Miércoles, 18 de septiembre de 2019

Religión en Libertad

«Esta sociedad ya no es cristiana», constata el cardenal Ravasi, del Consejo para la Cultura

El cardenal Ravasi durante la entrevista en el Congreso Signis de Cine en Madrid
El cardenal Ravasi durante la entrevista en el Congreso Signis de Cine en Madrid
El presidente del Pontificio Consejo para la Cultura, el cardenal Gianfranco Ravasi, estuvo hace unos días en Madrid para pronunciar la conferencia inaugural del Congreso Signis de Cine Católico (www.signishispania.es).

Viaja por medio mundo para repetir incansablemente, en un mundo secularizado, el íntimo vínculo que une a fe y a cultura y para dialogar, también incansablemente, con los no creyentes.

Sorprende que un erudito que ha dirigido una institución tan señera como la Biblioteca Ambrosiana sea uno de los pocos purpurados con cuenta en Twitter: estima que, bien utilizado, es una poderosa herramienta de evangelización.

-¿Por qué considera que Jesucristo fue el primer tuitero de la Historia?
-Los estudiosos de la Biblia reconocen como una componente importante del Jesús histórico las iloquias, pequeñas frases en griego. Estas pequeñas frases están modeladas por Jesús sobre la base del lenguaje común del momento. “Pedid y se os dará ”. Era un modo paralelo de expresarse.

- No es el único.
- Por supuesto que no, pero Jesús utiliza esas frases ya para trasmitir mensajes normales y para referirse a cuestiones religiosas de fondo. La primera prédica de Jesús fueron menos de cuarenta caracteres. “Convertíos, porque el Reino de Dios está cerca”. Es un mensaje tanto teológico como antropológico. Otro ejemplo, relacionado con la fe y la política: “Dad al César lo que es del César, a Dios lo que es de Dios”.

-Tercer ejemplo.
- La cuestión moral: “Amarás a Dios sobre todas las cosas y ama al prójimo como a ti mismo”. 120 caracteres en total. En cierta manera, Jesús ya responde a la petición de esencialidad y de estilo incisivo, propia de la comunicación contemporánea. Luego, es verdad que hay otras formas.

- ¿No es una visión algo reductora?
- Por eso es necesario tener siempre presente el principio según el cual lo uno no excluye lo otro. Jesús también usa mucho el género de la parábola, que es más televisivo. Mire, por ejemplo, el Sermón de la Montaña, un discurso mucho más articulado. La Iglesia ha de ser el lugar de los lenguajes múltiples.

- Primero, el mensaje claro, luego la pedagogía.
- Eso es. Es necesario que la comunicación moderna no excluya la profundización. Las preguntas fundamentales tienen una primera respuesta que impacta pero después hay que implicar al cerebro, es decir, al razonamiento.

-¿Cómo habría que hacer, entonces, para no transmitir una imagen errónea del mensaje evangélico?
- Volviendo a utilizar la catequesis, muy abandonada en los tiempos actuales. Asimismo, hay que convencer a la gente, y no solo a los creyentes, de la importancia del conocimiento en profundidad de la fe. El diálogo entre creyentes y no creyentes y la confrontación no entre ideas vagas y superficiales sino entre dos argumentaciones sólidas. Hay que acostumbrarse a razonar, algo que en la actualidad es difícil: estamos en la era de la superficialidad.

- Uno de los ejemplos de esta forma de evangelización son los 100 metros de carrera y de fe, que se celebraron por iniciativa suya el domingo pasado en el Vaticano. ¿Cuál es su utilidad? ¿No se olvidan de la fe tras correr los 100 metros?
- No, no, no...Vamos a ver. Está fuera de duda que el deporte es, hoy en día, un elemento esencial de comunicación, con las masas presentes en el estadio. Desgraciadamente, esta forma libre y creativa -el homo ludens- se ha subsumido en el torbellino del interés y, de forma muy particular, en el de los intereses comerciales. El resultado es que el deporte se ha convertido en la actividad en la que se manifiestan los peores instintos. De ahí que la Iglesia tenga que volver a proponer el deporte como espacio de creatividad, de gratuidad y de libertad.

- En el Evangelio hay una escena que rezuma deportividad: aquella en la que san Juan, que corría más deprisa por ser más joven, se detiene ante la puerta del Sepulcro, para no entrar antes que San Pedro que era el primado de los Doce.
- Por ejemplo. Tampoco hay que olvidar a San Pablo, en la Segunda Carta a Timoteo: “He terminado mi carrera, he conservado la fe”. O, más adelante: “¿No saben que en el estadio todos corren, pero uno solo gana el premio? Corran, entonces, de manera que lo ganen. Los atletas se privan de todo, y lo hacen para obtener una corona que se marchita; nosotros, en cambio, por una corona incorruptible”. El lenguaje religioso ha usado los símbolos del deporte.

