Este website utiliza cookies propias y de terceros. Si continúa navegando, consideramos que acepta su uso. Política de cookies.
Los blogs de Religión en Libertad
                    Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Accede a nuestros RSS
Inicio / Blog
Ejercitar el espíritu: La grandeza de la oración

Ejercitar el espíritu: La grandeza de la oración

Juan García Inza

6 abril 2011

 En unos ejercicios espirituales, y en toda vida cristiana, la oración debe ocupar un lugar privilegiado. Si la oración es el trato amistoso, filial, amable con el Señor, debemos cuidarla como un tesoro. Pero hay que saber hacer oración, para que no se convierta en “rezar” o en una “estar” sin más, pero con el corazón frío y alejado del Amor.

         Santa Teresa es maestra de oración. Acudimos a ella para que nos oriente en maravillosa tarea de tratar con Aquel que sabemos que nos ama.

 

El camino de la oración, según Santa Teresa de Jesús

 

1. La oración: camino de amistad con Dios


Han habido variadas definiciones de Oración a lo largo de la historia. Santa Teresa de Jesús nos dejó una: "No es otra cosa oración mental, sino tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama".

La Oración, entonces, es tratar como un Amigo a Aquél que nos ama. Y "tratar de amistad" y "tratar a solas" implica buscar estar a solas con Aquél que "sabemos nos ama".

Y a Dios le agrada estar con el hombre -como el amigo se goza en el amigo y un padre con su hijo. Dios siempre se agrada cuando el orante decide "estar a solas con El", orando, tratando con el Amigo.

La Oración, como la amistad, es un camino que comienza un día y va en progreso. El orante comienza a tratar al Amigo que le ha amado desde toda la eternidad, y así empieza a conocerle, a amarle, a entregarse a El, en una relación que sabe no finalizará, pues en la otra vida será un trato "cara a cara" y en felicidad infinita y perpetua.


2. La oración: camino de interiorización

"Tratar a solas" es indicativo de búsqueda de soledad y de silencio, para poder estar con el Amigo. "Acostumbrarse a la soledad es gran cosa para la oración", dice la Santa. Y a los principiantes dirá: "... han de menester irse acostumbrando a... estar en soledad". Y, apoyándose en el Evangelio nos recuerda: "Ya sabéis que enseña Su Majestad que sea a solas, que así lo hacía El siempre que oraba".

La soledad/silencio debe verse como tiempos en los que el alma, sola y a solas, se vuelve a su Dios. Así, la soledad/silencio no es ausencia, sino presencia del Amigo.

En la soledad/silencio podemos captar la voz de Dios y las inspiraciones de Su Santo Espíritu. Orar no es tanto hablar nosotros a Dios, sino guardar silencio ante El: abrirle la puerta para que El se comunique a nosotros desde nuestro interior.

La Oración nos exige momentos específicos en el día para estar a solas con El que sabemos nos ama. Y tan importante es esto, que Teresa de Jesús presenta la búsqueda de soledad como prueba de la autenticidad de la Oración, al decirnos que la Oración acrecienta el deseo de soledad: "Desea ratos de soledad para gozar más de aquel bien".

Al estar a solas y en silencio, la persona va interiorizándose, o sea, va uniéndose a Dios que está en su interior.

Santa Teresa describe ese camino de interiorización en su obra "Las Moradas" o "Castillo Interior", y en ella compara al alma con un castillo que tiene muchos aposentos o Moradas,
"y en el centro y mitad de todas éstas tiene la más principal, que es adonde pasan las cosas de mucho secreto entre Dios y el alma".

Las Moradas son siete, equivalentes a siete diferentes niveles de interiorización, desde donde nos relacionamos con Dios.

3. La oración: camino de purificación

Santa Teresa nos dice que "Dios no se da a Sí del todo, hasta que no nos damos del todo". Así que si queremos que el Señor se apodere de nosotros con la Oración de Quietud y de Unión, debemos darnos por entero a El.

