Este website utiliza cookies propias y de terceros. Si continúa navegando, consideramos que acepta su uso. Política de cookies.

Viernes, 20 de octubre de 2017

  Donar HEMEROTECA CONTACTO REGALA REL SUSCRÍBETE
Religión en Libertad
Inicio / Opinión

Declive de las órdenes religiosas. ¿El final de una gran historia?


Tras el Vaticano II, en cambio, la reescritura de las Reglas y Estatutos para endulzar la ascesis y la disciplina, el aburguesamiento de vidas que habían sido austeras, no atrajo novicios deseosos del Absoluto.



Vittorio Messori

3 septiembre 2011

Negocio redondo -en los últimos años, pero todavía más en los próximos- para los agentes inmobiliarios romanos que trabajan con “grandes edificios señoriales”. Tras el Concordato –y después, con ritmo acelerado, tras la segunda Guerra Mundial- congregaciones e institutos católicos del mundo entero construyeron en Roma sus Casas Generales. Algunos levantaron aquí también sus noviciados y seminarios. A menudo no se ha escatimado en gastos, sobre todo en la amplitud del terreno adquirido, convertido en parque para proteger la tranquilidad y privacidad de los religiosos. Los proyectistas eran casi siempre del país de origen del Instituto, haciendo así que Roma haya terminado por acoger toda una colección de arquitectura mundial (para bien y para mal), aunque casi siempre invisible tras grandes portales, muros y árboles.

Pues bien, no solo la secularización, sino también las perspectivas tras el Vaticano II, están llevando a cabo silenciosamente lo que hicieron con la violencia los franceses del joven Bonaparte, que ocuparon Roma y deportaron al Papa; o después los piamonteses, cuando lo obligaron a encarcelarse no en París, sino en el recinto vaticano. En ambos casos, entre los primeros movimientos de los invasores estuvo el deshaucio violento de frailes, monjes y monjas, y la venta de su gran patrimonio inmobiliario. Patrimonio que después fue restituido, e incluso multiplicado hasta que, alcanzada su cima, allá por mediados de los años sesenta, comenzó una caída imprevista. Mucho se ha hablado y se sigue hablando de la rareza de la vocación a la vida sacerdotal, pero pensando, sobre todo, en el clero secular, el de las diócesis, de las parroquias. Pero quizá se ha hablado menos, al menos en el mundo laico, del imparable descenso numérico de las innumerables congregaciones de religiosos, y de manera aún más acentuada, de religiosas.

Entre el siglo XIX y principios del XX surgieron centenares de familias de monjas de “vida activa” que han desarrollado valiosísimas obras sociales, a menudo con una dedicación admirable y acaso heroica. Pero ahora, esas labores las gestionan (a menudo con costes bastante mayores y bastante menor eficacia, pero esa es otra cuestión...) los entes públicos, o bien, todas esas necesidades han sido ya eliminadas con el cambio de los tiempos. La joven que hoy tenga –por ejemplo- vocación de servicio hacia los enfermos como enfermera, o hacia los niños como maestra, piensa en un contrato en un hospital o en un colegio estatal, y no, como antaño, en un noviciado de Hermanas. También las congregaciones masculinas han visto desaparecer los menesteres para los cuales habían sido fundados. Tanto entre los hombres como entre las mujeres ha actuado también el espíritu conciliar del redescubrimiento del “sacerdocio universal” con la consiguiente revalorización del laicado, y la conciencia de que para ser cristianos hasta el fondo, la vida religiosa no es el camino obligatorio. Ante este descenso, los superiores han reaccionado a menudo de manera contraria a lo que sugerían la experiencia y el sensus fidei: en las muchas crisis de su historia, la Iglesia ha afrontado siempre el desafío escogiendo el rigor, no aflojar las riendas. ¿No ocurrió así cuando la Reforma protestante vació la mitad de los conventos de Europa, o en el siglo XIX tras la tormenta revolucionaria?

Tras el Vaticano II, en cambio, la reescritura de las Reglas y Estatutos para endulzar la ascesis y la disciplina, el aburguesamiento de vidas que habían sido austeras, no atrajo novicios deseosos del Absoluto, como todos los jóvenes, ni compromiso con el espíritu de la época.

No fue casual que quienes se mantuvieran mejor fueran los monasterios de clausura que siguieron proponiendo una Regla exigente, como pide la Tradición. Después del éxodo impresionante del decenio 67-78, esos vacíos no han sido llenados de nuevo y (aunque de modo más o menos acentuado, según los Institutos) el descenso continúa y la edad media cada vez es más alta.

