Miércoles, 12 de agosto de 2020

Religión en Libertad

El cineasta italiano Pupi Avati, católico e inconformista

De las películas de terror truculento a contar en TV la verdad del matrimonio: lleva 49 años casado

Pupi -Giuseppe- Avati tiene una larga experiencia como cineasta, como marido y como hombre que se expresa sin tapujos
Pupi -Giuseppe- Avati tiene una larga experiencia como cineasta, como marido y como hombre que se expresa sin tapujos
Definir a Pupi Avati es difícil. Es director de cine, originario de Bolonia, amante del jazz, católico practicante, ex empleado de la empresa Findus, va a misa todos los días y está casado desde hace casi medio siglo.

No tiene el típico perfil del intelectual y mucho menos del intelectual de izquierdas.

«Algunos me consideraban un conservador atontado», bromea con Tempi.it, «yo sólo me esfuerzo en no ser anticonformista».

Seguramente no es igual a quien pretende ser anticonformista.

Desde su debut en el cine, a finales de los años sesenta, hasta ahora ha rodado decenas de películas de todo tipo. Los límites de sus cuarenta y seis años de carrera están marcados por su película de inicio, “Balsamus, l’uomo di Satana”, una película de terror ambientado en Padania y prohibida a los menores de 18 años, protagonizada por un enano excéntrico que se dedica a la magia y a la desfloración de vírgenes.



Un clásico del terror irreverente...

El otro extremo es su última obra, la teleserie “Un matrimonio”, que trata de la indisoluble belleza de la institución, que tiene como protagonistas a dos esposos y su familia en los años inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial.

Confirma su mérito el hecho de que la historia de Francesca y Carlo, emitida por la Rai 1 los domingos, haya obtenido la máxima audiencia en la franja horaria de emisión, «con un promedio», observa Avati, «de casi cinco millones de italianos».



"Un matrimonio", en la RAI 1, se ambienta en la posguerra italiana

- Usted ha declarado que fue su propio matrimonio el que le impulsó a rodar esta película. ¿Por qué ha decidido exponerlo al público?
- Si te sucede algo bello, ¿no se lo cuentas a nadie? Se lo cuentas a todos los que conoces. Yo ya tengo setenta y cinco años. Pensé que tenía una historia bastante rica de hechos y densa para ser contada. Un matrimonio. El mío dura desde hace 49 años, por lo que tengo bastante experiencia para contar qué es, sobre todo a quien no lo conoce o tiene una idea equivocada del mismo.

- ¿A quién se refiere?
- A las personas casadas que tal vez en este momento están teniendo dificultades y piensan que dejándose se resolverán. Yo creo que la vida es complicada y vivir con otra persona lo es casi siempre, por muchos motivos. Pero vivir mi matrimonio me ha hecho entender que dar continuidad, mantener las promesas y encontrarse después de tantos años con la misma persona, que es la que más te conoce, compartiendo los años de la vejez, es una gran oportunidad, no una penalización.

-¿Ha escrito una película para defender el matrimonio tradicional?
- Quería contar una historia. También es cierto que todas las historias tienen una finalidad. Por ejemplo, el de mis películas de terror era causar miedo. Sin embargo, en años recientes he llegado a una actitud de responsabilidad. La finalidad de mis películas es que los otros conozcan algo que les pueda ayudar.



-¿Por qué piensa que es útil conocer la historia de dos esposos?
-Porque mucha gente no sabe qué es estar casados. Hoy, los matrimonios han descendido de número, especialmente los religiosos, y han sido sustituidos por uniones que a menudo duran poco y dejan a los hijos sin una madre o sin un padre. La familia basada en el matrimonio es la parte fundante de la sociedad, forma a los ciudadanos y, por lo tanto, nadie puede felicitarse por una situación de ese tipo. Por esto me urgía contar lo que he vivido personalmente.

-¿Por qué hablar del matrimonio a través de la televisión y no del cine?
-La televisión está en todas las casas y puede llegar de verdad a todas las familias italianas. Pensemos a lo que significa este poder. Estamos sumergidos por la negatividad de los medios de comunicación, por una propaganda uniforme que, no es casualidad, ataca a la familia y al matrimonio. Yo me pregunto: ¿cómo se pueden proponer experimentos sobre tantos tipos de familia, que sabemos que no funcionan, cuando hay una, formada por hombre y mujer, que funciona desde hace milenios? Por esta razón es necesario mostrar esto en la televisión, sobre todo a los jóvenes. Y además es necesario contar las historias de personas que han conseguido afrontar las dificultades de la vida sin huir. Lo contrario de lo que sucede ahora.



