Domingo, 24 de marzo de 2019

Religión en Libertad

Salva, 3 décadas como páter de la Vuelta a España: «Cualquier momento es una oportunidad para la fe»

ReL

Este sacerdote lleva ya tres décadas acompañando al pelotón de la Vuelta a España
Este sacerdote lleva ya tres décadas acompañando al pelotón de la Vuelta a España

Entre los más de 170 ciclistas y las decenas de técnicos, mecánicos, fisioterapeutas o periodistas que acompañan a La Vuelta a España que se está celebrando en estos momentos aparece también la presencia de Salvador García San Emeterio, más conocido en el pelotón como ‘Páter’. 

Este sacerdote cántabro de 66 años lleva ya tres décadas acompañando y ofreciendo asistencia religiosa a los integrantes de la que es una de las tres grandes vueltas del ciclismo mundial. En todos estos años ha sido testigo de conversiones, y también ha tenido la posibilidad de casar a bastantes ciclistas e incluso bautizar a sus hijos.

En una entrevista que recupera Iglesia en Aragón, publicación de las diócesis aragonesas, este sacerdote explica cuál es su labor en la Vuelta a España, así como algunas de las anécdotas que ha vivido en estos años:

- Un maestro que deja todo y se hace cura. ¿Le suena de algo?

- (Risas) Siempre he estado en grupos cercanos a la Iglesia, sobre todo, en Acción Católica. Desde adolescente, me planteé las grandes preguntas de la vida y, poco a poco, fui descubriendo mi vocación. Soy de Santander, donde estudié Magisterio, aunque luego continué mi formación en la Universidad de Deusto y quedé unido a Bilbao. La docencia me apasiona y he tenido la oportunidad de ejercerla como sacerdote: ese pedagogo que acompaña a cada persona para que vaya encontrando el sentido de su propia existencia.

- ¿Por qué el ciclismo?

- Desde pequeño, porque de chico todos hemos tenido una bicicleta. Pero cuando me ordenaron sacerdote en 1984, con 32 años, me destinaron a Ermua y Mallabia. Allí conocí a los miembros del equipo ciclista Orbea, donde corrían Perico Delgado y Pedro Ruíz Cabestany, o Marino Lejarreta, ya en Caja Rural. Yo vivía al lado de ellos y nos hicimos amigos.

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Salvador, a la derecha, junto a Fernando Escartín, exciclista y director técnico de La Vuelta

- ¿Qué le atrae de este deporte?

- Es una fuente de saber y de conocimiento. El andar en bicicleta tiene una virtualidad que sirve luego para la vida diaria y para la tarea pastoral. El sufrimiento, el sentido agonístico, ese ser capaz de descubrir que puedes subir un puerto detrás de otro, lo que te propongas. Así, al abordar las dificultades de la vida, tienes una capacidad de superación que te permite enfrentarte a los problemas con serenidad, esperanza y sacrificio. Es una escuela que forja una voluntad de hierro.

- ¿Cómo ejerce su ministerio en este mundillo?

- En el mundo del ciclismo hay gente creyente y muy creyente, pero la dinámica de las carreras es difícil, entre desayunos, masajes, salidas… Como nos costaba encontrar iglesias que se adaptaran a nuestros horarios, empezamos a celebrar misa el domingo en una carpa junto a la zona de salida. Hoy seguimos celebrando el Día del Señor en un salón del hotel de turno, con cariño, fe y fidelidad.

-¿No extraña la presencia de un sacerdote?

- Al final, ha resultado simpático, porque la gente ve en el cura una persona normal. De ahí me digan con cariño el “páter” y cosas así. Entre tanta broma, he tenido conversaciones muy serias, he escuchado relatos de vida y he acompañado a la carrera en momentos difíciles, como son las caídas o una muerte inesperada.

- Acumula cientos de días en carrera. ¿Ha llegado a aburrirse?

Qué va (risas). Durante todo este tiempo, no solo he celebrado misas. También he ayudado a montar estands y he sido chófer de médicos, jueces… ¿Tú sabes lo que dan cinco horas de carrera en un mismo coche? Esto ha hecho que se hayan forjado lazos de amistad con muchas personas. Las conversaciones surgen espontáneamente, sin forzar, a veces hablando de cosas intrascendentes. De esta manera tan sencilla, he acabado casando a algunos corredores y bautizando a sus hijos.

-¿Qué legado le gustaría dejar?

Me gustaría que se viera que es posible vivir la fe con normalidad, desde lo cotidiano. Los cristianos no somos bichos raros. Cualquier momento es una oportunidad para la fe y para abrirnos radicalmente a los que están junto a nosotros, con la misión de poner ternura, cariño y esperanza allá donde estemos.

-También en la enfermedad…

Hace seis años, me detectaron un cáncer de páncreas, sin expectativas. Ahora estoy bien y disfruto de la vida como un milagro. Haber experimentado la debilidad, porque somos caducos, te hace mirar el mundo con otros ojos. Se aprecia mucho todo, quieres más a las personas y descubres que no merece la pena discutir por tanta ñoñería e idiotez como discutimos los seres humanos. Desde la sencillez, se puede vivir la vida con toda intensidad.

- ¿Cómo influye en ello la fe?

Él es el Dios que nos salva, la luz que nos ilumina, la mano que nos sostiene y el pecho que nos cobija. Desde ahí somos capaces de esperar, en ocasiones contra toda esperanza, pero aceptando la fe desde la libertad. Cada uno tenemos que descubrir el camino que nos abre a la trascendencia, para abrirnos a los demás y agradecer a ese Padre que nos regala todo lo que somos y tenemos.

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