Viernes, 03 de julio de 2020

Religión en Libertad

Silencioso Amor de tu Salvador

Gabriela Bossis

1389. 7 de septiembre. Hora Santa.

Si hay algún lugar sobre la Tierra en el cual te sientas como en tu casa, que ese lugar sea la iglesia, que es Mi Casa. En ella encuentras a tu Esposo, a tu gran Amigo, a Quien te acercas en tu tierno abrazo.

Yo no podría, sin riesgo de escándalo, expresarte con palabras de la Tierra hasta dónde llega Mi Deseo de abrazar tu alma. Mi Amor excede infinitamente el amor humano y necesita palabras de extraordinaria fuerza y dulzura, expresiones de una unción desconocida.

Cuando estás en la iglesia -nuestra Casa- piensa en este silencioso Amor de tu Salvador y no temas expresar tu amor, incluso con la ingenuidad de los grandes anhelos quejumbrosos.

Gime de no amarme más, de no comprenderme mejor, de reconocer que no sabes nada de Dios. Gime de no esperar mejor, de no creer con más profundidad. Gime, incluso, de no ser capaz de gemir todavía más. Y Yo, que miro en lo hondo de tu alma, supliré ante la Mirada del Padre todo lo que te falte. Y además, cuando te encuentras en 'nuestra Casa, la iglesia', el Padre es tanto más tierno, por la hostia que está en ella.

Dile al Padre que tú también quieres ser hostia para la salvación del mundo, a imitación de tu
gran Amigo, a fin de que El nos mire a los dos con la misma Mirada. Y Yo te envolveré.

 Gabriela Bossis (1874-1950) fue la menor de cuatro hijos en una familia católica francesa que la educó cristianamente. Se diplomó en enfermería y sirvió como tal en las misiones de Camerún, por lo que fue condecorada. Fue una persona abierta y comunicativa muy entregada a Cristo, pero que no sintió la vocación religiosa. En 1923 escribió su primera comedia, alcanzó celebridad por obras entretenidas y edificantes que se estrenaron en  numerosos países, incluso interpretando ella algún papel. En 1936 comenzó a transcribir sus diálogos con el Señor, una experiencia mística que vivió durante años. Fue dirigida espiritualmente por varios sacerdotes, que dieron luego testimonio de su paz interior. En uno de sus cuadernos escribe las siguientes palabras que escuchó de Cristo: "Tú has estado siempre bajo mi dirección". Todos esos escritos se agruparon en volúmenes agrupados bajo el título Él y yo. Murió después de experimentar durante varios meses dolencias respiratorias y pérdida de visión, que sobrellevó con el mismo espíritu de conformidad con la voluntad de Dios que guió toda su vida.

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