Miércoles, 24 de julio de 2024

Religión en Libertad

Todo lo que debes saber de lo que es mucho más que un libro

¿Qué es la Biblia? ¿Por qué es «Palabra de Dios»? ¿Cuántos libros tiene? ¿Por qué tienen este orden?

La Biblia es el leído más impreso, traducido y leído de la historia.
La Biblia es el leído más impreso, traducido y leído de la historia.

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La Biblia es el libro más impreso, traducido y leído de toda la historia. Pero es mucho más que un libro. En él se relata la historia de la salvación de un pueblo y la redención por medio de Jesús. Pero en sus páginas Dios habla también al corazón del que la lee, pues es un libro vivo que no no muestra sólo un pasado sino que va mucho más allá, hasta llegar a poder cambiar la vida del que se enfrenta a su lectura con un espíritu humilde. Lo que en la Biblia hay escrito es Palabra de Dios y por ello es venerada por los cristianos. Hoy más que nunca la Sagrada Escritura tiene un papel fundamental en la Iglesia y debe tenerlo también en todos los creyentes.

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¿Qué es la Biblia?

¿Qué libros conforman la Biblia?

¿Cómo se estableció la lista de libros de la Biblia y el orden de su colocación?

¿Tiene el Antiguo Testamento menos valor para los católicos?

¿Hay una ruptura entre el Antiguo y el Nuevo Testamento?

¿Es el cristianismo una “religión del libro”?

¿Por qué el contenido de la Biblia es Palabra de Dios si fue escrito por personas concretas?

¿Qué diferencias hay entre la Biblia católica y la hebrea?

¿Por qué los protestantes tienen una Biblia diferente?

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¿Qué es la Biblia?

La Biblia es el conjunto de los libros y textos inspirados por el Espíritu Santo que recogen las enseñanzas de Dios a su pueblo, la manifestación de Jesús, su pasión, muerte y Resurrección y el nacimiento de la Iglesia. Los libros anteriores a Jesús forman parte del Antiguo Testmento, formado por 46 libros, mientras que el Nuevo Testamento, en el que se incluyen los Evangelios, los Hechos y las Epístolas está conformado por un total de 27. En total, la Biblia está compuesta por 73 libros.

La Iglesia reconoce que todos los libros del Antiguo y del Nuevo Testamento, con todas sus partes, son sagrados y canónicos, en cuanto que, escritos por inspiración del Espíritu Santo, tienen a Dios como autor, y como tales han sido confiados a la Iglesia. De este modo, Dios es el que ha inspirado a los autores humanos de los libros sagrados. “En la composición de los libros sagrados, Dios se valió de hombres elegidos, que usaban de todas sus facultades y talentos; de este modo, obrando Dios en ellos y por ellos, como verdaderos autores, pusieron por escrito todo y sólo lo que Dios quería”, se explica en Dei Verbum.

Además, el Catecismo de la Iglesia Católica recuerda que “los libros inspirados enseñan la verdad. Como todo lo que afirman los hagiógrafos, o autores inspirados, lo afirma el Espíritu Santo, se sigue que los libros sagrados enseñan sólidamente, fielmente y sin error la verdad que Dios hizo consignar en dichos libros para salvación nuestra”.

Del mismo modo, recuerda que “la Iglesia ha venerado siempre las divinas Escrituras como venera también el Cuerpo del Señor. No cesa de presentar a los fieles el Pan de vida que se distribuye en la mesa de la Palabra de Dios y del Cuerpo de Cristo”. En la sagrada Escritura, la Iglesia encuentra sin cesar su alimento y su fuerza porque, en ella, no recibe solamente una palabra humana, sino lo que es realmente: la Palabra de Dios.

¿Qué libros conforman la Biblia?

Tal y como recoge el Catecismo de la Iglesia Católica, la Tradición apostólica hizo discernir a la Iglesia qué escritos constituían lo que hoy es la Biblia. Esta lista integral es llamada "canon" de las Escrituras. Comprende para el Antiguo Testamento 46 escritos, y 27 para el Nuevo Testamento.