- ¿Con qué finalidad?
- La religión no vive solo de las cosas que sirven; la religión es don. Y el juego también tiene que serlo.

- Usted promueve el diálogo con los ateos a través de un foro que se llama el Patio de los Gentiles. ¿Avanza el diálogo con los que niegan la existencia de Dios? Da la impresión que están ganando la batalla...
- No creo. Lo importante es fomentar el diálogo. Los ateos son pocos. La gran enfermedad de nuestro tiempo es la indiferencia. De ahí que a través del Patio de los Gentiles intentamos que los que niegan a Dios y que son personas serias se unan a una reflexión común sobre los grandes valores para entrar en el mundo de la indiferencia y llevar a ella, desde posiciones distintas, un discurso sólido.
Sin embargo, en el diálogo entre creyentes y no creyentes, los primeros son minoría, al igual que los segundos hace dos siglos.

»La indiferencia golpea a ambos por igual. Pero los creyentes tenemos que asumir que ya no vivimos en una sociedad asimilable a la civitas cristiana. Si uno entra en una pinacoteca, observará como el setenta por ciento de las obras son de inspiración religiosa; en cambio, al salir, la sensación es la contraria.

- ¿Hay forma de invertir la tendencia?
- Recuperando las grandes raíces cristianas de los asuntos importantes para volver a introducirlas en el mundo. Por eso he impulsado el diálogo entre fe y ciencia o fe y arte: últimamente, he estado en la Bienal de Venecia, próximamente estaré en el Salón del Libro de Turin. Y ya estoy trabajando en el proyecto de pabellón que la Santa Sede tendrá en la Exposición Universal de Milán en 2015.

- ¿Cuál es el hilo conductor de todas estas actividades?
- Llevar grandes temas, grandes asuntos, grandes relatos y grandes personajes de la fe.

- La retórica no basta por sí misma. ¿Hay alguna forma de que sus interlocutores no olviden lo que les dice?
- Sí: recordar siempre que fe y cultura van unidas. La pastoral diaria no puede prescindir del discurso cultural. San Pablo desarrolló la comunicación con un nuevo lenguaje, relacionándose con el nuevo mundo y adaptándose a las coordenadas del mundo grecorromano y no replegándose únicamente con sus fieles. Esto por una parte.

- Por otra...
- Lanzamos grandes señales. Además, todas las actividades del Patio de los Gentiles continúan luego en sede local con el concurso, entre otros, de las parroquias y de las universidades y, obviamente, de entidades no creyentes. La continuidad, pues, está garantizada.

- Dicho esto, en el Occidente democrático de raíces cristianas, los cristianos -y los no cristianos que comparten sus puntos de vista- están perdiendo todas las batallas que libran en los últimos tiempos. Un buen ejemplo viene dado por el ‘matrimonio’ gay: salvo en Italia y en Alemania, ya ha sido legalizado en todas las grandes naciones europeas, en los países del Benelux, en los escandinavos... ¿Proceso irreversible?
- Es uno de los signos más evidentes de que esta sociedad ya no es cristiana. El problema radica en que el cristiano sea capaz de ofrecer su visión moral y ética de un modo correcto y coherente. A eso se le llama testimonio. Aquí no vale una comunicación vaga. Los primeros cristianos, que también estaban en minoría, se integraron en la sociedad de su tiempo difundiendo la Palabra de Cristo de forma clara y hablando con todos. Hay que recordarlo. Es lo que hace el Papa Francisco: dirigirse a los que no piensan como él de forma que le entiendan.

- ¿Y le entienden? Todos tenemos la impresión de que el Papa habla bien pero no sabemos si sus advertencias hacen mella.
- ¡Habría que preguntárselo a ellos! Pero, fíjese en las continuas referencias a San Juan en las audiencias o en los Angelus: es una forma de transmitir la razón de la esperanza incluso para los que no tienen inquietudes religiosas y para que nadie se desanime.

- ¿Entiende la gente al Vaticano?
- No, entre otras cosas porque hay muchas deformaciones y manipulaciones sobre lo que realmente dice, lo cual no es nada nuevo. Sin embargo, empieza a entenderlo algo mas, gracias al Papa Francisco y a sus reformas. Empiezan a entender que es necesario que la Iglesia disponga de una estructura que esté bien conectada con las iglesias locales y que, en el plano interno, su funcionamiento sea mas correcto, mas puro y mas centrado en las esencias. Lo conseguiremos.

- ¿Cómo hace usted para tener tanta esperanza en este panorama desolador?
- Veo horizontes luminosos, de forma muy especial cuando dialogo con los que no piensan como yo.
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