Martes, 12 de noviembre de 2019

Religión en Libertad

Benedicto XVI rezará en la tumba del beato Stepinac

El Papa va a Croacia: 700 clérigos fueron asesinados por el comunismo «humano» de Tito

Es de esperar que la leyenda negra contra el beato Stepinac de los propagandistas comunistas vuelva a circular en la prensa de izquierdas; hoy son ultraortodoxos, nacionalistas serbios o ateos interneteros quienes recocinan los viejos bulos diseñados en 1947.

P. J. Ginés / ReL

Benedicto XVI leyendo
Benedicto XVI leyendo
Este domingo, a las cinco de la tarde, Benedicto XVI venerará en la catedral de Zagreb la tumba del beato cardenal Aloisio Stepinac (18981960), beatificado por Juan Pablo II en su visita pastoral a Croacia en 1998.

El cardenal Stepinac simboliza el horror de la Europa dividida por los totalitarismos y la manipulación propagandística que las ideologías ejercieron durante el s.XX en su propio beneficio. El régimen comunista del mariscal Tito inventó toda una leyenda negra para el cardenal, al que procesó en un simulacro de juicio como colaborador con el régimen fascista durante la Guerra Mundial. La izquierda de Europa Occidental, seducida por el supuesto "comunismo humano" del régimen de Tito en Yugoslavia, que se presentaba como una alternativa "moderada" a Stalin y la URSS, amplificó la propaganda anticlerical de Tito en Occidente.

Aún hoy hay quien repite la leyenda negra comunista contra el beato Stepinac. Así lo hacen hoy muchos nacionalistas serbios anti-croatas, algunos fundamentalistas ortodoxos radicalmente anticatólicos, y algunos ateos y anticlericales que copian de forma acrítica cualquier cosa en Internet: todos ellos, sabiéndolo o no, y en una extraña mescolanza (solo les une el anticatolicismo y la falta de rigor histórico) mantienen viva la leyenda negra diseñada por el régimen de Tito.

Juan Pablo II, como polaco conocedor de las tácticas de difamación y desprestigio de la propaganda comunista, no se dejó amedrentar, hizo investigar la vida del cardenal, que pasó 5 años en la cárcel y falleció en un arresto semi-domiciliario, y presidió su beatificación.

El comunismo de Tito: unos 700 clérigos católicos asesinados de 1943 a 1947
El Partido Comunista de Yugoslavia mató a unos 700 clérigos católicos de 1943 a 1947, según han podido establecer los historiadores. Lo hizo a través de las unidades de partisanos, de fuerzas policiales y militares.

La mayor parte de la matanza se cometió sistemáticamente durante la guerra, con las unidades partisanas llenas a rebosar de agentes y asesores de la NKVD soviética (la antecesora de la KGB). Para los guerrilleros comunistas yugoslavos, la guerra no empezó cuando Hitler invadió el Reino de Yugoslavia, sino dos meses y medio después, cuando Hitler invadió a su hasta entonces "aliada", la Unión Soviética. Fue entonces cuando Stalin ordenó actuar a sus "fichas" en el tablero balcánico, no antes sin depurar (matar) a unos 50 intelectuales comunistas yugoslavos "poco estalinistas".

Las unidades partisanas mataron a 4 obispos, 506 sacerdotes y 50 seminaristas durante los años de la guerra en sí; se trataba de personal no combatiente, perfectamente identificable y desarmado. La víctima más joven era un seminarista de 12 años llamado Iván Skender. La mayor, el párroco de 83 años Vide Putica.

Acabó la guerra en 1945, pero no la persecución sangrienta contra el clero: desde el fin de la guerra hasta 1947 las unidades comunistas mataron a otros 70 clérigos católicos, a 38 seminaristas más y a 31 monjas. Muchos de estos asesinatos llegaron rodeados de campañas de desprestigio contra la víctima, para que la opinión pública lo aceptase.

La propaganda serbia-comunista demonizó a los croatas católicos
Aunque el clero católico croata había protegido a los eslavos de la región de Istria de muchos abusos de la administración mussoliniana, la propaganda comunista enseguida estableció la relación "clero-fascismo", asociándolo al movimiento de los "ustacha" de Ante Pavelic. Nadie quiso recordar que este movimiento minoritario en Croacia, y a quien Hitler y Mussolini auparon al poder, nació en 1929 precisamente en contraposición al entonces mayoritario líder católico antifascista Stjefan Radie.

Milan Simcic, buen conocedor de la historia moderna de Yugoslavia y antiguo subsecretario de la Congregación para el Clero en Roma, defendió a Stepinac de los bulos que el diario comunista "Il Manifesto" aún repetía en 1998, en vísperas de su beatificación. Lo explicó así al periodista Antonio Gaspari:

"La acusación de colaboracionismo [de Stepinac] con el régimen fascista de Pavelic se desmiente con la abundancia de datos. Durante la guerra, los partisanos de Tito citaban con frecuencia amplios textos de las homilías y de las cartas pastorales de Stepinac, sobre todo las que denunciaban las atrocidades de las tropas alemanas, italianas y de los Ustasa. El hecho de que, como arzobispo en tiempos de guerra, haya tenido contactos con el poder constituido no significa que fuera un colaboracionista. Cuando al final de la guerra los comunistas comenzaron sus grandes procesos estalinistas y procesaron a Stepinac, él respondió a las acusaciones diciendo: "¿Con quién debía tratar? ¿Con vosotros que estabais en los bosques, o con las autoridades de Zagreb de las cuales dependía la salvación de las personas por las que intercedía?" Y entre estas personas salvadas había muchos comunistas, judíos croatas y antifascistas. [...]

En 1946, ya habían muerto más de seiscientos sacerdotes y religiosos y miles eran perseguidos. Tito había propuesto a Stepinac separar de Roma a la Iglesia croata, y había recibido un tajante no. Tito no estaba acostumbrado a tolerar a las personas que se oponían a sus deseos. Algo sabía de eso Milovan Djilas que, a pesar de ser el número dos del partido, fue borrado y encarcelado. El gran escultor croata Ivan Mestrovic recordaba en sus memorias una conversación tenida con Djilas, en la que reconocía la inocencia de Stepinac y justificaba el proceso comenzado contra él con este argumento: era necesario dar una satisfacción a los serbios que habían sido perseguidos por el régimen de los Ustacha y a los partisanos croatas combatidos por el mismo régimen. No habiendo podido echar mano a Pavelic, se decidió coger como chivo expiatorio a Stepinac, como la más alta autoridad moral del pueblo croata.

Al mismo tiempo se quería decapitar a la Iglesia católica encarcelando a su guía autorizado. El mismo procurador general, Jakov Blazevic, que condujo la acusación contra Stepinac, en el curso de diversas entrevistas ha contado que el proceso había sido planeado en Belgrado hasta en los más mínimos detalles y, cada tarde, él hablaba directamente con Tito y recibía sus instrucciones. Toda la izquierda europea estaba extasiada por la Yugoslavia de Tito como modelo de socialismo autogestionado y de rostro humano. Encontraban una opción contra el monstruoso comunismo de Stalin y Brézhnev."

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