Martes, 16 de julio de 2019

Religión en Libertad

Compuso más de 800 canciones para el cine: 21 fueron número 1

Entre «Vampiresas» y una Misa a San Antonio: Harry Warren, 3 Oscar, un músico católico en Hollywood

Harry Warren logró su primer gran éxito con «Vampiresas 1933», un espectáculo visual y musical que le preparó el terreno de su primer Oscar, en 1935.
Harry Warren logró su primer gran éxito con «Vampiresas 1933», un espectáculo visual y musical que le preparó el terreno de su primer Oscar, en 1935.

Harry Warren sabía reírse de sí mismo y bromeaba con el "Harry who? [Harry ¿qué/quién?]" que había escuchado más de una vez al ser nombrado por terceros. En el impresionante elenco de compositores musicales de Hollywood que forma junto con sus coetáneos Cole Porter, George Gershwin, Irving Berlin y Jerome Kern (los cinco nacieron en los últimos quince años del siglo XIX), él es, con diferencia, el más desconocido, a pesar de que la Academia le premió más que a los otros: 3 Oscar a la mejor canción original y 8 nominaciones entre 1935 y 1957. Consiguió situar 42 de sus canciones en el Top 10 de lo más escuchado, alcanzando 21 de ellas el número 1.

Harry Warren, con sus tres estatuillas. Foto: MassJazz.

Pero Warren no es parte de la historia del cine solo por la cantidad de premios acumulados: también por su extraordinaria capacidad de producción (en torno a ochocientas canciones, más de quinientas publicadas, y 56 películas) y porque varios de sus temas fueron míticos en los años 30 y 40, incluidos los que le ganaron las tres estatuillas, con tres letristas diferentes: Lullaby of Broadway con Al Dubin en 1935, You will never know con Mack Gordon en 1943, y On the Atchison Topeka and Santa Fe con Johnny Mercer en 1946.

Este corto de 1933 de la Warner Bros presenta al mismo Warren interpretando algunos temas que le hacían célebre en aquella época. El título es expresivo: Harry Warren: America's foremost composer [Harry Warren: el mayor compositor de Estados Unidos].

Warren no siempre fue Warren. Nació en Nueva York en la Nochebuena de 1893, undécimo en una familia de doce hermanos hijos de inmigrantes italianos, y fue bautizado católico como Salvatore Antonio Guaragna. Su padre era un fabricante de botas altas que, por razones de integración, siendo él pequeño cambió el nombre familiar de Guaragna a Warren.

Harry tenía un talento natural para la música y fue casi autodidacta, dado que su familia carecía de recursos para pagarle una educación apropiada. Aprendió a tocar el acordeón de su padre y comenzó su formación musical en el coro de su parroquia en Booklyn.

A los 16 años dejó la escuela y se fue de gira por el río Hudson, tocando el tambor con una banda de la que formaba parte su padrino. Luego comenzó su carrera profesional en los Vitagraph Motion Picture Studios de Brooklyn, con diversas tareas que le fueron vinculando al mundo de la música profesional y el cine. Acompañaba al piano los pases de películas en la época del cine mudo. Hizo la Primera Guerra Mundial en la Marina, y a su conclusión en 1918 contrajo matrimonio con Josephine Wensler, su esposa para toda la vida.

La tumba de Harry junto a su esposa y el hijo, Harry, que se les murió con 19 años. Tuvieron otra hija, Joan Julia, fallecida en 1991. Foto: Find a Grave.

En 1920 Harry fue descubierto por dos productores cuando tocaba el piano en un local de Brooklyn. Le contrataron y fue creciendo profesionalmente, al tiempo que empezaba a componer más y tocar menos. En 1929 comenzó a trabajar para la industria del cine en películas menores. Hasta 1932 siguió viviendo en Nueva York, y cruzaba el país de costa a costa hasta California cuando era necesario. Su sueño seguía siendo triunfar en Broadway, más que en Hollywood.

Sin embargo, el éxito de Vampiresas 1933 [Gold Diggers of 1933], de Mervyn LeRoy, con sus pegadizas canciones y sus espectaculares números musicales, lo cambió todo.

Ginger Rogers en el número inicial de Vampiresas 1933.

Le preguntamos al escritor y crítico cinematográfico Fernando Alonso Barahona, biógrafo de grandes directores y estrellas del Séptimo Arte, por la figura de Warren: 

"En los años de la Gran Depresión", explica, "el cine musical se deslizaba en varios estilos. 

»En primer lugar, las operetas adaptadas. Unas en tono de comedia, como La viuda alegre de Ernst Lubitsch, con Jeanette MacDonald y Maurice Chevalier. Y otras, románticas, como Rose Marie de W.S Van Dyke o la magistral y bellísima Primavera de Robert Z. Leonard, con Jeanette MacDonald y Nelson Eddy, que incluía numerosos motivos de opera clásica.

»En segundo lugar, las comedias musicales ligeras de Fred Astaire y Ginger Rogers, llenas de canciones pegadizas, varias de Cole Porter: ahí están Swing Time de George Stevens, o Sombrero de copa de Mark Sandrich.

»Y en tercer lugar, los extraordinarios espectáculos montados por Busby Berkeley, cuyas melodías se debieron al talento de Harry Warren, como La calle 42 de Lloyd Bacon o Vampiresas 1933, de Mervyn Le Roy. Estas películas musicales del inicio del sonoro producidas por la Warner tenían  un estilo sin duda original. Contaban una historia que oscilaba entre el romance y la comedia (que eran los segmentos dirigidos por el director titular, Bacon o Le Roy principalmente), y la historia se combinaba con números musicales de gran montaje y espectáculo que en ocasiones contaban una historia propia engarzada en la película. Berkeley era el gran creador de esa fantasía".