Estos son los libros del Antiguo Testamento que recoge el canon de las Escrituras en el orden en el que está situado cada libro:

Génesis, Éxodo, Levítico, Números, Deuteronomio, Josué, Jueces, Rut, los dos libros de Samuel, los dos libros de los Reyes, los dos libros de las Crónicas, Esdras y Nehemías, Tobías, Judit, Ester, los dos libros de los Macabeos, Job, los Salmos, los Proverbios, el Eclesiastés, el Cantar de los Cantares, la Sabiduría, el Eclesiástico, Isaías, Jeremías, las Lamentaciones, Baruc, Ezequiel, Daniel, Oseas, Joel, Amós, Abdías, Jonás Miqueas, Nahúm , Habacuc, Sofonías, Ageo, Zacarías, Malaquías para el Antiguo Testamento.

Estos son los libros del Nuevo Testamento:

Los Evangelios de Mateo, de Marcos, de Lucas y de Juan, los Hechos de los Apóstoles, las cartas de Pablo a los Romanos, la primera y segunda a los Corintios, a los Gálatas, a los Efesios, a los Filipenses, a los Colosenses, la primera y la segunda a los Tesalonicenses, la primera y la segunda a Timoteo, a Tito, a Filemón, la carta a los Hebreos, la carta de Santiago, la primera y la segunda de Pedro, las tres cartas de Juan, la carta de Judas y el Apocalipsis para el Nuevo Testamento.

Biblia

¿Cómo se estableció la lista de libros en la Biblia y el orden de su colocación?

El canon de la Biblia es la lista de libros oficialmente reconocidos como Escrituras inspiradas y que por tanto conforman la Biblia. Para llegar a tener esta lista completa, el Espíritu Santo obró a través de la Iglesia a lo largo de siglos para que el magisterio pudiera discernir auténticamente el contenido legítimo de la Biblia.

Y para tener una visión completa hay que remontarse a varios siglos antes de Cristo. Tras la conquista de Jerusalén por Nabucodonosor, una gran parte de los judíos fueron llevados cautivos a Babilonia. Con la victoria de Ciro, rey de Persia, llegó de nuevo la libertad al pueblo de Israel. Muchos regresaron a la tierra de sus ancestros, pero otros decidieron marchar a Alejandría, donde ya había una importante comunidad judía.  En el siglo III antes de Cristo, la lengua principal de Alejandría era el griego, incluso entre los judíos que habitaban en Egipto, de ahí la importancia que surgió de traducir las Escrituras del hebreo al griego. Bajo el reinado de Ptolomeo II se empezaron a traducir las copias de los libros judíos para la biblioteca de Alejandría. A estas traducciones se le llamó la Septuaginta, o Traducción de los 70, debido al número de traductores.

Así se empezó primero por la Torá, el Pentateuco, y después el resto de las Sagradas Escrituras, lo que hoy los cristianos conocen como el Antiguo Testamento. Introdujeron también una nueva organización e incluyeron libros sagrados que, por ser más recientes, no estaban en los antiguos cánones pero eran generalmente reconocidos como sagrados por los judíos. Se trata de siete libros, llamados hoy deuterocanónicos. El canon de los Setenta contiene los textos originales de algunos de los deuterocanónicos (Sabiduría y 2 Macabeos) y la base canónica de otros, ya sea en parte (Ester, Daniel y Sirac) o completamente (Tobit, Judit, Baruc y 1 Macabeos).

Este canon de la Septuaginta era también conocido como alejandrino, y fue precisamente el que se utilizaba en tiempo de Jesús. Tanto Cristo como los apóstoles rezaron y leyeron las Escrituras a través de este canon, por lo que también fue adoptado por los primeros cristianos. Hay numerosas referencias sobre el Antiguo Testamento realizadas por los escritores del Nuevo Testamento que se basaban en esta versión de la traducción realizada al griego. Por eso no hay duda de que la Iglesia apostólica del primer siglo aceptó los libros deuterocanónicos como parte de su canon.

El Nuevo Testamento era más fácil de definir y surgió a lo largo de los primeros siglos del cristianismo. Las primeras listas de escrituras inspiradas aceptadas, como el canon de Muratori, apareció ya en el segundo siglo, junto con criterios para el discernimiento y la aceptación. Los primeros obispos de la iglesia frecuentemente compararon y compartieron sus escritos locales con otras comunidades católicas. Por medio del proceso de compartir, orar y estudiar estas primeras escrituras, los obispos fueron guiados por el Espíritu Santo en su discernimiento de escrituras auténticas del Nuevo Testamento en el Concilio de Nicea (325), y finalmente establecieron el canon de escritos cristianos en el sínodo de Roma en 374, convocado por el Papa Dámaso I, junto con la traducción de la Biblia a la lengua vernácula (latín) por San Jerónimo.