-¿En qué sentido?
-Tengo un montón de ayudantes que trabajan conmigo, sobre todo jóvenes que vienen a hacer un periodo de formación, que a menudo son hijos de padres separados y sufren mucho por esta situación. A veces me ven como su psiquiatra, su médico, su párroco y se confían conmigo. En general me dicen que lo que más habrían deseado es que sus padres hubieran permanecido juntos. ¿Es positivo no reconocer este deseo? ¿Es responsable? No lo creo.

»Vivimos en una sociedad de irresponsables. Y no hablo solamente de los políticos, sería demasiado fácil. Todos nosotros lo somos un poco. Sería un bien que todos volviéramos a esa actitud de responsabilidad respecto al prójimo. También la Iglesia durante años se ha alejado de la responsabilidad que es el centro del cristianismo. Por suerte, el Papa Francisco ha centrado la atención de la Iglesia sobre la familia.

-Entre los artistas italianos, usted es un poco anómalo...
-Tal vez porque vengo de una cultura campesina. Mi padre murió cuando yo era pequeño y crecí y fui educado por mi madre. Esta es la razón por la que no tengo miedo de decir cosas que, por el modo de razonar hoy el mundo, son completamente impopulares o incluso banales.

»Me basta la sencillez, la cotidianidad, la normalidad de las personas comunes y declararlo hace que me dejan un poco de lado. No soy como los anticonformistas, como los que quieren demostrar la propia extravagancia y después no pueden realizarse a sí mismos. No soy como los que deberían ser anticonformistas y no lo son para nada, a partir precisamente de la idea de la familia.

-¿Hay un boicot por parte del cine italiano respecto a usted por ser católico?
-No quiero encontrar excusas, no he culpado a nadie de los fracasos de mi carrera. Si una película mía ha fracasado no he pensado nunca que fuera culpa de los otros. Es cierto que declarar la propia fe, contar que uno es practicante, decir que voy a la iglesia todos los días y que me siento en el banco donde se sentaba mi madre, y hacerlo abiertamente, puede crearte alguna dificultad. Sobre todo si digo que no me importan nada los problemas que Enrico Letta tiene con Matteo Renzi. Algunas personas te consideran víctima de la religión, un ingenuo y a veces, como ya he dicho, un “conservador atontado”.



-La guionista Barbara Nicolosi, en una entrevista a Avvenire, ha dicho: «Una moderna herejía en la Iglesia de hoy es el impulso de ser inocuos. Está bien ser prudentes, pero a veces parecemos mechas mojadas. Estamos tan atentos a ser amables y no ofensivos que al final no decimos nada que valga la pena oír». ¿Qué opina usted?
-El cine, el arte en general, es una cuestión de talento que no depende del hecho de ser cristianos. No es que si vas a misa cada día conseguirás hacer una bonita película o te convertirás en un gran novelista. ¡Ojalá! Lo demuestra el hecho que mucho cine y mucha televisión católica es hagiográfico, estereotipado y a mí me resulta muy difícil reconocerme en él.

-¿Qué relación hay entre ser cristianos y artistas?
-Hablo por mí. Yo creo que cada hombre es elegido, es más, es “preelegido” y que la fe hace que cada persona sea sagrada. El yo narrador de mis películas comparte con los personajes un deseo común de felicidad. Mi pequeña creatividad depende de esta visión de la vida. Por este motivo me sorprenden algunos laicos. Parecen no darse cuenta, no ven algo que los trasciende que es extraordinariamente mucho más grande que nosotros. A veces les envidio, porque parece que no tienen esta exigencia, mientras que yo no puedo renunciar a ella. A veces me compadezco de ellos. Para mí la belleza es dividir y compartir, lo que significa amar, es decir, lo que nos dice el Evangelio, que es una revolución en un mundo que se declara solidario sólo con palabras y que después, en los hechos, es un traidor.

(Traducción de Helena Faccia Serrano, Alcalá de Henares)
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