Lunes, 22 de abril de 2019

Religión en Libertad

El Papa Francisco visitará el domingo su tumba como gesto a su entrega

¿A quién ser leal, a la Iglesia o la Nación? Así murió preso Pío VI en la Revolución Francesa

Durante la Revolución Francesa, la Iglesia Católica se convirtió en un elemento a desmantelar y eliminar / Imagen de la película Rebellion Cachee
Durante la Revolución Francesa, la Iglesia Católica se convirtió en un elemento a desmantelar y eliminar / Imagen de la película Rebellion Cachee

Javier Lozano / ReL

El próximo domingo el Papa Francisco hará una visita relámpago en helicóptero a la pequeña ciudad de Cesena, en la región de Emilia Romana, donde apenas estará dos horas antes de emprender de nuevo el vuelo para visitar Bolonia donde permanecerá el resto del día. El Santo Padre ha querido visitar esta ciudad de poco más de 90.000 habitantes para  conmemorar el tercer centenario nacimiento del Papa Pío VI.

Pero, ¿por qué Francisco ha querido visitar a este Papa, que no es ni beato ni santo, y que murió en 1799? Aunque poco conocido por los católicos, Pio VI fue el Pontífice al que le tocó llevar el timón de la Iglesia en un momento de dificultad, división interna, persecución y de cambios enormes en el curso de la historia. Se enfrentó a cuestiones que, de alguna manera, siguen siendo relevantes en la actualidad.

Pío VI murió en el exilio tras haber sido secuestrado y hecho prisionero por Napoleón. Durante su Pontificado, se produjo la Revolución Francesa, la persecución de la Iglesia en nombre del progreso pero también cuestiones internas como el de las iglesias nacionales o dónde debe dirigirse la lealtad de los católicos. Polémicas, que algunas de ellas han llegado hasta el presente y que se reproducen todavía hoy.

El profesor de Historia en la Kean University de Estados Unidos y experto en la historia de los Papas, Christopher Bellito, explica en el semanario Our Sunday Visitor que “Pío VI defiende la cuestión de la lealtad de un católico en última instancia: con la Iglesia o con la nación”.


Pío VI murió exiliado en la ciudad francesa de Valence

Este Papa tuvo que lidiar con sacerdotes que se unieron, de manera voluntaria o bajo presión, a las instituciones creadas tras la Revolución francesa, lo que ponía en cuestión si ofrecer lealtad al poder político antes que a la autoridad de la Iglesia. En Austria y Alemania, debió afrontar los desafíos del josefinismo y febronianismo, donde sectores católicos intentaron conseguir una autonomía de facto de Roma para crear una especie de “iglesias nacionales” vinculadas igualmente a los regímenes de turno. Incluso el Papa llegó a viajar a Viena para intentar solucionar estos conflictos.

“Vemos que esta misma pregunta (lealtad a la Iglesia o al Estado) continua apareciendo en situaciones actuales”, recuerda el historiador.

Conferencias Episcopales y obispos que han intentando ir por libre interpretando el Magisterio de una manera opuesta a Roma o lugares en los que el nacionalismo ha ido mezclándose con la fe hasta diluir o confundir el mensaje evangélico son ejemplos que se llevan produciendo décadas y que están de plena actualidad en estos momentos.

Pio VI, Giovanni Angelo Braschi antes de ser Papa, tuvo una vocación tardía al sacerdocio. Doctor en Derecho Civil y Canónico fue secretario privado del cardenal Ruffo e incluso llegó a participar en el Cónclave de 1740 asistiendo a este purpurado. Posteriormente,  fue secretario de Benedicto XIV y en 1758 canceló su boda para convertirse en sacerdote. Tenía 40 años. En 1773 fue creado cardenal y apenas dos años después era Papa.

Un Pontificado, en un momento crucial de la historia
Su pontificado, de 1775 a 1799,  ha sido uno de los más largos coincidiendo con uno de los grandes cambios de la historia: la Ilustración y su objeteivo de colocar la razón por encima de la fe y que vivió su máxima expresión con la Revolución francesa, en la que los católicos fueron perseguidos e incluso masacrados, como el genocidio de la Vendée.

El objetivo del llamado “Nuevo Régimen” era hacer desaparecer las viejas estructuras en beneficio de la nación francesa para lo que había que desmantelar la Iglesia. Estas son algunas fechas claves:

- 2 de noviembre de 1789. Se produce la nacionalización de los bienes de la Iglesia para su posterior venta.
- 13 de febrero de 1790- Abolición de los votos religiosos, es decir, supresión de las órdenes regulares.
- 2 de julio de 1790- Se aprueba la Constitución civil del clero, uno de los momentos que marcó el punto de inflexión.


El culto católico se volvió clandestino y la persecución sistemática

La Iglesia o el Estado
Este último texto convertía a los sacerdotes en funcionarios del Estado y organizaba la Iglesia no ya según las diócesis existentes sino coincidiendo con los departamentos. Los párrocos pasarían a ser elegidos por una asamblea de electores y los obispos ya no serían elegidos por Roma. Además, al ser empleados públicos debían ser fieles al gobierno.

El historiador Bellito insiste en que el Papa se vio obligado a abordar el equilibrio entre el compromiso de un católico con su fe y su nación. “Pío VI podría haber sido capaz de aceptar a los sacerdotes como funcionarios públicos. Lo que no podía aceptar el juramento de lealtad que la Constitución Civil del Clero obligaba reconociendo la autoridad del gobierno francés en asuntos de Iglesia. Eso, para Pío VI era ir ya demasiado lejos”.

La respuesta de Pío VI y las leyes de persecución
La respuesta del Papa se produjo con el Breve Charitas quae de abril de 1791, en la que consideraba “intolerable” las injerencias y la toma de control de la Iglesia por parte del Estado francés.

Sólo cuatro obispos traicionarán a Roma aunque la división fue más grande entre los sacerdotes. Se promulgaron leyes para perseguir a los sacerdotes que no la firmaron hasta que en 1792 se aprueba la ley de deportación de todos los clérigos fieles a Roma. Un año más tarde todo aquel que siguiera en territorio francés sería condenado a muerte. Y en 1793 se aprobó la supresión del culto, que pasó a ser clandestino.

El genocidio de La Vendée
Desde ese momento y durante los años siguientes la persecución fue sistemática. Y precisamente en ese instante se produjo el primer genocidio de la era moderna, el de La Vendée, donde se exterminó a miles de granjeros católicos.


Grabado en el que se muestra al Papa Pío VI siendo sacado de Roma por las tropas francesas

"Camaradas, entramos en el país insurrecto. Os doy la orden de entregar a las llamas todo lo que sea susceptible de ser quemado y pasar al filo de la bayoneta todo habitante que encontréis a vuestro paso. Sé que puede haber patriotas [ciudadanos afectos a la Revolución] en este país; es igual, debemos sacrificarlo todo", afirmó el general Grignon, que encabezaba la primera columna.

El Papa, secuestrado y muerto en el exilio
La defensa de la Iglesia como institución no le salió gratis al Papa. Las tropas de Napoleón invadieron Italia en 1796 y dos más tarde entraba triunfante en Roma. Exigió la renuncia del Papa y éste se negó por lo que fue secuestrado y hecho prisionero. Fue trasladado de un lugar a otro siendo maltratado cuando ya tenía ochenta años.

En julio de 1799 fue trasladado a una fortaleza en la ciudad francesa de Valence y un mes después el obispo de Roma moría en el exilio, habiendo defendido con todas sus fuerzas  la independencia de la Iglesia.
 
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