Y en esta donación total, nuestro peor enemigo es nuestro "yo". Dice la Santa que "no hay peor ladrón" que "nosotros mismos". Se refiere a las tendencias egoístas que tenemos que combatir, pues impiden nuestra libertad espiritual. El amar la voluntad propia antes que la de Dios nos carga de "tierra y plomo".

No siempre se tratará del deseo de cosas ilícitas; puede tratarse de cosas buenas, pero que están conforme a nuestra voluntad, a nuestro criterio. Hay que mirar por encima de nuestros conceptos humanos, por buenos que puedan parecer, y atender a la Voluntad de Dios antes que a la nuestra, porque dice el Señor: "Mis planes no son vuestros planes, vuestros caminos no son Mis Caminos. Como el cielo es más alto que la tierra, Mis Caminos son más altos que los vuestros; Mis Planes que vuestros planes" (Is. 55, 8-9).

También nos recuerda Teresa de Jesús que el "Venga a nosotros Tu Reino" (donación de Dios al alma) va, en el Padre Nuestro, junto al "Hágase Tu Voluntad" (donación del alma a Dios). Y nuestra donación a Dios es siempre una donación dolorosa, pues en ella Dios va purificando a la persona de apegos y afectos desordenados. Esta purificación a veces hace llorar el alma y sangrar el corazón, pero termina por dejarnos completamente libres para Dios.

El sufrimiento no hay que rechazarlo, pues cuando esto hacemos la cruz se vuelve más pesada. Tampoco debe verse como un peso que hay que aceptar necesariamente. En el sufrimiento hemos de reconocer la cruz que Dios nos brinda para nuestra purificación y para nuestra unión con El.

Si el Señor nos envía algo de sufrir, según Santa Teresa, eso es prenda de Su predilección. Jesús pasó por ese camino, siendo "Su Hijo Amado" (Lc.4, 17). Por eso, cuando Dios trata a un alma como a Jesús, es precisamente porque mucho la ama.

¿Parece locura, quizá masoquismo? Pero San Pablo nos advierte: "A nivel humano uno no capta lo que es propio del Espíritu de Dios, le parece locura; no es capaz de percibirlo, porque sólo se puede juzgar con el criterio del Espíritu" (1ª Cor. 2, 12).

La actitud de Teresa de total entrega a la Voluntad de Dios, no importa lo que Dios pida, no importa lo que Dios mande, viene mejor expresada en este poema, del cual hemos extraído algunas estrofas:

Vuestra soy, para vos nací, ¿Qué mandáis hacer de mí? Dadme riqueza o pobreza, Dad consuelo o desconsuelo, Dadme alegría o tristeza, Dadme infierno o dadme cielo, Vida dulce, sol sin velo, Que a todo digo que sí. ¿Qué mandáis hacer de mí? Dadme, pues sabiduría, O por amor, ignorancia, Dadme años de abundancia o de hambre y carestía; Dad tiniebla o claro día; pues del todo me rendí. ¿Qué mandáis hacer de mí? Dadme Calvario o Tabor, Desierto o tierra abundosa, Sea Job en el dolor, O Juan que al pecho reposa; Sea la viña fructuosa O estéril, si cumple así. ¿Qué mandáis hacer de mí? Si queréis, dadme oración, Si no, dadme sequedad, Si abundancia y devoción, Y si no, esterilidad. Soberana Majestad, Sólo hallo paz aquí. ¿Qué mandáis hacer de mí? Vuestra soy, para vos nací, ¿Qué mandáis hacer de mí? 

4. La oración: camino de transformación

La Oración es transformante: si no cambia nuestra forma de ser, nuestro modo de vivir, nuestros valores, no está siendo provechosa, pues ORAR ES CAMBIAR DE VIDA.

