Jueves, 29 de julio de 2021

Religión en Libertad

Farsantes y memoria histórica

Francisco Pilo Ortiz



En estos primeros días de agosto se cumple el 74 aniversario de una de las gestas más heroicas de nuestra Historia, ya que un puñado de hombres, que no superaban los tres mil quinientos, con poca artillería y poco apoyo aéreo, emprendió la honrosa misión de liberar España del terror, la dictadura, la esclavitud, la represión, la tortura y la muerte y, sin dudarlo, sin dar un paso atrás, estos tres mil quinientos hombres iniciaron la marcha, adentrándose, paso a paso, en el inmenso territorio que se abría ante ellos, teniendo enfrente a la mayor parte del ejército español y su aviación, así como a miles, decenas de miles de milicianos que trataron de impedirles avanzar en la sagrada misión de salvar las vidas de millares de personas que estaban siendo víctimas de un genocidio y de unos crímenes contra la humanidad como no se había visto nunca antes en nuestra historia.

Nada arredró a aquellos tres mil quinientos valientes que iban regando con su sangre el ardiente suelo extremeño porque sabían que hombres, mujeres y niños que iban a ser asesinados sólo dependían de su bravura para salvarse y guiados por este deseo, aquellos valientes, aquellos héroes se lanzaban a la carga, acortaban distancias para llegar a la bayoneta y morían para que otros vivieran.


Juan Yagüe Blanco

Pero, al mismo tiempo, a veces, antes sí encontraron a otros españoles tan valientes como ellos, parias de la tierra, famélica legión de obreros, jornaleros, braceros, hombres oprimido por la burguesía y los terratenientes, de figuras escuálidas y rostros curtidos por la intemperie que muchas veces eran ayudados en la lucha por sus esposas, madres y hermanas, mujeres de rostros tristes y demacrados que vivieron una corta belleza, rápidamente mustiada por el duro trabajo, de ojos negros y mirada profunda en los que se reflejaba la desesperación de ver enfermar y, a veces, morir, a sus hijos, a los hijos de sus entrañas, que como dijo el gran escritor gallego Castelao, cuando a finales de 1934 y principios de 1935, estuvo destinado en Badajoz por su cargo de funcionario público, “tenían menos derechos y eran menos cuidados y atendidos que los cerdos de los cortijos”.

Aquellos hombres y mujeres pese a estar mal armados y peor dirigidos y, además, engañados por los criminales y bandidos dirigentes marxistas, que después, los muy canallas, los abandonarían a su suerte para poder huir mientras el pueblo moría, ofrecieron una férrea defensa como quedó acreditado en Llerena, Los Santos de Maimona, Almendralejo, Mérida y Badajoz.

Sin embargo, pese a que estamos, como he dicho, en pleno aniversario de esas heroicas defensas, nadie de la Memoria Histórica se ha dignado rendirles homenaje, organizar visitas a los lugares que fueron bastiones de defensas (iglesia y ayuntamiento de Llerena, sierra de San Cristóbal, o lo poco que queda de ella, y en la que aún se pueden apreciar algunos pozos de tiradores, en Los Santos de Maimona, Iglesia de Almendralejo, olivares de Arroyo de San Serván en los que murieron decenas de hombres combatiendo y ahora pretenden decir que fueron fusilados, calles de Mérida y, desde luego, murallas y calles de Badajoz, en las que aquellos bravos españoles, aquellos obreros, aunque engañados, sacaron de sus propias almas toda la casta española, todo el furor que siglos de opresión les habían dado y supieron morir luchando, defendiendo el terreno palmo a palmo.

Estos desenterradores, estos voraces cobradores de subvenciones, estos manipuladores, no dicen ni una palabra sobre ello. Guardan toda su energía para el día 15 de agosto, en el que de nuevo volverán a mancillar la memoria y el recuerdo de aquellos hombres y mujeres que murieron combatiendo o represalidos cruelmente, sin que se les respetaran los derechos de prisioneros de guerra según la convención de Ginebra y habrá gente que, lo mismo que en aquel entonces, engañadas por quienes los utilizan para seguir cobrando y llevar una vida de verdaderos señoritos, acudirán al acto y lo harán de buena fe, creyendo que contribuyen a recuperar la memoria de aquellas víctimas cuando lo que realmente harán será colaborar con esas hordas ambiciosas de subvenciones, cargos y “prestigio” que los utilizarán para dar un mitin político lleno de mentiras, falsedades y manipulación que a ellos les viene muy bien para conservar cargos y privilegios.


Huellas de los crímenes cometidos por los frentepopulistas en la cárcel de Almendralejo

Nada dicen, entre otras cosas, porque no lo saben, de la dura represión que hubo en Almendralejo donde posiblemente, según algunos periodistas, aunque tal vez, como pasó en Badajoz, exageren las cifras, cerca de un millar de personas entre ellas 300 mujeres fueron ejecutadas (repito que posiblemente las cifras sean exageradas), tal y como manifestó, por ejemplo, René Brut:

"…Al llegar a Almendralejo se nos ofreció un espectáculo horripilante. En la plaza de toros esperaban turno para ser fusilados un millar de hombres. Cerca del cementerio había más de cien cadáveres amontonados sobre leña impregnada de gasolina…"

Es cierto que en Almendralejo, lo mismo que había ocurrido antes en Fuente de Cantos y ocurriría después en casi todos los pueblos sometidos al terror marxista, la crueldad de éstos se puso de manifiesto con todo su apogeo, pero estoy convencido que los causantes de aquellos asesinatos no llegaron ni tan siquiera a combatir y huyeron y pagaron las consecuencias quienes se habían dejado engañar y envenenar por aquellos miserables y posiblemente asistieron al terrible espectáculo de ver cómo quemaban viva a la gente y les disparaban, pero lo hicieron arrastrados por el fenómeno de masas y sin ser conscientes de la enormidad de lo que los asesinos estaban realizando, como después ocurrió, por ejemplo, en Carabanchel, cuando los criminales marxistas decapitaron al general López Ochoa y pasearon su cabeza clavada en un palo y como en una obscena, en una demoníaca procesión, eran seguidos por centenares de hombres y mujeres que vociferaban y jaleaban embriagados por la sangre, perdida ya toda condición humana debido a las arengas de los líderes que sólo querían enriquecerse y ostentar el Poder absoluto, sin oposición y convertir a aquellas persona en esclavos, sin derechos, sin capacidad de pensar ni actuar a nivel personal, obligados a vivir como en una colonia de insectos y con la permanente amenza de la tortura, las detenciones arbitrarias, los campos de concentración y la muerte.

Estos devoradores de subvenciones, estos farsantes que se inventan listas de “represalidos” para engañar a la gente, que se quedan con cantidades de dinero de premios que ellos han concedido, que dan conferencias cobrando, mancillan la memoria histórica de los verdaderos represaliados.

Yo, Francisco Pilo Ortiz, hijo y nieto de represaliados por el franquismo os muestro mi desprecio.

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