¿Llegarán, entonces, generosos y abundantes refuerzos desde Asia y África? Los Superiores Generales a los que interrogué cuando hice una extensa investigación entre las congregaciones, me confesaron que eso ha sido, al menos en parte, una gran ilusión. Demasiadas dudas sobre el origen de la “vocación” (un modo, como para nosotros hace tiempo, de huir de la miseria, de estudiar, de convertirse en alguien), culturas, temperamentos, historias demasiado diferentes como para dedicar la vida entera al carisma de un Fundador europeo a menudo de hace bastantes siglos.

En resumen, las estadísticas no tienen piedad y la realidad, demasiado a menudo, presenta casas de formación convertidas en casas de reposo, que absorben para esta labor muchas de las pocas energías que aún les quedan. No pasa un solo mes sin el que una escuela se cierre, sin que un convento histórico e ilustre no sea abandonado o una iglesia no se pase a la diócesis, aunque también esta atraviese por grandes dificultades de personal. Mientras, alguna Casa General de Roma se pone en venta, para retirarse a lugares menos vastos y más económicos.

¿Triste realidad para un creyente? Ciertamente es doloroso asistir al declive de las instituciones que un día fueron beneméritas y madres de tantos santos, y constatar el dolor de cristianos que han dado la vida a Familias que amaban, y que ahora, las ven extinguirse. Pero, desde la perspectiva de la fe, nada puede ser verdaderamente inquietante. La Providencia que guía la historia (y tanto más la Iglesia, cuerpo mismo de Cristo) sabe lo que hace: “Todo es Gracia”, como dijo en sus últimas palabras aquel cura rural de Bernanós. La Iglesia no es un fósil, sino un árbol vivo donde, siempre, algunas ramas se secan mientras otras brotan y se revigorizan. Quien conoce su historia sabe que, sobre el ejemplo de su Fundador, a la muerte le sigue la resurrección, a menudo de formas humanamente imprevistas. No debemos olvidar que en el primer milenio cristiano había solo sacerdotes seculares y monjes: todas las familias religiosas aparecieron sólo a partir del segundo milenio. Frailes y monjas no existieron durante muchos siglos, por tanto, aun dejando un recuerdo glorioso y nostálgico, podrían no existir en un futuro (es una hipótesis extrema) o, al menos, tener cada vez menos peso e influencia. Lo que es cierto es que, a cada generación, en muchos cristianos seguirá encendiéndose la necesidad de vivir el Evangelio sine glossa, en toda su radicalidad. ¿Qué nuevo rostro asumirá la vida consagrada por entero al perfeccionamiento personal y al servicio del prójimo? Quién sabe, el conocimiento del futuro no nos está permitido, es monopolio de Aquel que, a través de los pobres hombres, guía a una Iglesia que no es nuestra, sino suya.

Corriere della SeraTraducción del italiano de Mar Velasco.
ReL te regala todos los días un trozo de Cielo… pero necesitamos tu ayuda para seguir haciéndolo
Volver arriba
Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter
¡No te pierdas las mejores historias de hoy!
Suscríbete GRATIS a nuestra newsletter diaria
10 COMENTARIOS
¿Quieres comentar?
Desplegar el formulario
Comentario (máx. 500 caracteres - no utilizar etiquetas HTML)

Título (obligatorio)


E-mail (obligatorio)


Clave (obligatorio)
Para mandar comentarios, es necesario estar registrado. Para registrarse pulse aquí
Si ha olvidado su clave, pulse aquí
  
  REGISTRO PARA COMENTARIOS
Para comentar las noticias y artículos de Religión en Libertad es preciso registrarse. Para ello sólo es necesario dar un nombre o apodo ("nick"), una dirección real de correo electrónico y una clave. El usuario recibirá en su cuenta de correo electrónico una petición de confirmación. Una vez confirmado el registro, ya podrá introducir los comentarios que desee, sin más que teclear su clave. El nombre o "nick" se mostrará, no así la dirección de correo electrónico.

Religión en Libertad eliminará del registro a todos los usuarios que reiteradamente introduzcan comentarios inapropiados u ofensivos, que en cualquier caso serán eliminados.

CLÁUSULA DE EXENCIÓN DE RESPONSABILIDAD
Todos los comentarios publicados pueden ser revisados por el equipo de redacción de religionenlibertad.com y podrán ser modificados, entre otros, errores gramaticales y ortográficos. Todos los comentarios inapropiados, obscenos o insultantes serán eliminados.
Religionenlibertad.com declina toda responsabilidad respecto a los comentarios publicados.

