Jueves, 22 de octubre de 2020

Religión en Libertad

«Ninguna noticia ha tenido, tiene, ni tendrá la actualidad perenne del Evangelio»: Miguel A. Velasco

Beltrán Uncialde / ReL

El veterano periodista Miguel Ángel Velasco habla de la actualidad y viveza del Evangelio, también en nuestra época líquida-gaseosa
El veterano periodista Miguel Ángel Velasco habla de la actualidad y viveza del Evangelio, también en nuestra época líquida-gaseosa

Sumergibles cargados con toneladas de cocaína, asesinos repugnantes que, tras dos años de cárcel, vuelven a la calle, holocausto diario de seres humanos abortados en el vientre de su madre, cómplices silencios de quienes no deberían tolerarlo y miran hacia otro lado, mujeres asesinadas por sus parejas, políticos y jueces corruptos, vendidos y comprados, rufianes respetados como si no fueran tales, dictadorzuelos de todo a cien, de ultraderecha, ultraizquierda y ultracentro, ávidos de poder, a costa de lo que sea, mediocridad rampante y alarmante, pasotismo relativista del “¡qué más da, todo vale!”, individuos que prenden fuego a ancianos, perros más cuidados que niños y que abuelos, miles de emigrantes y refugiados que dormitan, ateridos, en las calles heladas de las grande ciudades civilizadas, amenazas cósmicas de gases incontrolados y efectos invernadero, niños down despreciados, violaciones, analfabetismo, intelectuales cobardes de pensamiento debilísimo, supermillonarios de horóscopo y de vagancia provocadora, despidos, desahucios, padres de familia parados y sin esperanza alguna, a los 47 años, ciudades y pueblos sin niños… pero con mucho “bienestar”…, mucha inteligencia, pero artificial, virtual, banal, irreal...

Este es el alucinante panorama que puede ver, oír, leer y desayunarse cada mañana, cualquiera que, ingenuamente, por las buenas, se asome a la mayoría de los medios de manipulación camuflados de medios de “comunicación”. También hay muchas personas de bien, hay mucho bien; muchos santos anónimos de andar por casa, abuelos, madres y padres de las únicas familias posibles, hombres y mujeres consagrados a Dios en clausura… en realidad, hay más gente buena que mala, pero ésta hace mucho más ruido “viral” -siempre cuanto más “viral” mejor- que aquélla, porque, según acaban de titular, en portada, muchos medios, esta sociedad tóxica acaba de hacer un descubrimiento definitivo, en laboratorio: que “la realidad objetiva no existe”. Tal cual; así que mejor, apaga y vámonos…

-Así que ¿mejor apaga y vámonos, Miguel Ángel?

-De ninguna manera.  Si “la realidad objetiva no existe”, ¿existen los descubridores de esa rancia memez en laboratorio? Sí, es verdad que hay un ruido insoportable que busca aturdir a la gente a toda costa; es verdad que, en lugar de una sociedad sólida, hay una sociedad tóxica, cada vez más líquida, más gaseosa, más insulsa y sin sentido vital y moral; es cierto que hay un alucinante y, al parecer, creciente déficit de sensatez y de sentido común, pero ¿quién ha dicho que el ruido sea mejor que el silencio creador?

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El veterano periodista Miguel Ángel Velasco habla sobre la perenne actualidad del Evangelio

» Todo lo verdadero, todo lo grande, todo lo importante, todo lo realmente hermoso nace y crece en fecundísimo silencio. Cuando los que tienen que darse cuenta de algo tan elemental se la den -y, antes o después no tendrán más remedio que dársela, una vez que hayamos tocado fondo en el inevitable batacazo, de seguir así las cosas-, irá cambiando todo a mejor: las situaciones, los medios, los fines; pero, para ello, todos debemos ser conscientes de que esto sólo cambiará cuando empecemos por cambiar nosotros, y de que lo que usted y yo no hagamos, eso se queda sin hacer.

Hablo con Miguel Ángel Velasco, periodista, escritor, que, a la altura de sus ochenta años, y tras una vida dedicada a la verdad, desde el periodismo, acaba de publicar, en Libros Libres, una novela titulada El manuscrito de Antioquía: unas misteriosas ánforas del siglo I después de Cristo, rescatadas de un naufragio, impactan e inquietan al Washington Post y al Vaticano, según se lee en la portada del libro; un libro que huele a imprescindible regalo para esta Navidad… Lo tristemente habitual es encontrarte por la vida con personas que contagian miedo, inseguridad, desasosiego, stress, angustia, desconfianza, pesimismo -nadie da lo que no tiene-; pero uno tiene la suerte impagable de encontrarse, alguna vez, con alguna persona que te hace respirar esperanza, serenidad, seguridad, sensatez, sentido común… Miguel Ángel Velasco es uno de ellos…

-¿Qué es, Miguel Ángel, qué quiere ser y decir este Manuscrito de Antioquía que acaba de ser publicado?

-Es una recreación periodístico-literaria, un tanto novelada, del Evangelio; más concretamente, del evangelio escrito por Lucas de Antioquía. Es una mezcla de la historia más verdadera de todos los tiempos y de la imaginación más libre. Es también un sueño personal, acariciado largo tiempo y, por fin, cumplido. Quiere ser una especie de sana sacudida taquicárdica, una nueva y diferente bocanada de oxígeno puro, un escaparate de la Verdad, que es la que hace libres a los seres humanos.

