Jueves, 28 de octubre de 2021

Religión en Libertad

Rachel Marie Stone: una visión cristiana del compartir mesa

15 pautas de acción para comer «con alegría» porque es un regalo de Dios y nos abre a los demás

Personas comiendo a la mesa.
Podemos cambiar mucho nuestra forma de acercarnos a la mesa considerando los consejos de Rachel Marie Stone para que Dios y los demás ocupen un mejor lugar. Foto: Sebastian Coman Photography / Unsplash (detalle).

C.L. / ReL

Rachel Marie Stone ha tenido a lo largo de su vida todo tipo de problemas con la comida, desde hacerlo compulsivamente a no hacerlo, pasando por el impacto de unas actitudes u otras en su propio estado físico y en la imagen que tenía de sí misma.

Hija de un pastor, misionera ella misma y esposa de un profesor de Antiguo Testamento con quien tiene dos hijos, ha estado toda su vida vinculada a comunidades cristianas, lo que le hizo un día considerar su actitud hacia los alimentos a la luz de la Biblia.

Esas reflexiones cuajaron en un libro, Comer con alegría, que cuando se publicó en 2013 causó gran impacto y recibió un galardón de la revista Christianity Today por plasmar de forma concreta y práctica que Cristo tiene que ver con todas las cosas, también con un acto aparentemente tan trivial como la nutrición cotidiana.

"Redimir" el acto de comer

Ahora ha sido editado por Nuevo Inicio para llevar al público en español su propuesta de un cambio de enfoque: respetar y cuidar nuestro cuerpo, sí, pues, de hecho, comer va de mantenerlo vivo; pero entender ese momento como una ocasión para dar gloria a Dios y servir a los demás. Como reza el subtítulo: La redención de la comida como regalo de Dios.

Rachel Marie Stone.

Rachel Marie Stone ha recogido en un libro su experiencia personal con la alimentación y su intento de que también comer sea un momento entregado a Dios.

Rachel Marie recuerda que "comer con alegría" es una idea que se repite en el Eclesiastés (9, 7, por ejemplo: "Anda, come tu pan con alegría y bebe contento tu vino, porque Dios ya ha aceptado tus obras"). "Lo mejor que podemos hacer", añade, "es temer a Dios, amar a nuestro prójimo y disfrutar de las cosas buenas de esta vida con la templanza y conocimiento de que la vida es efímera y tenemos obligaciones para con Dios y con los demás".

Así que ofrece sus experiencias en el camino de lo que denomina "aprendizaje para comer como cristiana", que es algo "gozoso, creativo, comunitario, restaurativo y redentor". Parte de la base de que la comida es un regalo de Dios "que hay que recibir con manos abiertas y agradecidas" y que estamos llamados a compartir el momento de hacerlo y a tener siempre presentes a los más necesitados.

Portada de Comer con alegría.

Comer con alegría: todo un proyecto de vida para transformar una necesidad corporal en un momento de agradecimiento y gloria a Dios y de mayor compenetración con los demás.

Stone razona cada una de estas características que debe revestir el acto personal y social de comer, las justifica con ejemplos del Antiguo y del Nuevo Testamento (donde son innumerables las lecciones al respecto) y propone oraciones y recetas.

Orientaciones y propuestas

Pero también sugiere numerosas pautas de acción concretas para lograr los objetivos, entre las que hay algunas las más sencillas de poner en práctica.

1. Da gracias antes de cada comida. Intenta comer lenta y conscientemente, reconociendo la comida que tienes delante como un signo de la bondad de Dios.

2. Presta atención a la comida con todos tus sentidos. Tómate un momento para asimilarla con los ojos, los oídos, la nariz y (quizás) las manos antes de probarla, luego saboréala con toda tu atención. Ralentízate.

3. Recuerda que, cuando comes, lo haces en presencia de Dios... siempre.

4. Ahorra dinero en tu comida "de forma redentora": si comes mucho fuera de casa, intenta comer más en casa; si comes cosas muy caras, intenta simplificar "en solidaridad con aquellos paa quienes la simplicidad es un requisito".

5. Si es posible, conoce a las personas que producen los alimentos que comes, y, si es factible... ¡conviértete tú en uno de ellos! Aunque sea sembrando algo en una maceta, empieza a "conectar más conscientemente con los alimentos" que comes: "No hay nada como ver crecer las semillas desde la raíz hasta algo que puede ser parte de tu cena".

6. Es bueno compartir de vez en cuando una comida: "Con viejos amigos, por supuesto, pero también con personas a las que normalmente no pensarías en invitar a comer. Piensa en alguna persona que sabes que come sola e invítala a comer".

7. Si eres padre o madre y tienes actitudes desordenadas hacia la alimentación, en el sentido que sea, "vale la pena considerar trabajarlos", por tu bien y por el de tus hijos, porque esos comportamientos "a menudo pueden transmitirse".

8. Si tienes una mala imagen de tu propio cuerpo, una alternativa es "observar lo que funciona bien" en él y "dar gracias por ello".

9. Ofrécete voluntario para algún servicio relacionado con los alimentos, "algo tan simple como llevar una comida o un aperitivo a una persona mayor o a un enfermo... puede ser reorientador".

10. "¡No desperdicies comida!" Compra solo lo que necesites, guarda las sobras con cuidado y haz lo que los restaurantes, la norma FIFO (First In, First Out): lo primero que entra es lo primero que sale. Organiza la nevera y la despensa para utilizar primero los productos que caducan antes.

11. Prueba a elaborar, una vez a la semana, una receta nueva partiendo desde cero.

12. Lee sobre cocina "y deja que la diversidad de Dios y de la Creación estén presentes incluso en los actos más hogareños, te sorprenderás".

13. Apuesta por la simplicidad... "Las celebraciones pueden ser más especiales si se simplifica el resto del tiempo".

14. Evita el "nutricionismo", es decir, "la idea de que la bondad de un alimento proviene de sus partes constituyentes o que el único objetivo de comer es la salud".

15. Si tu comunidad cristiana o tu grupo de amigos no comparte regularmente una comida... ¡organízalo tú!

Comer con alegría

Y todos estos consejos, ¿para qué y por qué?

Porque, dice Rachel Marie, "comer con alegría es más que simplemente sentarse y disfrutar de tu comida (aunque eso es una parte importante). Comer con alegría significa aceptar la comida como un regalo de Dios, 'el amor de Dios hecho comestible', como lo expresa [el teólogo] Norman Wirzba. Significa elegir alimentos que, en la medida de lo posible, afirmen una vida floreciente para la tierra, los animales y las personas que nos traen la comida. Significa compartir alimentos con otras personas en formas que conduzcan a nuestra salud mutua y crecimiento. Y significa abrazar nuestra creatividad como personas hechas a imagen del Dios creador para prepara la comida de manera que celebre los dones de Dios, a la vez que aporta deleite a todos nuestros sentidos".

Estas propuestas tienen una razón de ser, dice Stone: comer "de manera redentora", según el proceder de Dios, que actúa "empezando por donde las personas están en tiempo y lugar y acercándolas gradualmente al ideal de Dios".

"Como cristianos que tratamos con heridas humanas", recoge Rachel Marie, "tenemos que recordarnos una y otra vez que no estamos llamados a tener éxito, sino a ser fieles". 

"Actuemos de manera redentora hacia una alimentación alegre de la mejor manera que  podamos", concluye, "de la manera que mejor hable del reino de Dios de paz, de justicia y de deleite abundante; tal vez sea todo lo que podamos hacer" para "deleitarnos en Dios al cultivar, crear y compartir".

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