San Jerónimo, autor de la Vulgata, tradujo la Biblia al latín.

San Jerónimo, autor de la Vulgata, tradujo la Biblia al latín.

¿Tiene el Antiguo Testamento menos valor para los católicos?

Para nada. El Antiguo Testamento es una parte fundamental de la fe de los cristianos, cuyas enseñanzas son Palabra de Dios y han sido igualmente inspiradas por el Espíritu Santo. De hecho, la Iglesia siempre ha condenado enérgicamente herejías como el marcionismo, que querían prescindir del Antiguo Testamento alegando que el Nuevo lo había hecho ya caduco.

“El Antiguo Testamento es una parte de la sagrada Escritura de la que no se puede prescindir. Sus libros son divinamente inspirados y conservan un valor permanente porque la Antigua Alianza no ha sido revocada. Los cristianos veneran el Antiguo Testamento como verdadera Palabra de Dios", insiste el Catecismo.

¿Hay una ruptura entre el Antiguo y el Nuevo Testamento?

El Antiguo y el Nuevo Testamento conforman una unidad, por lo que no existe una ruptura entre ellos. Ya desde los tiempos apostólicos y después de manera constante a través de la Tradición la Iglesia esclareció la unidad del plan divino en los dos Testamentos gracias a la tipología. Esta reconoce, en las obras de Dios en la Antigua Alianza, prefiguraciones de lo que Dios realizó en la plenitud de los tiempos en la persona Jesús.

De este modo, los cristianos leen el Antiguo Testamento -especifica el Catecismo- a la luz de Cristo muerto y resucitado. “Esta lectura tipológica manifiesta el contenido inagotable del Antiguo Testamento. Ella no debe hacer olvidar que el Antiguo Testamento conserva su valor propio de revelación que nuestro Señor mismo reafirmó. Por otra parte, el Nuevo Testamento exige ser leído también a la luz del Antiguo. La catequesis cristiana primitiva recurrirá constantemente a él. Según un viejo adagio, el Nuevo Testamento está escondido en el Antiguo, mientras que el Antiguo se hace manifiesto en el Nuevo: Novum in Vetere latet et in Novo Vetus patet (San Agustín)”.

¿Es el cristianismo una “religión del libro”?

De manera recurrente se suele citar al cristianismo, el islam y el judaísmo como las “religiones del libro” debido a la importancia que la Biblia, el Corán y la Tanaj tienen para cada una de estas religiones. Sin embargo, esta apreciación no es correcta y así lo manifiesta la Iglesia, que declara oficialmente que “la fe cristiana no es una ‘religión del Libro’”, y a través del Catecismo señala que “el cristianismo es la religión de la ‘Palabra’ de Dios, ‘no de un verbo escrito y mudo, sino del Verbo encarnado y vivo’. Para que las Escrituras no queden en letra muerta, es preciso que Cristo, Palabra eterna del Dios vivo, por el Espíritu Santo, nos abra el espíritu a la inteligencia de las mismas”.

Nosotros no creemos en un libro. Para nosotros es Cristo, Dios, el que habla. El cristiano no es una religión de libro, no sigue un libro, sino a una Persona que habla. La Palabra que se ha hecho historia actuando en un Pueblo, y que, como contemplamos en el Evangelio de San Juan, 'acampó entre nosotros', y por su muerte y Resurrección sigue estando presente liberando, sanando, redimiendo al hombre que lo acoge en su corazón. No son historias mitológicas que nos llegan del exterior, sino literalmente el mismo Señor que habla y actúa”, explica al respecto el obispo de Cádiz y Ceuta, monseñor Rafael Zornoza.

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¿Por qué el contenido de la Biblia es Palabra de Dios si fue escrito por personas concretas?