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Se puede conseguir El manuscrito de Antioquía en
librerías y también aquí en OcioHispano

» La gente, la inmensa mayoría de la gente, cree que la libertad es la panacea total y definitiva; y la libertad es maravillosa, imprescindible, es condición “sine qua non”, pero no es un fin en si misma, y toda persona medianamente sensata sabe que la libertad no hace libres a los seres humanos. Lo que nos hace libres, en plenitud, es la verdad. Ya sé que abundan como nunca los cantamañanas Pilato que engolan la voz para preguntar: Y ¿qué es la verdad? Resulta que la tienen delante, ante sus mismas narices, y ni se enteran.

» No sé lo que un budista, o un masón, o un agnóstico tendrían que responder a esa pregunta. Sé lo que tiene que responder un cristiano, un creyente en Jesucristo, el Señor, que nos dijo: “Yo soy la verdad”. El problema comienza cuando los propios cristianos no acabamos de creerlo. Y, claro, así nos luce el pelo. Yo sí lo creo, con humilde y serena certeza total, y lo he querido decir, evocar y recordar, en estas páginas. El que tenga ojos para ver y leer, que vea y lea, y el que tenga oídos para oír, que oiga.

-Y ¿por qué precisamente ahora, y en vísperas de la Navidad?

-En vísperas de la Navidad puede resultar muy oportuno y hasta emocionante releer, en plan crónica periodística, el nacimiento de Jesús en Belén; pero además es que, desde hace muchos, muchos años, he soñado con escribir mi libro sobre Jesucristo, a mi manera. ¿Cuál es mi manera? Yo soy periodista. He dedicado más de cincuenta años de mi vida a esta profesión, y contar el Evangelio en forma de periódico, entrevistar a la madre del Señor y a la suegra de Pedro, hacer la crónica de aquel nacimiento en Belén, de cómo era el día a día de la Virgen, o el taller de José, la encuesta entre los personajes coetáneos de Cristo, el reportaje de la pesca en el lago de Genesaret, era un reto, algo que me atraía poderosamente, pero necesitaba tiempo para releer,  concretar datos y fechas, lugares y personas. La jubilación me ha dado ese tiempo.

» Durante mi vida profesional, intenté escribir esbozos, retazos; por ejemplo, mi pequeño libro “Nacido el 25 de Diciembre”, editado en “La voz de papel”, o por ejemplo, el relato que obtuvo el Premio Luca de Tena. Un matrimonio de emigrantes palestinos, ella a punto de dar a luz, llega en el siglo XX, a la madrileña estación de Chamartín y no encuentra quién les acoja (tampoco hoy habría “sitio para ellos en la posada”), y acaba dando a luz en un almacén de la periferia madrileña; pero ahora, por fin, he podido seguir todo el evangelio de Lucas, paso a paso, de principio a fin. Quiero agradecer, en voz alta y muy sincera, la amable acogida y la sensibilidad cristiana de Alex del Rosal y de LibrosLibres ante estas páginas.

 -¿Piensa que un libro así, un relato como éste, está de actualidad? ¿No tiene miedo a la indiferencia, al vacío  del pasotismo que parece dominarlo todo?

-A mi modo de ver, la cuestión no es si está o no de actualidad; eso puede valer para la moda, o para los clichés, etiquetas y mantras diversos que, lamentablemente, comen hoy el coco a tanta gente. Lo de dentro, lo de por arriba, no es de derechas ni de izquierdas, sino de otra dimensión. Me parece que la pregunta tendría que ser si hoy el Evangelio “es” actualidad, si sigue siendo para los seres humanos vida, carne y sangre.

» A los de las generaciones más jóvenes les han “mal enseñado” que vida, carne y sangre hoy se dice “influencer”. Bueno pues estoy absolutamente convencido de que ni ha habido, ni hay, ni habrá noticia alguna con más perenne, fascinante y plena actualidad que el Evangelio de Jesucristo; nada es ni será más “influencer”, vamos; aquí, y en todas partes. Hasta los empeñados en convertir la religión en ideología, o en sociología, son conscientes de que es así.

» La pregunta del millón podría ser, tal vez: ¿por qué hay tanta desconfianza? ¿Qué es lo que llevamos mucho tiempo haciendo mal, o, mejor dicho, no haciendo bien los cristianos? Habrá que perder el miedo, ¿no? Yo no tengo miedo. Tengo la impresión de que a Dios le gusta hacerse el dormido en la barca, durante la tormenta, para poner a prueba nuestra fe.

-Habrá muchos que dirán que todo lo que está pasando son “signos de los tiempos”…

-Claro que habrá muchos que lo digan, -hay muchos que lo dicen- pero se hace necesario recordar que ha llovido lo suyo desde que san Agustín dijo a los de su tiempo: nos sumus tempora, “nosotros somos los tiempos”; es decir, nosotros somos los que hemos de decir, y sobre todo hacer, cómo tienen que ser los tiempos, y no al revés. He leído recientemente, ahora no recuerdo dónde, que “peor que tener una enfermedad es ser una enfermedad”. Tenemos mucha urgencia de sentido común para darle la vuelta, cuanto antes mejor, a una sociedad y a una “cultura” que han perdido el sentido, la brújula de la verdad. Es una brújula imprescindible para no adecuar la verdad a mí, a mis gustos, self service, sino para adecuarme yo a la verdad, que no soy yo quien la ha creado ni la crea.

» Existe el mal, pero también existe el bien. Hay acciones, hechos, que nunca pueden ser buenos, y hay bienes, virtudes, valores que nunca pueden ser objeto de cesión o de transacción. La Verdad es la que es; no es cuestión de mayorías y minorías, ni tampoco de consensos.

Las ánforas rescatadas del naufragio, de las que habla El manuscrito de Antioquía, contenían el secreto infalible del esplendor de la Verdad. El olfato periodístico del Washington Post supo calibrar el impacto…  

 

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