Lunes, 16 de mayo de 2022

Religión en Libertad

Sara Magister interpreta el célebre cuadro de Caravaggio con motivo de la exposición de Roma

Cuando Judit hunde la espada en el cuello de Holofernes... no es feminismo, es una cuestión de fe

Judit y Holofernes, película de 1929.
La fuerza de la historia de Judit y Holofernes ha dado lugar a numerosas representaciones artísticas a lo largo de la Historia. En tiempos modernos, también en el cine, como la película que dirigió Baldassare Negrone en 1929.

ReL

Hasta el 27 de marzo puede admirarse en el Palacio Berberini de Roma la exposición Caravaggio y Artemisia: el desafío de Judit. Violencia y seducción en la pintura de los siglos XVI y XVII. Con obras de ambos artistas conmemora el septuagésimo aniversario del descubrimiento del cuadro de Caravaggio Judit y Holofernes, que representa la muerte del guerrero asirio a manos de la mujer judía, tal como la narran las Sagradas Escrituras en el capítulo 13 del libro de Judit.

La crítico de arte Sara Magister sale al paso de forzadas interpretaciones feministas sobre este cuadro en el número de febrero (nº 214) del mensual italiano de apologética Il Timone:

Hay algo sagrado en Judit que hunde la espada en el cuello de Holofernes

Corría el año 1971 cuando el cuadro de Caravaggio [Michelangelo Merisi da Caravaggio, 1571-1610] que representa a Judit decapitando a Holofernes entraba triunfalmente en la Galería Nacional del Palacio Barberini, en Roma. Medio siglo después, la obra es el punto de partida de una exposición que, entre el estilo y el significado, abarca sus precedentes y el eco que provocó en sus contemporáneos, empezando por [la pintora] Artemisia Gentileschi (1593-1656).

Caravaggio, Judit decapia a Holofernes.

Caravaggio, 'Judit decapita a Holofernes'.

Los elementos que atraen están todos presentes. Dos nombres, Caravaggio y Artemisia, conocidos por el gran público casi más por su vida (él mató a un hombre, ella fue víctima de violación [por su profesor de pintura, Agostino Tassi]) que por su indudable talento. Y está también el tema, Judit, presa fácil a los ojos del Me Too como ejemplo de venganza protofeminista. Y es precisamente con estos elementos con los que juega el cartel de esta exposición, que por suerte demuestra ser mucho más interesante que sus premisas.

De hecho, sus objetivos verdaderos son los de liberar a Judit de los falsos clichés de las interpretaciones modernas, si bien la tentación está siempre latente, ayudando al público a comprender el carácter único de la obra de Caravaggio y, también, el verdadero mensaje que antaño se asociaba a las diversas variaciones del tema narrado.

Las raíces bíblicas

El dato número uno es que el tema de Judit se forma y encuentra su mayor éxito gracias a la Iglesia católica. El motivo se dice rápido: su Libro se encuentra solo en la versión griega y, por tanto, ha sido excluido tanto de la Biblia hebrea como de la protestante. Recibió un gran impulso a raíz del Concilio de Trento, cuando fue incluido como texto canónico en la Vulgata Sixtina-Clementina de 1592, convirtiéndose también en metáfora de la victoria de la fe católica sobre la herejía luterano-calvinista, personificada por el arrogante Holofernes.

Pero hacía tiempo que Judit había aparecido en el arte. Por ejemplo, en la estatua de Donatello en Florencia, Judit triunfa sobre la cabeza de Holofernes, así como la Virgen aplasta la serpiente.

Donatello, Judit decapitando a Holofernes.

Por otro lado, Judit es una prefiguración de María, emblema de Salvación, de la Justicia, de la Fe que derrota al mal sin verse mermada, de la Iglesia que derrota al demonio.

No sin motivo su historia goza de una posición central en la bóveda de la Capilla Sixtina, donde está situada haciendo pendant con David cortándole la cabeza a Goliat. Es más, a menudo ambas figuras están juntas porque no solo ejemplifican la salvación de Dios, que cambia la lógica humana haciendo que venza la fuerza de la fe más que la física, sino también porque anticipan la salvación llevada a cabo por Cristo y su Iglesia.

Capilla Sixtina, Judit y Holofernes.

Es la razón por la que, en el pasado, la belleza de Judit, trampa para Holofernes, aunque éste no la violase, fue modelo de pureza y castidad. Estas virtudes aparecen tanto en los limpios rasgos con los que Caravaggio idealiza la fisionomía de la hermosa modelo, como en el corpiño: está desatado, pero el cuerpo seductor está cubierto por una camisola blanquísima, sobre la que es evidente que Holofernes no ha podido poner sus garras (Jdt 13,16).

Esa luz sobre el momento crucial

Por otro lado, el acento sobre la Virtud que triunfa sobre el vicio ha determinado durante siglos la imagen triunfante de la decapitación ya realizada. Sin embargo, en la primavera de 1602 algo cambia.

