Sábado, 07 de diciembre de 2019

Religión en Libertad

El prelado, a la vanguardia en nueva evangelización, quiere «salar» la cultura

El obispo Rey se lanza al teatro: la vejez y la muerte, vistas a los ojos de un ateo y un cristiano

Dominique Rey, obispo de Toulon, es uno de los mayores exponentes de la Nueva Evangelización
Dominique Rey, obispo de Toulon, es uno de los mayores exponentes de la Nueva Evangelización

Javier Lozano / ReL

Monseñor Dominique Rey está a la vanguardia en la nueva evangelización en toda Europa. Su diócesis francesa de Fréjus-Toulon, goza de una salud envidiable no sólo en su país sino en todo el continente, con un seminario repleto y con una perfecta conjunción de carismas, nuevos movimientos y realidades que han imprimido gran vitalidad a esta iglesia local.

Este obispo es responsable directo de este éxito. Monseñor Rey es doctor en Economía y ejerció inspector de Hacienda y se convirtió en un laico evangelizador de la Comunidad de Emmanuel. Tras descubrir su vocación fue ordenado sacerdote y en el año 2000 nombrado obispo. Aquí ha visto la importancia de evangelizar y dejar actuar al Espíritu Santo, viendo también la cultura como un punto de encuentro con los alejados.

El tiempo que dura

Y esto es justo lo que acaba de hacer al presentar la obra de teatro que ha escrito, que se une a otros libros de evangelización, teología e incluso poesía que tiene en su haber. Titulada El tiempo que dura, monseñor Rey ha elaborado una obra que ya se ha podido ver en Toulon como en París y otras ciudades francesas, y que seguirá representándose durante los próximos meses.

Como todo lo que hace, esta creación literaria tiene un gran trasfondo de reflexión, debate y evangelización precisamente hablando sobre un tema que afecta a Europa de manera urgente: la vejez y la muerte.

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En una entrevista con Famille Chrietienne, Dominique Rey afirma que su primera intención no era escribir una obra de teatro. El obispo había escrito un libro de aforismos sobre la muerte y sobre el significado último de la existencia. “Estas reflexiones se desarrollaron a partir de lecturas, meditaciones personales, reuniones que hice. Hablé sobre estos aforismos con mi amigo Serge Sarkissian, editor, dramaturgo y director, y me sugirió que los insertase en una historia”.

Un diálogo sobre la vejez y la muerte

De este modo, el propio obispo afirma que su obra es “un diálogo entre dos personas, un académico cristiano y una periodista de investigación atea que escribe un artículo sobre el Alzheimer. Ambos cuestionan la pérdida de uno mismo de dos maneras diferentes. Porque la muerte no tiene el mismo significado para quien cree que ella es la última palabra de la historia, y para quien es la puerta de entrada a una nueva vida. El diálogo hace posible restaurar el camino del pensamiento”.

El obispo de Toulon señala que “ante la fugacidad y el vacío de las cosas, el creyente mira el mundo desde su fin. Luego considera su vida como un ascenso a un clímax: el encuentro con Dios. Su mirada en el tiempo se hace diferente, ya que la vida se convierte en una escalada. La fe no sólo es creer en Dios, también es saber que Dios cree en nosotros, que la vejez tiene valor inmenso, incluso si la sociedad está marcada por el juvenilismo y el dictado del espectáculo”.

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El valor de la ancianidad

En su opinión, “a medida que envejecemos, lo que perdemos en disponibilidad física, intelectual y mental, lo ganamos en transparencia, iluminados por una luz que irradia nuestro ser más allá de nosotros mismos. Cuanto más tiempo se usa una pieza de tela, más deja pasar la luz. Me impresionan los seres que han ganado esta transparencia y que tienen una mirada de fe a lo largo de sus vidas. A medida que la persona mayor se debilita, descubre que la llaman”.

Dominique Rey afirma que en esta obra se habla de la muerte, pero antes de la vejez, dos términos importantes en Europa, pero en muchos casos tabúes. Siguiendo con su reflexión acerca de esta obra de teatro, el obispo francés afirma que “cuanto más días se cuentan, más cuenta cada día. Las personas mayores tienen que invertir el tiempo presente con sabiduría, gracias a las experiencias por las que han pasado. También han desarrollado un espíritu de infancia”.

“Cuando me acerco a la muerte, es el niño que soy quien me precederá”, escribió George Bernanos. Por ello, cree que volver a la “infancia al final de la vida no sólo es perder la lucidez, sino recuperar el espíritu de la infancia que había perdido, recuperar la disponibilidad y la libertad”.

"Esperamos el nuevo amanecer"

Sin embargo, niega que este tema en el que ha centrado su obra sea oscuro. Es más cree que trata sobre el “amanecer”, pues “la vejez nos lleva a la noche, pero esperamos el nuevo amanecer”.  De este modo, Rey recuerda que “las primeras personas que Jesús conoció en Jerusalén fueron dos personas mayores: Simeón y Ana. Por lo tanto, la primera humanidad tocada por Jesús es la que se derrumba y, al mismo tiempo, la que da testimonio.

“Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel”, dijo Simeón, por lo que según el obispo de Toulon “las personas mayores pueden aportar un sentido de aprecio, asombro y esperanza. Nos ayudan a ganar humanidad”.

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Aunque la obra puede estar preparada para los ancianos y quienes les rodean, sus hijos, etc, cree que también “puede aportar una perspectiva de la vida a los adolescentes”.

Los cristianos deben invertir en la cultura

Preguntado sobre si la cuestión de la muerte es una preocupación reciente para él, Dominique Rey señala que es algo que siempre se ha preguntado, pues es “inherente” a su camino de fe. “No pienso en mi propia muerte de una manera mortal, no veo los acontecimientos únicamente a través de ella y por el filtro de mi propia desaparición, pero trato de tener, a través de mi propio fin, una mirada al más allá. Mi esperanza me invita a entrar en el camino de Dios que, en su Hijo, abrió una brecha en una tumba en Palestina. Sólo el que ha regresado, Cristo, puede hablarnos de la muerte”.

Por último, el obispo cree que el arte y la cultura son fundamentales para mostrar a Dios al mundo. “Los cristianos debería invertir más teatro, música y artes visuales en general. Los filósofos hablaron de la relación entre belleza, bondad y verdad, y definieron la belleza como el ‘esplendor de la verdad’”, concluye.

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