Para los católicos, Dios es el autor de la Sagrada Escritura, puesto que las verdades que se manifiestan en la Biblia fueron consignadas por “inspiración del Espíritu Santo”. Esta es la clave para entender esta cuestión. La Iglesia reconoce que todos los libros del Antiguo y del Nuevo Testamento son “sagrados y canónicos”, ya que “escritos por inspiración del Espíritu Santo, tienen a Dios como autor, y como tales han sido confiados a la Iglesia”

De este modo, el Catecismo recalca que Dios ha inspirado a los autores humanos de los libros sagrados puesto que “en la composición de los libros sagrados, Dios se valió de hombres elegidos, que usaban de todas sus facultades y talentos; de este modo, obrando Dios en ellos y por ellos, como verdaderos autores, pusieron por escrito todo y sólo lo que Dios quería”

Sin embargo, es importante tener claro que en las Escrituras Dios habla al hombre a la manera de los hombres y de una forma que pueda entender. Por tanto, para interpretar bien la Escritura “es preciso estar atento a lo que los autores humanos quisieron verdaderamente afirmar y a lo que Dios quiso manifestarnos mediante sus palabras”.

La Iglesia Católica también enseña que para descubrir la intención de los autores de los libros sagrados “es preciso tener en cuenta las condiciones de su tiempo y de su cultura, los ‘géneros literarios’ usados en aquella época, las maneras de sentir, de hablar y de narrar en aquel tiempo, y además es fundamental que la Escritura se lea y se interprete con el mismo Espíritu con que fue escrita.

¿Qué diferencias hay entre la Biblia católica y la hebrea?

Una creencia muy común es que el Antiguo Testamento de la Biblia es igual a la Tanaj, nombre con el que se conoce la Biblia hebrea. Pero en realidad no es así. De hecho, el Antiguo Testamento está compuesto por 46 libros, mientras que actualmente los judios sólo reconocen en su canon un total de 39, pues no incluyen los siete libros conocidos como “deuterocanónicos”. Se trata de los libros de Tobías, Judit, Baruc, Eclesiástico, Sabiduría así como el primer y segundo libro de los Macabeos. Y además, la secuencia de algunos de los libros difiere.

En tiempos de Jesús el canon más extendido entre los judíos era el de la Septuaginta, la traducción al griego de los libros sagrados de los judíos y que incluía estos libros deuterocanónicos. Después de Cristo los judíos, al cabo de un cierto proceso y para distanciarse de los cristianos, abandonaron este canon por el llamado palestinense, el mismo de la Biblia hebrea actual, que no incluía estos libros. Creían que los escritos en griego no podían ser inspirados, a pesar de que algunos de ellos habían sido traducidos al griego del hebreo y el arameo. Hay indicios de que los judíos palestinenses también apreciaban y usaban esos libros, aunque no los admitían como canónicos. Sin embargo, la Iglesia primitiva utilizó la Septuaginta, y de ahí la diferencia actual entre la Tanaj y el Antiguo Testamento.

¿Por qué los protestantes tienen una Biblia diferente?

Tras el cisma liderado por Martín Lutero, los protestantes decidieron modificar el canon de la Biblia que hasta entonces había fijado para los cristianos. De este modo, en la actualidad los católicos y los protestantes tienen el mismo Nuevo Testamento de 27 libros, por lo que las diferencias se centran en el Antiguo Testamento. Los católicos reconocen 46 libros, mientras que los protestantes decidieron dejarlo en 39. Es decir, los católicos no añadieron libros, tal y como afirma la propaganda protestante, sino que fueron éstos los que decidieron suprimirlos, en los que por otro lado había enseñanzas que a los líderes protestantes les interesaba silenciar o cambiar.

Por consiguiente, los católicos tienen siete libros más y también algunas adiciones dentro de los libros compartidos: Tobías, Judit, Sabiduría de Salomón, Eclesiástico, 1-2 Macabeos, Baruc, y material adicional en Daniel y Ester. Precisamente, Lutero decidió abandonar el canon alejandrino del Antiguo Testamento por el más breve palestinense, que actualmente conforma la Tanaj hebrea.

Con respecto al Nuevo Testamento, aunque en la actualidad comparten el mismo orden, las primeras ediciones de la Biblia protestante, en tiempos de Lutero, presentaron un orden distinto al presente, pues Lutero los dividió entre libros para la salvación, canónicos y no canónicos.

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