Comentarios

Fernando P
23/02/2013
Causas.
La causa en general es que, después del Concilio, no se ha acentuado la ascesis, sino el aburguesamiento. Los Monasterios resisten mejor, pero también han descendido mucho. Hay pocos jóvenes dispuestos a decidirse por la vida religiosa, aunque algunos Institutos nuevos sí tienen vida y vocaciones.
Hay que volver a la ascesis al enamoramiento de Cristo.
Fernando P
23/02/2013
Juicio acertado.
Tiene mucha razón Messori: Es impresionante cómo en cuarenta años han disminuido las Órdenes religiosas, las Congregaciones de hombres y sobre todo las Congregaciones de mujeres. Hay muchas casas con muy poca vida, con una edad medía altísima, sin futuro. No hay semana que no se cierre alguna casa religiosa en el mundo.
fede
13/09/2011
no.
es un poco estupido: cuando las ordenes religiosas desaparezcan, desaparecerá el mundo y el hombre a los 2 segundos.
¡que tontería!!!
Felix
13/09/2011
Es una opinión y os datos le corresponden al autor.
Se trata de un punto de vista y es totalmente opinable. Pero Rojobilbao, el que tiene que dar datos es Messori que es quien escribe y con los datos se demuestra el rigor.
casuario
05/09/2011
Pedro (porque precede a Lino).
Lino, más que una crítica lo que hace usted es una fotografía. De sí mismo, desde luego.

Como decía Chesterton: ´´todas las cosas de las que los enemigos encuentran culpable de algo a la Iglesia se encuentran multiplicadas de una forma degradada en ellos´´.

Lo cual vale para usted con respecto a Messori.
El Memorioso
04/09/2011
Vittorio vigoriza la identidad católica..
De los comentarios que me preceden, adhiero a lo que dicen Charo y Lostrego, y no a los otros dos descalificantes.
A mi entender, Messori es un ´´prócer´´ del pensamiento y del periodismo católico, sus obras están a la vista, han hecho un bien inmenso. Vittorio se encuadra en la identidad católica, con toques geniales chestertonianos en cuanto a la mano tendida al adversario, y cuando uno lo lee tiene la impresión de que pronuncia un sí inmenso a Dios y al hombre, con alegría efusiva, argumentos claros y frontales y con una caridad vigorosa de fondo.
Respecto al tema, es un artículo ensayista, que dice muchas verdades y también cosas opinables. Estoy de acuerdo cuando resalta cómo la vida religiosa de órdenes y congregaciones perdió identidad y se mundanizó, y ahí está su agonía, lo mismo que en el ninguneo del Magisterio.
Si las congregaciones y órdenes se hubieran renovado de acuerdo a las directrices de la Iglesia, otra sería la ´´suerte´´ de las mismas. Por eso surgen nuevas congregaciones y movimientos que sí tienen multitud de vocaciones y evangelizan por todo el mundo, y uno de los signos de su vitalidad es la irritación que producen entre los ´´progres´´. Pero el árbol se conoce por los frutos que da. El declive tiene mucho que ver con una clara desobediencia, aunque se haya revestido como si no lo fuera. Encomendamos a Jesús, por intercesión de María, que nos despierten de la agonía, que seamos capaces de la obediencia, como al de Jesucristo, hasta el
rojobilbao
03/09/2011
Lino, aporte datos.
Lino, de un dato (con uno basta) que muestre la falta de rigor de Messori. Gracias
Charo
03/09/2011
Un punto de vista muy interesante sobre el devenir de las Órdenes Religiosas..
Vittorio Messori es una persona culta, de extraordinaria personalidad y un buen escritor y conferenciante, aparte de un católico convencido. El artículo me ha parecido bueno y certero.
Lostrego
03/09/2011
Muy bueno.
Excelente articulo lleno de verdad y realidad.
Lino
03/09/2011
Analisis erroeno y falto de rigor.
El analisis que hace no puede ser menos riguroso y falso. Esta lleno de palabras comunes y de prejuicios. Creo honestamente que no sabe lo que dice. Por favor tengan un poco mas de respeto por lo que significa un intelectual, no desigando con falso nombres a los que no son. Un poco mas de respeto y seriedad por favor.
PortadaVaticanoEspañaAmérica LatinaVida y familia Historias de conversiónHistorias de evangelizaciónOpiniónBlogsVídeosHEMEROTECA
Sobre Nosotros Servicios Legal Síguenos en Facebook
Síguenos en Twitter
Accede a nuestros RSS
Accede a nuestros RSS