Un tráiler de La calle 42 [42nd Street], que marca el inicio de la carrera de éxitos de Warren.

Alonso Barahona agrega que esa espectacularidad no rehuía los temas "de contenido social" que inquietaban en aquellos años de dificultad: "Casi era una película dentro de otra película", explica, "como el número La calle 42 de la película del mismo titulo (con Ginger Rogers, Ruby Keeler y Dick Powell, entre otros) o  We're in the money para las Vampiresas 1933 -de nuevo Ginger Rogers-, una descripción de las dificultades económicas de los trabajadores del momento".

Harry, en la época en la que alcanzó sus grandes éxitos.

Los éxitos de Warren continuaron llegando, con Vampiresas 1935 [Gold Diggers of 1935], que le dio su primer Oscar por Lullaby of Broadway. La película fue dirigida en su integridad por Busby Berkeley, tanto la parte dialogada como la musical: "El resultado fue globalmente un tanto inferior a las dos anteriores", dice Alonso Barahona, "pero la secuencia musical Lullaby of Broadway resultó antológica: casi un cuarto de hora en la que junto a la música y los efectos de montaje se narraba la vida del neoyorquino medio, tanto en el amanecer como en la noche vertiginosa. Al Dubin escribía las letras de las canciones compuestas por Harry Warren. En la pantalla lucían espléndidas con la puesta en escena de Berkeley. Una colaboración perfectamente sincronizada y excepcional".

Un fragmento de "Lullaby of Broadway", en Vampiresas 1935.

Alonso Barahona cita otros éxitos de Warren: "Inolvidable fue asimismo Ruby Keeler en la canción I only have eyes for you en Dames, dirigida en 1935 por Ray Enright

I only have eyes for you [Solo tengo ojos para ti] figura entre las 25 canciones más interpretadas de la historia de la música.

»Hasta en dieciocho películas del cineasta llegó a colaborar Warren, destacando canciones tan bellas como For me and my girl, de la película Por mi chica y por mí (1943), con Judy Garland y Gene Kelly, o, para Carmen Miranda, la canción La chica del Tutti Frutti en The gangs all here (1944). Pero en el haber de Harry Warren hay otras dos canciones míticas: On the Atchinson para Judy Garland en la película The Harvey girls, de George Sidney, y la romántica y maravillosa An affair to remember cantada por Vic Damone, con letra de Adamson y McCarey, en la obra maestra de Leo McCarey Tú y yo (1957)", concluye.

La canción An affair to remember, de Harry Warren, cantada por Vic Damone durante los títulos de crédito de la película del mismo nombre dirigida por Leo McCarey en 1957 y estrenada en España bajo el título Tú y yo. La protagonizaron Cary Grant y Deborah Kerr.

Warren seguiría trabajando hasta el final de sus días para La Meca del cine, pero sin duda la década anterior a la Segunda Guerra Mundial, los años bélicos y la inmediata postguerra fueron su época dorada. Algunas de sus canciones no han dejado de escucharse hasta nuestros días. En 1980, por ejemplo, llegó a ver el éxito de una adaptación en Broadway de 42nd Street (estaría cinco años en cartel). Y en 1981, poco antes de su muerte el 22 de septiembre, la Royal Military Band interpretó en la BBC, para felicitar el cumpleaños a la Reina Madre, su tema You must have been a beautiful baby [Debiste ser un bebé precioso], una canción que a lo largo de los años incluyeron en su repertorio Bing Crosby, Perry ComoFrank Sinatra y Dean Martin, entre otros, y que en los últimos años ha versionado Michael Bublé.

Orgulloso de su catolicismo

Harry (Salvatore) fue un hombre orgulloso de sus raíces italianas (calabresas) y de su anclaje católico. El compositor y productor discográfico Ian Whitcomb le conoció en los años 70 e hicieron buena amistad, y afirma que también se enorgullecía "de la influencia de la música de la Iglesia católica sobre su estilo". Whitcomb considera que el número 42nd Street [La calle 42] de la película del mismo nombre era "un tormentoso estallido de armonías católicas".

La calle 42, canción que dio título al musical, en una adaptación de 2001.

En 1962, Warren compuso una Misa en honor a San Antonio. Tardó años en poderla ver representada, pero estuvo presente en el auditorio cuando sucedió, en 1980, en el Loyola-Marymount College Mixed Chorus de Los Ángeles. Lamentablemente, no se conserva grabación.

En 1973, el Catholic Digest, la veterana revista que desde 1936 muestra al público historias reales de personas de fe, le consagró un artículo.

Un lujo: Nat King Cole invita a Warren a su programas televisivo e interpreta algunos de sus temas.

Brian Burch y Emily Stimpson le atribuyeron importancia suficiente como católico norteamericano como para incluirle en el Almanaque Católico de "patriotas, santos, granujas y gente normal que cambiaron Estados Unidos".

No hubo en su vida elementos heroicos. No fue, desde luego, un granuja. Tampoco un santo, aunque sí un buen esposo y padre de familia en un ambiente donde es difícil serlo, y a su muerte dejó cuatro nietos y dos bisnietos. Lo que es indudable es que, con su música, cambió su país, al menos en la forma en la que se divertía. 

En el Almanaque Católico le reservaron nada menos que el día de Nochebuena, fecha de su nacimiento. Un 24 de diciembre que aparece en el libro acompañado por una sencilla expresión: Harry who?

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