Jueves, 08 de diciembre de 2022

Religión en Libertad

Así viven las ancianas en la línea de fuego en Ucrania: la colecta este domingo las intenta ayudar

ReL

La señora Luba, de Torietsk, se mantiene gracias a la leña que le trae Cáritas... el frente está a dos kilómetros
La señora Luba, de Torietsk, se mantiene gracias a la leña que le trae Cáritas... el frente está a dos kilómetros
Irene Broz, una técnica de emergencias de Cáritas Internationalis, explica cómo es la vida cotidiana en la zona de Ucrania afectada por el resurgimiento de la violencia pese al frágil alto el fuego. Hay familias separadas, inseguridad, disparos, miedo, escasez de recursos, desplazados, ancianos y niños dejados atrás...

La violencia ha desplazado a más de un millón y medio de personas en Ucrania y ha causado 10.000 muertos y 20.000 heridos. Para ayudarles, el Papa Francisco ha convocado a una colecta especial este domingo 24 en todas las parroquias europeas. La crónica de Irene Broz que presentamos a continuación ayuda a entender cual es la situación de muchas de estas personas allí.

En un pueblo en la línea de fuego
Luba es una mujer alegre, con rostro en forma de luna y pómulos altos y redondos. Lleva un colorido pañuelo en la cabeza, como la mayoría de las mujeres de su pueblo, Torietsk, situado en primera línea de la guerra civil de Ucrania.

Nos saluda desde su porche y nos invita a entrar. Señala hacia el techo para mostrarnos cómo ha sido reparado. Observo que hay un poco de cinta decorativa. Este pequeño detalle me recuerda lo importante que es para las personas delimitar su espacio doméstico hasta en tiempos de crisis.

Un proyectil cayó sobre mi cocina. Ocurrió durante la noche. Acababa de irme a mi habitación. Me libré por pocos segundos”, explica. Durante meses, Luba y su marido tuvieron que dormir en el sótano. Aunque fuera verano, hacía mucho frío. Tuvieron que usar todas las mantas que tenían en casa para abrigarse.

Ahora su tejado está reparado. Nos muestra la madera que ha recibido de Caritas para que caliente su casa durante el invierno.

Cuando le preguntamos si tiene hijos, de repente empieza a llorar.

Mi hija vive en Donetsk (zona controlada por los rebeldes) con su marido y mi nieta de cinco años”, cuenta. “Me llama de vez en cuando pero hace dos años que no nos vemos. Me gustaría que se fueran a un lugar seguro, pero ¿dónde podrían ir?”

Luba es una de las muchas personas mayores y vulnerables del pueblo de Torietsk que recibe ayuda de Caritas. Este pueblo está a solo 2 km de la línea de contacto con Donetsk la “zona no controlada por el gobierno”.

Extensas franjas de las regiones orientales de Donetsk y Luhansk fueron tomadas por los rebeldes prorrusos después de que Rusia respondiera a la expulsión del Presidente Viktor Yanukovych con la adhesión de Crimea a Rusia hace dos años.

Aunque actualmente hay un alto al fuego, los niveles de violencia han aumentado de manera drástica en las últimas semanas.

“Hace tan solo dos días se volvieron a desatar las luchas. Vimos al ejército pasar delante de nuestra carretera. Hubo bombardeos durante dos días. Mi marido y yo teníamos siempre el volumen de la televisión muy alto para intentar no oír el ruido, pero era fuerte y daba mucho miedo”, dice Luba.

Lidia, de 80 años, y su madre de 100
Justo al lado vive otra mujer mayor llamada Lidia. Su madre tiene 100 años. La misma Lidia tiene unos 80. Viven solas.

“Cuando bombardearon nuestra casa yo estaba en el sofá de mi sala de estar. El proyectil atravesó la ventana y se fue contra el sofá justo en la parte en la que yo estaba sentada. No sé cómo pero me aparté lo suficientemente rápido como para evitar que me alcanzara. Eso dejó un agujero enorme en la pared y astillas por todas partes”, explica Lidia.

Su madre está en la habitación de al lado. Está metida en cama y parece delirar. Es difícil comprender cómo estas dos mujeres se las arreglan para sobrevivir con apenas ingresos y tan solo una pequeña parcela de tierra delante de la casa en la que Lidia cultiva verduras y hortalizas, a pesar de su avanzada edad. Sin embargo, es admirable cómo Lidia, Luba y muchas otras personas se aferran a la vida.

El conflicto en Ucrania oriental, que dura ya dos años, ha dejado sin hogar a más de un millón de personas y ha llevado a pasar hambre a alrededor de 1,5 millones, de las cuales casi 300.000 necesitan ayuda alimentaria inmediata.

El Papa Francisco ha anunciado que el 24 de abril se realizará una colecta especial en todas las iglesias católicas de Europa: los fondos recaudados serán empleados para el alivio del sufrimiento causado por la situación de violencia por la que está pasando Ucrania.

“Aunque debemos dar oportunidades a las personas para que puedan recuperarse y rehacer sus vidas lo antes posible, no nos podemos olvidar de las personas ancianas y muy vulnerables que verdaderamente no pueden sobrevivir sin apoyo humanitario”, explica Hryhoriy Seleshchuk, coordinador humanitario en Caritas Ucrania.

“A veces, cuando se producen los combates tenemos que suspender nuestras operaciones y esperar. Es muy difícil aceptar que estas personas necesitan de nuestra asistencia y no podemos llegar a ellas”, afirma Hryhoriy Seleshchuk.

“Incluso más duro es saber que hay millones de personas necesitadas en zonas fuera del control del gobierno y que solo podemos mandarles una ayuda muy limitada”.

Con el verano ya cerca, es muy probable que los combates se intensifiquen. Para la gente que vive a lo largo de la línea de contacto en Ucrania esto significa un aumento de la falta de seguridad y una disminución del acceso a los recursos básicos. La guerra de Ucrania está lejos de terminar pero parece que el mundo haya cerrado los ojos para no ver lo que está pasando aquí.

A medida que no alejamos con el coche, miro atrás y veo a Lidia en su porche, siguiéndonos con la mirada. Me recuerda a mi abuela, que solía quedarse observando cómo nosotros, sus nietos, nos íbamos. Cada vez me preguntaba si esa sería la última vez que la vería.

Una sensación de incertidumbre similar tienen estas personas olvidadas, atrapadas en los confines de las violentamente redefinidas fronteras de Ucrania, aún en el medio de una larga e impredecible guerra.

(Más información de Cáritas sobre la situación en Ucrania aquí)

Cuentas bancarias de la Conferencia Episcopal Española para ayudar a Ucrania: lo recogido en ellas se entregará directamente a la Santa Sede para ayudar a los ucranianos en necesidad:

Banco Popular: ES82 0075 0001 8506 0900 0106
Banco de Santander: ES27 0049 5814 4423 1632 0788

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