Martes, 19 de noviembre de 2019

Religión en Libertad

Los Reyes Magos se van imponiendo en las cabalgatas sobre la manipulación política e ideológica

ReL

Baltasar, siempre el más querido, llega a la madrileña plaza de Cibeles.
Baltasar, siempre el más querido, llega a la madrileña plaza de Cibeles.
El 6 de enero de 2016, las autoridades surgidas de las elecciones municipales del año anterior, con la conquista por la extrema izquierda de las principales alcaldías españolas (sin haber ganado en votos en ninguna de ellas), intentaron desnaturalizar las cabalgatas de Reyes Magos, eludiendo toda referencia cristiana e incluso ataviando a los tres sabios, como sucedió en Madrid, de forma tan inapropiada que causó irrisión e indignación, a partes iguales, incluso fuera de España.

Este año, aunque sin suntuosidad alguna -como queriendo desmentir su condición real-, los Reyes que desfilaron por Madrid vestían de una manera más acorde con la tradición. La alcaldesa comunista Manuela Carmena había reconocido su error, pero persistió en el principal: eliminar toda referencia cristiana. La cabalga se anunció como "una oda a la curiosidad y al afán de conocimiento" ("una cursilada", en palabras de Esperanza Aguirre, ganadora de las elecciones y cabeza de la oposición en el Ayuntamiento) y no tenía más vinculación con los hechos conmemorados que la propia presencia de Melchor, Gaspar y Baltasar, y la estrella que les guió hasta el portal. Salvo por ese detalle, podría haber sido un desfile de carnaval.

Las cosas se presentaban peor en la localidad catalana de Vich, donde los grupos separatistas habían repartido cientos de farolillos con la bandera estelada (independentista), para convertir su transmisión por el canal autonómico TV3 en un acto político. El fracaso fue notable, porque sólo una minoría siguió la consigna de manipular la ilusión infantil con objetivos políticos.


Siete adultos y un niño: quedó claro el intento de manipulación política de la ilusión infantil, pero fracasó. La mayor parte de los padres de Vich prefirieron que sus hijos disfrutaran con naturalidad de la cabalgata.

Dentro de ese intento de los ayuntamientos de extrema izquierda por introducir en la cabalgata elementos ajenos a la Navidad destacó una de las carrozas de Barcelona, un municipio que bajo el gobierno de Ada Colau ha hecho bandera del feminismo y del animalismo, prohibiendo las corridas de toros y boicoteando la presencia en la ciudad de los circos con fieras: un domador-hombre sometía mediante un látigo a una leona-mujer.



En la cabalgata de Valencia también hubo elementos profanos en la enorme procesión de treinta carrozas, donde estuvieron representados celebridades de la ciudad como la gran coplista Concha Piquer (19061990) o el novelista anticlerical Vicente Blasco Ibáñez (18671928). Pero al menos, junto a la obvia presencia de Sus Majestades, una de las carrozas representaba también el misterio del Nacimiento.

Aunque persiste, pues, en las alcaldías controladas por Podemos el intento de descristianizar una fiesta que conmemora nada menos que la Epifanía de Cristo, la realidad social se impone: quienes triunfan en las cabalgatas son los pajes, los caramelos y Melchor, Gaspar y (siempre el más querido) Baltasar.
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