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¿Existe el olor de santidad? Próximo misterio del patólogo Charlier, «Poirot de la ciencia forense»

El investigador ha logrado reconstruir el rostro de María Magdalena y actualmente investiga el misterioso «olor a santidad»

El doctor Philippe Charlier examina huesos humanos en la Escuela Bíblica de Jerusalén.Philippe Charlier.

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La muerte en olor de santidad se atribuye a grandes titanes de la virtud cristiana, desde Santa Teresa de Jesús al Padre Pío o Isabel la Católica entre muchos otros. Quienes así hablan de los difuntos no lo hacen solo en sentido figurado, pero muy pocos son capaces de precisar en qué consiste. Algo que Philippe Charlier, médico y patólogo francés, se ha propuesto desentrañar tras aplicar la medicina forense moderna a grandes santos de la Iglesia. En una reciente entrevista concedida a National Catholic Register, desvela los descubrimientos de su trabajo y responde a los mitos más extendidos sobre la muerte de santos y grandes figuras de la historia.

Por sus análisis han pasado reliquias y restos de figuras tan cruciales como San Luis de Francia, María Magdalena o Teresa de Lisieux hasta Francisco de Asís, Juana de Arco o Ricardo Corazón de León. Y como parte de su trabajo, cuenta que trata de ofrecer siempre una comprensión concreta de cómo vivieron y murieron algunas de estas figuras, tal y como expone en su último libro, L'Histoire au scalpel: Autopsie des morts célèbres -Historia bajo el bisturí: Autopsias de muertes célebres-.

Los grandes mitos

Durante la entrevista, desmiente algunos de los grandes mitos y leyendas sobre la muerte de algunos de estos difuntos.

Es el caso de San Luis de Francia, de quien Charlier llegó a demostrar que su muerte no fue por la peste ni tuvo lugar durante las cruzadas, sino de una grave infección asociada a un escorbuto avanzado.

También habla de otra gran santa, Teresa de Lisieux, sugiriendo que su muerte no se debió únicamente a la tuberculosis, sino que el mercurio que se empleaba para tratarla habría tenido también mucho que ver en el desenlace.

El conocido como “Poirot de la ciencia forense” también cuenta en su haber con la reconstrucción del rostro de María Magdalena a partir de los restos conservados en Provenza, trabajando con el cráneo, fragmentos de piel y cabello. Finalmente, demostró que los elementos analizados forman un conjunto coherente y compatible con una sola persona, descrita como una mujer mediterránea de unos 50 años. Una reconstrucción que, si bien no prueba la tradición por sí sola, la respalda significativamente.

Y los grandes engaños de la historia

Los restos de un rey medieval o de una monja de clausura se abordan con la misma disciplina que un caso forense moderno. La diferencia, explica al Register, es que “lo que se nos pide no procede del sistema judicial, sino de los historiadores. Una vez finalizado el trabajo —sentados alrededor de una mesa con todo el equipo—, la sensación es un poco como en una novela de Agatha Christie”.

Resolver misterios también termina siendo una de las conclusiones más habituales de su trabajo. Entre ellos, menciona sonados “engaños históricos” como el de las reliquias de Juana de Arco veneradas en un museo de Chinon y que resultaron ser fragmentos de momias egipcias.

También arrojó luz sobre lo que pudo haber convertido a Descartes en una de las mentes más brillantes de todos los tiempos: una asimetría en su cráneo, en una región vinculada a la abstracción y el lenguaje, que interpretó como la plasticidad del genio.

El mismo examen también puso fin a un persistente rumor: el filósofo no fue envenenado en Estocolmo, como se creía, sino que murió de neumonía tras un fuerte resfriado.

El resurgimiento del interés por las reliquias

Charlier observa que las autoridades eclesiásticas se encuentran cada vez más interesadas en exámenes científicos como los realizados por Charlier, con la intención de verificar la autenticidad de los objetos que se presentan a la veneración d ellos fieles.

Contrariamente a lo que escribió Calvino, asegura que en realidad no hay tantas reliquias falsas y que la mayoría de las veces, el problema no radica tanto en la falsificación como en el paso del tiempo, ya que las reliquias se desplazan, se fragmentan y se les atribuyen nuevas características a lo largo de los siglos.

De lo que Charlier no duda es en hablar de un “resurgimiento del interés por las reliquias” en el mundo occidental, a su juicio como reacción a una pérdida del sentido de lo sagrado en las sociedades descristianizadas.

“A los seres humanos les cuesta mucho tener fe sin algo tangible”, afirmó, y añadió que incluso en tradiciones como el protestantismo, que han buscado distanciarse de cualquier intermediario material entre lo terreno y lo celestial, en la práctica crean sus propios puntos de referencia. “Todavía necesitan, por ejemplo, la máscara mortuoria de Lutero para concretar la fe”.

Las reliquias, conexión entre devoción y ciencia 

 Según Charlier, las reliquias responden a la necesidad de poder ver, acercarse y tocar el ejemplo de santidad, y la ciencia no debe sustituir la devoción, sino justificarla.

Basándose en esta doble visión que se aúna en Charlier, el patólogo se muestra convencido de que su trabajo puede acercar la realidad de los difuntos, especialmente grandes figuras históricas y de la Iglesia, mostrándoles no como seres distantes, sino como personas cuyas vidas pueden conocerse mejor.

El siguiente misterio, el olor de la santidad

Todos ellos son algunos de los muchos temas que en su día a día le sitúan en el límite que separa la devoción y la ciencia forense. Y uno de los que más le atraen es sin duda el significado del “olor de santidad”.

Ya había abordado el tema en su estudio sobre Ricardo Corazón de León en 2013. En ese caso concreto, los olores detectados alrededor del corazón del rey inglés podían atribuirse a sustancias de embalsamamiento utilizadas deliberadamente para crear un olor agradable, aunque artificial.

Actualmente, Charlier está investigando si es cierta y literal la expresión de morir “en olor de santidad”, atribuido a figuras como Teresa de Ávila. Para ello, se encuentra en estrecha colaboración con perfumistas, enólogos e incluso chocolateros.

Este mismo afán por revivir la historia también impulsa su ambicioso proyecto museístico en Saint-Cloud, el último palacio real francés, que espera ser restaurado. Con una superficie de 10.000 metros cuadrados, situado a las afueras de París y con vistas de toda la ciudad desde el oeste, el museo, cuya inauguración está prevista para finales de 2028, ya busca acuerdos internacionales para llevar el proyecto a buen término.

“Es la continuación del sueño de mi infancia”, dijo Charlier. “Siempre me he visto como un viajero en el tiempo, y eso es exactamente lo que está sucediendo. Mi objetivo ahora es hacer que ese viaje sea accesible para otros”.

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