En esos meses el ya famoso Caravaggio trabajaba en Roma en una escena centrada en el momento de la decapitación. ¿Qué había sucedido? Por una parte, el Concilio de Trento empujaba hacia un arte que se implicara más, que no fuera solo deleite para la vista o instrucción, sino que "revolviera las entrañas". Pero también tuvo un papel quien lo había encargado, el banquero ligur Ottavio Costa. Este prestaba tanta atención a la "devoción" (es decir, pietas, verdadera fe y apertura a la esfera de lo sagrado) expresada por sus cuadros que rechazó por "escasa devoción" incluso una Virgen con Niño pintada por el intenso Orazio Gentileschi.

Gentileschi, Virgen con el Niño.

La 'Virgen con el Niño' de Orazio Gentileschi que había rechazado el mecenas de Caravaggio por ser poco devota.

Para él [Costa] la devoción, además del valor económico, debía ser evidente en el cuadro del Merisi [Caravaggio], puesto que lo quiso proteger del daño causado por el polvo y los instrumentos de los copistas cubriéndolo con un paño y prohibiendo las copias, e impidió a sus herederos que lo enajenaran.

Pero, ¿dónde está el aspecto sagrado en una escena tan cruenta? La propia Judit mira el gesto que está llevando a cabo con distancia y espanto, como si sus brazos estuvieran actuando más allá de su voluntad. La espada da su golpe final y Caravaggio describe sin tapujos la carne cortada y el chorro de sangre.

Y sin embargo el centro de la escena no es Holofernes, y ni siquiera la anciana sierva que mira desconcertada la fuerza del gesto de la joven viuda. Todas las líneas de la composición y de la luz apuntan a Judit y a sus labios, apenas abiertos, que invocan al Señor: "'Dame fortaleza en este momento, Señor, Dios de Israel'. Entonces, con todas sus fuerzas, le asestó dos golpes en el cuello y le cortó la cabeza" (Jdt 13,7-8).

El momento es el crucial, pero el centro no es el gesto violento, sino la enorme solidez de la fe demostrada por la joven judía. Es este el punto que hace de Judit un modelo de virtud y salvación, y Caravaggio acierta por completo. Su Judit no es para nada la femme forte predestinada por el Señor a la victoria. El contraste entre su delicada belleza y el gesto que está llevando a cabo evidencia que, sin su fe, sin su decisión consciente de confiar en el Señor, nada de lo que está sucediendo habría sido posible.

La intervención de Dios, que echa por tierra toda lógica humana, hace visible esa hoja de luz que, fuera de toda lógica física, hiere de repente la oscuridad de la noche y el miedo. Judit vencerá porque ella misma ha decidido ponerse plenamente al servicio del Señor, ha confiado y Dios no la ha dejado sola. Como hará María.

Nadie como Caravaggio

Lástima que nadie le haya dedicado una palabra a esta luz en el catálogo y en una exposición centrada precisamente en un pintor que hizo de la luz la imagen tangible de la presencia de Dios en la vida del hombre. Era demasiado fuerte la tentación de ver, sin ningún fundamento, en la modelo de Judit a una conocida prostituta de la época y en Holofernes al propio pintor como pecador sin redención. Lástima, es otra ocasión perdida, pero por suerte el arte verdadero habla por sí solo.

A partir de aquí la atención de los artistas se trasladará al momento de la decapitación, pero ninguno de sus seguidores igualará esa solidez del diálogo entre lo humano y lo divino que es tan evidente en la obra de Caravaggio.

Giuseppe Vermiglio presenta a una Judit atemorizada, con una sierva complacida por el delito cometido.

Vermiglio, Judit y Holofernes.

Giuseppe Vermiglio, 'Judit y Holofernes'.

Otros harán una descripción más macabra del acto violento. Artemisia no encuentra el equilibrio entre la violencia física, el espanto y la fuerza espiritual. Y sin embargo, su esquema tuvo un éxito notable.

Artemisia Gentileschi, Judit decapitando a Holofernes.

Artemisia Gentileschi, discípula de Caravaggio: 'Judit decapita a Holofernes'.

Por no hablar de Johann Liss (1622), cuya Judit mira con soberbia y complacencia al espectador...

Johann Liss, Judit en la tienda de Holofernes.

...anticipando en un par de siglos a la femme fatale de Gustav Klimt (1901).

Gustav Klimt, Judit con la cabeza de Holofernes.

Tal vez solo Orazio Gentileschi...

Orazio Gentileschi, Judit y Holofernes.

Orazio Gentileschi (padre de Artemisia y compañero de Caravaggio), 'Judit y su sirvienta con la cabeza de Holofernes'.

y Valentin de Boulogne...

Valentin de Boulogne, 'Judith y Holofernes' (1626).

Valentin de Boulogne, 'Judith y Holofernes' (1626).

...consiguen captar el significado de la luz y la humanidad del prototipo.

Pero Caravaggio es otra cosa. Por otra parte, es necesario tener talento para saber relatar ciertos temas. Y también mucha fe.

Traducido por Verbum Caro.

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