Jueves, 17 de octubre de 2019

Religión en Libertad

Munilla da las gracias al colegio Juan Pablo II por su valentía y anima a ser santos y felices

ReL

El obispo Munilla en el colegio Juan Pablo II de Alcorcón, al que agradeció su valentía frente a las amenazas de multas LGTB
El obispo Munilla en el colegio Juan Pablo II de Alcorcón, al que agradeció su valentía frente a las amenazas de multas LGTB

El salón de actos del colegio católico Juan Pablo II, en Alcorcón (Madrid), se llenó con unas 600 personas que querían escuchar al obispo de San Sebastián, José Ignacio Munilla, hablar del Sagrado Corazón de Jesús y del poder de Cristo para sanar a personas heridas y a una sociedad quebrantada. El lema del centenario de la consagración de España al Sagrado Corazón, “Sus heridas nos han curado”, en su opinión, conecta plenamente con los hechos de nuestra época.

El obispo aprovechó para felicitar al colegio y a la Fundación Educatio Servanda por haberse plantado ante las amenazas de multas y presiones de ideología LGTB de la Administración autonómica de la ex-presidenta regional Cristina Cifuentes, del PP, que la Justicia ha descartado recientemente, dando la razón al colegio católico. “Habéis dado la cara en nombre de todas las familias de España. Os damos las gracias de todo corazón", dijo el obispo.

Ideologizar las heridas

El problema de nuestro tiempo, afirmó el popular obispo, no es tener heridas, sino ideologizar las heridas y hacer de ellas un derecho. Un ejemplo sería el aborto.

Para Munilla, solo desde el Corazón de Cristo podemos ofrecer una educación integral. Jesucristo penetra en todos los ámbitos de la educación. Su presencia empapa la esencia del proyecto educativo de tal manera que, aun cuando suprimiesen la asignatura de religión, la esencia de dicho proyecto no se vería alterada.

Solo el Corazón de Dios nos llenará

“La gran batalla es la batalla de la concepción del hombre”, afirmó. El hombre postmoderno hoy niega la vocación por la que fue creado; niega que es creatura, alma y cuerpo, y niega su vocación de trascendencia hacia lo infinito. Su corazón fue creado por Dios, de tal manera que solo el encuentro con Él puede saciarlo. El ser humano está herido y es llamado a la sanación.

Frente a los planteamientos pesimistas de la Ilustración, que menospreciaron la naturaleza del hombre, Munilla reinvindicó la antropología cristiana. Una antropología que es optimista “porque piensa que al hombre le corresponde la virtud”; y que además, en su optimismo, se muestra realista, toda vez que es consciente de que el hombre, “siendo infinito en sus deseos, es limitado en sus capacidades”.

No es verdad- señaló- que querer es poder. De ahí que Cristo nos ofrezca su gracia, y de ahí también que convirtamos el optimismo en esperanza. Y es que solo se puede ser feliz siendo santo. La felicidad y la santidad van de la mano. Hemos de tener fe en nuestro proyecto de santidad porque Dios lo va a realizar.

Educar es suscitar la atracción por el bien

El Corazón de Cristo es una fuente que se derrama a raudales sobre nosotros. Hasta que no descubramos que el bien es bueno, verdadero pero atractivo –prosiguió D. Ignacio- aquel no estará bien consolidado. Y aquí es donde entra la educación, consistente en suscitar en nosotros la atracción por el bien. La razón es que tenemos el corazón deformado: “nos gusta lo que no nos conviene y lo que nos conviene no nos gusta”. Por eso en nuestra vida tiene que ser más determinante la atracción hacia el bien que el rechazo del mal.

Educar es poner los medios para que la gracia de Cristo resulte atractiva; la educación en Jesucristo es aquella que confía en la gracia que nos va transformando poco a poco; es llevar al Corazón de Cristo para que Él mueva nuestra voluntad.

El Estado ni da vida ni sabe educar

Así las cosas, ¿quién puede educar? – se preguntaba Munilla. Y su respuesta fue nítida. Si educar es dar vida, no puede ser el Estado quien eduque, ya que “el Estado no es fuente de vida”. Éste puede contribuir de forma subsidiaria, pero a quienes corresponde el papel de educar es a la familia y a la Iglesia, depositaria de la revelación de Cristo, que vino en socorro del hombre.

Habida cuenta que la gran tarea educativa ha de consistir en mostrar al Corazón de Cristo, a juicio de Munilla, es obvio que familia, Iglesia y escuela estamos llamadas a ir de la mano tendiendo al Corazón de Cristo, que es el centro del proyecto educativo, que brota como fuente de agua viva. “El amor de Dios es tan grande que ha querido sanar las heridas desde lo alto”.

El obispo de San Sebastián concluyó su intervención invitando a las familias a entronizar al Corazón de Jesús; “significaría que tenemos fe en que sus heridas nos han curado”.

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