El camino de Oración va siendo trazado por una secuencia de acciones que Dios va realizando en la persona que Lo busca sinceramente. La total entrega a Dios, la total identificación de la persona con Dios, no puede ser fruto sólo de nuestro esfuerzo personal, pues excede nuestra capacidad. Es fruto de la acción de Dios en el alma que se deja guiar por El, por el camino estrecho de la purificación interior, que lleva a la transformación de la persona en el modelo que es Cristo.

Sin embargo, Teresa de Jesús nos dice que es esencial la práctica de la virtud, pues es imposible ser contemplativo sin tener virtudes y que "es menester no sólo orar, porque si no procuráis virtudes, os quedaréis enanas".

Aunque Dios ha infundido en nosotros las virtudes en el Bautismo, sin mérito nuestro, no las hace crecer sin nuestra colaboración, siempre con la ayuda de Su Gracia.

Al practicar las virtudes, facilitamos la acción de Dios en nosotros y el alma se hace más apta para sentir y seguir las mociones del Espíritu Santo.

Tan importante es para Santa Teresa el crecimiento de las virtudes, que ha llegado a decir: "Yo no desearía otra oración, sino la que me hiciese crecer las virtudes". Y también: "Si (la oración) es con grandes tentaciones y sequedades y tribulaciones, y esto me dejase más humilde, esto tendría por buena oración".

La mejor oración, entonces, será la que más cambie nuestra vida, la que más nos lleva a imitar a Cristo, la que más no haga crecer en los "frutos del Espíritu", que refiere San Pablo en su carta a los Gálatas (5, 22).


5. La oración: camino de paz

Una persona totalmente entregada a la Voluntad de Dios, no puede sino vivir en paz, que es uno de los frutos del Espíritu.

No importa cuál sea la situación, propia o de nuestros hijos o familiares, si estamos entregados a Dios, si estamos en Sus Manos, estaremos en paz.

La paz no se prueba estando fuera de la tormenta. La paz es, ante todo, estar en serenidad en medio de la tormenta. Y la experiencia propia y/o de otros nos muestra que vendrán ratos de tormenta. Pero si tenemos confianza en el "Amigo que nunca falla", si nuestra voluntad es una con la Suya, ¿qué podemos temer?

"Señor: Tu nos darás la paz, porque todas nuestras empresas nos las realizas Tú" (Is.26, 12). San Pablo corrobora esto en su "Todo lo puedo en Aquél que me conforta" (Fil.4, 13). Y Santa Teresa sintetiza la Oración como Camino de Paz en su breve poema:

"Nada te turbe, Nada te espante, Todo se pasa, Dios no se muda, La paciencia Todo lo alcanza; Quien a Dios tiene Nada le falta: Sólo Dios basta". 


6. La oración: camino de servicio al prójimo

Las gracias místicas, aún las más elevadas, no son un regalo de Dios sólo para que el alma las disfrute, sino que son para fortalecerla, hacerla generosa y animarla a servir a los demás.

Para ayudar en el servicio al prójimo, en algún momento en la vida de oración, pueden comenzar a surgir en algunos orantes -como un auxilio especialísimo del Señor- los CARISMAS O DONES CARISMATICOS, llamados por los Místicos Gracias Extraordinarias, que son dados para utilidad de la comunidad, pues su manifestación está dirigida hacia la edificación de la fe y como auxilio a la evangelización y como un servicio a los demás, tal como lo indica San Pablo:

En cada uno el Espíritu revela su presencia con un don que es también un servicio. A uno se le da hablar con sabiduría, por obra del Espíritu. Otro comunica enseñanzas conformes con el mismo Espíritu. Otro recibe el don de la fe, en que actúa el Espíritu. Otro recibe el don de hacer curaciones, y es el mismo Espíritu. Otro hace milagros; otro es profeta; otro conoce lo que viene del bueno o del mal espíritu; otro habla en lenguas, y otro todavía interpreta lo que se dijo en lenguas. Y todo esto es obra del mismo y único Espíritu, el cual reparte a cada uno según quiere” (1ª Cor. 12, 7).

