Jueves, 01 de octubre de 2020

Religión en Libertad

Dafne Gutiérrez se confesó, comulgó... y dos días después veía

Los médicos, desconcertados ante la milagrosa curación de una ciega por las reliquias de San Charbel

La parroquia católica maronita de San José, en Phoenix, Arizona, sale en procesión con la imagen de San Charbel
La parroquia católica maronita de San José, en Phoenix, Arizona, sale en procesión con la imagen de San Charbel

ReL

Dafne Gutiérrez, una madre de familia hispana residente en Phoenix, Arizona, llevaba completamente ciega desde noviembre de 2015, debido a la malformación llamada "de Arnold Chiari", que ya se le diagnosticó de adolescente.

Acudió en enero de 2016 a una oración ante las reliquias de San Charbel del Líbano, se confesó, comulgó, un sacerdote oró por ella... y dos días después se despertó con picor en los ojos, presión en la cabeza, una fuerte picazón en los ojos... y dijo asombrada a su marido: “¡Puedo verte, puedo verte!”.

Una enfermedad que empeoró con los años
A Dafne Gutiérrez se le diagnosticó cuando tenía 13 años que sufría la malformación de Arnold Chiari, lo que le ha llevado con los años a un edema papilar al final del nervio óptico. Una intervención quirúrgica para corregir la malformación se reveló inútil.


Dafne Gutiérrez quedó ciega en noviembre de 2015, pero ahora puede ver; lo atribuye a San Charbel del Líbano

En otoño de 2014 perdió el uso del ojo izquierdo,que se había ido debilitando desde el año anterior. En noviembre de 2015 el ojo derecho dejó de ver, dejándola completamente ciega, ya no podía ver ni un rayo de luz, ni siquiera si lo miraba fijamente. 

Un diagnóstico médico afirmaba que, a sus 30 años, su ceguera era irreversible y que necesitaba ya asistencia permanente. La mujer, casada y madre de tres hijos, estaba pensando incluso en retirarse a un instituto para ciegos, para no ser una carga para su familia. 

Las reliquias en peregrinación
Entonces se enteró de que la reliquia de un santo con fama de milagroso, San Charbel del Líbano, que vivió entre 1828 y 1898, visitaría la parroquia católica de rito maronita de Phoenix, Arizona. 

(Lea aquí en ReL la historia de otro milagro reciente atribuido a San Charbel)

Esta parroquia, dedicada a San José, celebra misas en tres lenguas: árabe, español e inglés, y es una de las 36 parroquias maronitas de Estados Unidos, donde abundan los católicos libaneses. Por estas parroquias llevan desde 2015 unas reliquias del santo: un fragmento óseo contenido en una ampolla de madera de cedro. 



El párroco de san José, Wissan Akiki, difundió la noticia de la visita repartiendo folletos y volantes: la reliquia estaría sólo tres días en el lugar, y acudiría para la ocasión el obispo maronita de Los Ángeles, Elías Abdallah Zeidane. Dafne se enteró y acudió animada por los vecinos y feligreses. 

Confesión, oración, intercesión y comunión
“Vino ese sábado y se confesó conmigo, le dije que hiciera oración y tuviera fe, luego le hice la señal de la cruz en la frente y los ojos y luego el santo Charbel hizo el milagro, para beneficio de sus tres hijos”, ha declarado el párroco, de origen libanés en un periódico local. En otro medio de comunicación detalla: “Puse mi mano sobre su cabeza y luego sobre sus ojos y pedí a Dios que la curase a través de la intercesión de san Charbel”.

Eso fue el sábado 16. El domingo 17 de enero acudió a la misma iglesia y participó en la misa. “Tomé eucaristía y no volví a sentir mi cuerpo igual. No veía, pero sentía el cuerpo diferente. Me dije: ¿qué me está pasando y qué siento?” detalla Dafne. Después volvió a casa. 

La madrugada del lunes: milagro
El lunes a las cinco de la mañana Dafne se despertó con una fuerte picazón en los ojos y una sensación de una fuerte presión en la cabeza y en las órbitas oculares. Despertó a su marido, aún con la sala a oscuras. "Le dije a mi esposo, me duelen mis ojos. Me tiemblan, me duelen. Él me dice que me sale un olor a carne quemada”, cuenta Dafne en televisiones locales sin poder contener el llanto. El marido encendió entonces la luz de una lámpara de la mesita de luz... y su esposa le dijo, emocionada, que podía verlo con ambos ojos. 

Dafné sentía una fuerte presión en la cabeza y en los ojos, como si se estuviese recuperando de una operación. “No podía creerlo, no quería cerrar más los ojos”, cuenta la mujer. “¡Mis hijos gritaban: mamá puede ver! ¡Dios curó a mamá!”.

Los médicos, desconcertados
Tres días después, un examen oftalmológico constata la curación. Hasta ahora, cinco médicos han examinado a Dafne, incluyendo un médico de origen libanés, el doctor Jimmy Saadé. No tienen explicación científica. Según su médico, en cuarenta años de ejercicio jamás había registrado ningún ejemplo de una curación de este tipo. Técnicamente "no es posible", dice. 

El bulbo ocular no presenta ninguna huella del edema. Por escrúpulo profesional se está realizando un dosier sanitario completo para analizar mejor el caso y documentar sólidamente el carácter inexplicable de una curación muy reciente. Tomado así, el problema es el de verificar si el prodigio comprende también la corrección de la malformación que estuvo en el origen de la ceguera, como sugiere la sensación de una presión sobre la cabeza de Dafne, “como si ella se estuviese recuperando de una intervención”.


Misa según el rito maronita en la parroquia de San José en Phoenix, Arizona

Difundido en las televisiones locales
Como Dafne contó su curación con detalles en las televisiones regionales americanas y mexicanas, especialmente en Univisión, miles de personas acudieron a la parroquia de San José, y el párroco decidió organizar cada mes, en el día 22, una oración de intercesión especial, como se hace en Annaya, Líbano, después de la milagrosa curación de Nouhad Chami, sucedida el 22 de enero de 1993.

Mientras tanto, el relicario de San Charbel pasó a Los Ángeles, y antes estuvo en Detroit. Su próximo destino es Miami. Muchos católicos, y ya no sólo de tradición árabe (maronitas, melquitas o caldeos) acuden a ella. 

El valor de la penitencia
San Charbel fue beatificado en 1965 por Pablo VI, y canonizado en 1977. Pablo VI dijo de él: "Un ermitaño de Monte Líbano está inscrito en el número de los bienaventurados. Puede que nos haga comprender, en un mundo en gran medida fascinado por la riqueza y la comodidad, el valor primordial de la pobreza, la penitencia y el ascetismo, para liberar el alma en su ascenso a Dios."

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