Los Carismas son, pues, dones espirituales, gratuitamente derramados, que no dependen del mérito ni de la santidad personal, ni tampoco son necesarios para llegar a la santidad. Sin embargo, el ejercicio abnegado de ellos de hecho produce progreso en la vida espiritual por ser actos de servicio al prójimo.

En cuanto a los Carismas o Gracias Extraordinarias, hay que tener muy presente otro consejo de San Pablo:

“No apaguen el Espíritu, no desprecien lo que dicen los profetas. Examínenlo todo y quédense con lo bueno” (1a. Tes. 5, 19-21).

Y es así que mientras más se adelanta en la Oración, más debe acudirse a las necesidades del prójimo. La Oración que adormece, que ensimisma, no es genuina, pues la verdadera oración genera servicio a los hermanos. Para saber qué clase de oración se tiene, debemos medir cómo es nuestro compromiso con los demás, antes que apreciar cómo pasamos los ratos de oración.

La vida de oración debe ser un balance entre María y Marta, las hermanas de Lázaro (cfr. Lc. 10, 38-41), entre la vida contemplativa y la activa. A las almas de oración sin obras reprende la Santa, sin dejar a un lado su humor característico:
"Cuando yo veo almas muy diligentes en entender la oración que tienen y muy encapotadas cuando están en ella,... porque no se les vaya un poquito el gusto y devoción que han tenido, háceme ver cuán poco entienden del camino por donde se alcanza la unión, y piensan que allí está todo el negocio. Que no, hermanas, no; obras quiere el Señor, y si ves una enferma a quien puedes dar algún alivio ... te compadezcas de ella ... no tanto por ella, como porque sabes que Tu Señor quiere aquello".

Pero nuestra acción apostólica debe estar enraizada en Cristo, pues el apostolado no es labor humana, sino divina, a la cual prestamos nuestra colaboración, sólo como humildes instrumentos. Por ello el orante/apóstol debe sentir con Dios, debe poner su corazón en contacto con el de Dios, para que una vez lleno con el Amor de Dios por los hombres, se derrame en sus hermanos. Así, será el Amor de Dios y no el propio, imperfecto, el que continúe ayudando, sirviendo, actuando en el mundo. De allí que nuestro compromiso con los demás deba ser pasado por la oración, que si es genuina, es sitio desde donde se ven verdades, para evitar estar revelándonos a nosotros mismos, en vez de revelar a Aquél que es Todo Amor.

La Oración, así entendida, es presencia en los hombres y en la historia, desde Dios.

(fuente: www.homilia.org)

         El Señor nos invita constantemente a la oración. Todo nuestro día puede ser oración si vivimos la presencia de Dios. Pero es imprescindible dedicar un tiempo en exclusiva para Dios. La oración es el tiempo de Dios. El nos espera, y no podemos dejarle “plantado”. Marta se afanaba por muchas cosas, pero se olvidaba de lo principal. María, su hermana, escogió la mejor parte: Atender a Dios escuchando Su Palabra. Un buen ejemplo para la Cuaresma y para siempre.

Hace un tiempo le hice una entrevista a una monja trapense que escogió una vida de oración en la soledad de un ermitorio cerca de mi parroquia. Lo ofrezco aquí para ilustrar lo que es la oración: 

www.youtube.com/watch

Juan García Inza

[email protected]

 

 

Si crees que la lectura de Religión en Libertad te ayuda… ayúdanos a seguir ayudándote
Volver arriba
Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter
¡No te pierdas las mejores historias de hoy!
Suscríbete GRATIS a nuestra newsletter diaria
COMENTARIOS
¿Quieres comentar?
Desplegar el formulario
Comentario (máx. 500 caracteres - no utilizar etiquetas HTML)

Título (obligatorio)


E-mail (obligatorio)


Clave (obligatorio)
Para mandar comentarios, es necesario estar registrado. Para registrarse pulse aquí
Si ha olvidado su clave, pulse aquí
  
  NOTA: Los comentarios son revisados por la redacción a diario, entre las 9:00 y las 21:00. Los que se remitan fuera de este horario, serán aprobados al día siguiente.
REGISTRO PARA COMENTARIOS
Para comentar las noticias y artículos de Religión en Libertad es preciso registrarse. Para ello sólo es necesario dar un nombre o apodo ("nick"), una dirección real de correo electrónico y una clave. El usuario recibirá en su cuenta de correo electrónico una petición de confirmación. Una vez confirmado el registro, ya podrá introducir los comentarios que desee, sin más que teclear su clave. El nombre o "nick" se mostrará, no así la dirección de correo electrónico.

Religión en Libertad eliminará del registro a todos los usuarios que reiteradamente introduzcan comentarios inapropiados u ofensivos, que en cualquier caso serán eliminados.

CLÁUSULA DE EXENCIÓN DE RESPONSABILIDAD
Todos los comentarios publicados pueden ser revisados por el equipo de redacción de religionenlibertad.com y podrán ser modificados, entre otros, errores gramaticales y ortográficos. Todos los comentarios inapropiados, obscenos o insultantes serán eliminados.
Religionenlibertad.com declina toda responsabilidad respecto a los comentarios publicados.
RSS   Añádenos a igoogle  Añádenos a Yahoo  Añádenos a Windows Live  Añádenos a Netvibes  Añádenos a Wikio  Añádenos a Bloglines
Juan García Inza
Juan García Inza quiere «colaborar en la formación doctrinal y espiritual del lector que, desde el humanismo cristiano, quiere contribuir a la aportación de un alma para nuestro mundo». Y así se titula su blog «Un alma para el mundo». Fue ordenado sacerdote en 1965 y ha publicado una quincena de títulos. Es doctor en Derecho canónico y ha ejercido como consiliario del Movimiento de Cursillos de Cristiandad y de la Renovación Carismática. Es asesor espiritual de la Asociación María Reina de la Paz de Medjugorje.

Juan García Inza, es autor, editor y responsable del Blog Un alma para el mundo, alojado en el espacio web de www.religionenlibertad.com
ARCHIVO
FEBRERO 2018

Hambre de Dios. La peor de las pobrezas

En peregrinación hacia La Casa

Una Cuaresma para disfrutar de Dios

Los 7 enemigos del hogar
ENERO 2018

¿Hacia donde va la familia?

Un ideal para vivir

El arte de la fragilidad

El tiempo es de Dios

El cuarto Rey Mago

Ver posts de otros meses

DICIEMBRE 2017 (4 artículos)

NOVIEMBRE 2017 (7 artículos)

OCTUBRE 2017 (7 artículos)

SEPTIEMBRE 2017 (5 artículos)

AGOSTO 2017 (9 artículos)

JULIO 2017 (6 artículos)

JUNIO 2017 (4 artículos)

MAYO 2017 (6 artículos)

ABRIL 2017 (5 artículos)

MARZO 2017 (8 artículos)

FEBRERO 2017 (6 artículos)

ENERO 2017 (7 artículos)

DICIEMBRE 2016 (8 artículos)

NOVIEMBRE 2016 (7 artículos)

OCTUBRE 2016 (6 artículos)

SEPTIEMBRE 2016 (6 artículos)

AGOSTO 2016 (7 artículos)

JULIO 2016 (6 artículos)

JUNIO 2016 (5 artículos)

MAYO 2016 (5 artículos)

ABRIL 2016 (5 artículos)

MARZO 2016 (7 artículos)

FEBRERO 2016 (7 artículos)

ENERO 2016 (7 artículos)

DICIEMBRE 2015 (9 artículos)

NOVIEMBRE 2015 (10 artículos)

OCTUBRE 2015 (8 artículos)

SEPTIEMBRE 2015 (9 artículos)

AGOSTO 2015 (10 artículos)

JULIO 2015 (11 artículos)

JUNIO 2015 (12 artículos)

MAYO 2015 (16 artículos)

ABRIL 2015 (14 artículos)

MARZO 2015 (12 artículos)

FEBRERO 2015 (13 artículos)

ENERO 2015 (14 artículos)

DICIEMBRE 2014 (18 artículos)

NOVIEMBRE 2014 (13 artículos)

OCTUBRE 2014 (13 artículos)

SEPTIEMBRE 2014 (14 artículos)

AGOSTO 2014 (16 artículos)

JULIO 2014 (11 artículos)

JUNIO 2014 (16 artículos)

MAYO 2014 (24 artículos)

ABRIL 2014 (25 artículos)

MARZO 2014 (24 artículos)

FEBRERO 2014 (11 artículos)

ENERO 2014 (13 artículos)

DICIEMBRE 2013 (17 artículos)

NOVIEMBRE 2013 (13 artículos)

OCTUBRE 2013 (15 artículos)

SEPTIEMBRE 2013 (10 artículos)

AGOSTO 2013 (14 artículos)

JULIO 2013 (15 artículos)

JUNIO 2013 (14 artículos)

MAYO 2013 (15 artículos)

ABRIL 2013 (15 artículos)

MARZO 2013 (20 artículos)

FEBRERO 2013 (17 artículos)

ENERO 2013 (17 artículos)

DICIEMBRE 2012 (22 artículos)

NOVIEMBRE 2012 (20 artículos)

OCTUBRE 2012 (19 artículos)

SEPTIEMBRE 2012 (17 artículos)

AGOSTO 2012 (20 artículos)

JULIO 2012 (13 artículos)

JUNIO 2012 (17 artículos)

MAYO 2012 (21 artículos)

ABRIL 2012 (24 artículos)

MARZO 2012 (24 artículos)

FEBRERO 2012 (18 artículos)

ENERO 2012 (17 artículos)

DICIEMBRE 2011 (17 artículos)

NOVIEMBRE 2011 (14 artículos)

OCTUBRE 2011 (16 artículos)

SEPTIEMBRE 2011 (14 artículos)

AGOSTO 2011 (16 artículos)

JULIO 2011 (15 artículos)

JUNIO 2011 (18 artículos)

MAYO 2011 (24 artículos)

ABRIL 2011 (22 artículos)

MARZO 2011 (15 artículos)

FEBRERO 2011 (17 artículos)

ENERO 2011 (19 artículos)

DICIEMBRE 2010 (20 artículos)

NOVIEMBRE 2010 (20 artículos)

OCTUBRE 2010 (16 artículos)

SEPTIEMBRE 2010 (13 artículos)

AGOSTO 2010 (11 artículos)

JULIO 2010 (14 artículos)

JUNIO 2010 (17 artículos)

MAYO 2010 (23 artículos)

ABRIL 2010 (20 artículos)

MARZO 2010 (19 artículos)

FEBRERO 2010 (15 artículos)

ENERO 2010 (13 artículos)

DICIEMBRE 2009 (21 artículos)

NOVIEMBRE 2009 (17 artículos)

OCTUBRE 2009 (21 artículos)

SEPTIEMBRE 2009 (14 artículos)

AGOSTO 2009 (12 artículos)

JULIO 2009 (21 artículos)

JUNIO 2009 (17 artículos)

PortadaVaticanoEspañaAmérica LatinaVida y familia Historias de conversiónHistorias de evangelizaciónOpiniónBlogsVídeosHEMEROTECA
Sobre Nosotros Servicios Legal Síguenos en Facebook
Síguenos en Twitter
Accede a nuestros RSS
Accede a nuestros RSS