Sábado, 21 de septiembre de 2019

Religión en Libertad

El organismo cumple 80 años y la publicación 75 mientras se silencia su origen católico

El CSIC y la revista «Arbor»: sueño cumplido de unos perseverantes científicos católicos españoles

José Ibáñez Martín, primer presidente del CSIC, entregando un premio al Doctor Fleming en 1948
José Ibáñez Martín, primer presidente del CSIC, entregando un premio al Doctor Fleming en 1948

En 2019 coinciden dos efemérides muy importantes que son el 80 aniversario de la fundación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y el 75 aniversario de la revista Arbor. No es gran cosa lo que se ha hecho por recordar la fundación de la mayor institución científica española de la actualidad, ni por conmemorar la puesta en marcha de la revista científica decana en lo que a edición ininterrumpida se refiere en el panorama de la multidisciplinariedad, algo nada fácil hoy en día.

Tal vez al conocer quien puso en marcha ambas realidades se puede entender como lo políticamente correcto prefiere correr un tupido velo sobre ciertas conmemoraciones. Ambas tienen mucho que ver con una realidad eclesial, la de la Asociación Católica de Propagandistas (ACdP), que mantiene el testimonio de Jesús a través de la presencia pública de su acción, algo que lleva haciendo hace ahora exactamente 110 años.

Se trata de una de las realidades eclesiales vivas y animadas por el laicado más veteranas del panorama de España. Ahí está con su Universidad CEU San Pablo con varias sedes, o sus colegios, o su congreso Católicos en la Vida Pública. Pero el tema a tratar aquí son sus raíces, o lo que ha hecho y de lo que ya nadie se acuerda. La ciencia española le debe mucho a la ACdP.

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El fundador del CSIC, un católico activo y comprometido

José Ibáñez Martín, fundador del CSIC fue un miembro de la ACdP. Sólo este señor tira por tierra el discurso sobre que los católicos son enemigos de la ciencia y del saber. Nació el 19 de diciembre de 1896 en Valbona, donde dos siglos antes había nacido el Padre Piquer, fundador de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Madrid. Obtuvo dos licenciaturas con número uno y premio extraordinario en la Universidad de Valencia: la de letras (1918) –sección historia-  recibiendo por ello la Gran Cruz de Alfonso XII, y la de derecho (1920), iniciando posteriormente en ambas estudios de doctorado.

Su educación profundamente humanista y cristiana se la transmitió el Centro Escolar y Mercantil, que con tanto acierto dirigía entonces el ilustre jesuita P. José Conejos, y en cuya biblioteca Ibáñez-Martín conoció la obra de Balmes, Aparisi y Guijarro, Donoso Cortés y Menéndez y Pelayo, de quien siempre se consideró discípulo y en torno a cuya obra La Ciencia Española construyó el CSIC. En 1933 consiguió ser diputado en las cortes de la II República por la provincia de Murcia en la lista de la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA).

En este último intervalo de tiempo fue cuando entró a formar parte de la Asociación Católica Nacional de Propagandistas (ACNdP). Concretamente el 30 de mayo de 1932 recibió, junto a otros diez Propagandistas, la imposición de su insignia, de la mano de don Benjamín Arriba y Castro, que posteriormente sería obispo de Mondoñedo y arzobispo de Tarragona, en representación del obispo de Madrid, Monseñor Eijo y Garay, con quien tanta relación científica acabaría teniendo, como más adelante veremos. También recibieron la insignia Pedro Cantero, sacerdote que llegaría a ser obispo de Barbastro, y Luis Ortiz Muñoz.

Persecución en la guerra civil

Tras el inicio de la Guerra Civil, pudo evadirse de Madrid huyendo del Frente Popular como tantos otros: se refugió en la legación de la Embajada de Turquía. La ACdP sufriría gran persecución en ese momento: uno de cada 6 Propagandistas de Madrid fueron asesinados. Angel Herrea pasó de la condena del levantamiento al acatamiento al poder constituido, como había hecho en la IIª República, por lo que fueron los Propagandistas proscritos durante algún tiempo durante el franquismo.

Con extrema habilidad, y poniendo en práctica todas sus dotes políticas, Ibáñez-Martín consiguió la promulgación del Decreto Fundacional del CSIC recién terminada la Guerra Civil, cuando los medios materiales eran imprescindibles para paliar los desastres acaecidos. Lo temprano y arriesgado de la propuesta ponen de manifiesto cómo Ibáñez-Martín tenía en mente desde tiempo atrás dar un impulso definitivo a la investigación científica española, y lo planteado por él mismo en el Decreto Fundacional y en la estructuración del CSIC dan cuenta de hasta qué punto su fe católica, que vivió como Propagandista, impregnaron toda su actividad en este campo de acción.

La carta de un Papa y de otro futuro Pontífice

La creación del CSIC tal vez sea la única, última y más grande plasmación práctica del ideal católico en una institución científica en todo el Occidente.  Por Orden de 8 de marzo de 1940, Ibáñez-Martín designó la jerarquía, emblema y patrono espiritual del CSIC. El emblema correspondió al Arbor Scientiae que …siguiendo y adaptando la tradición luliana…que represente un granado, en cuyas diversas ramas se aluda en lengua latina a las manifestaciones científicas que el Consejo cultiva”. En cuanto al patrono espiritual, san Isidoro de Sevilla porque “…representa en nuestra historia el primer momento imperial de la cultura española”.

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En la Memoria del CSIC de 1943 se recogen los documentos quizás más interesantes para valorar cómo se veía la labor realizada por Ibáñez Martín en el CSIC desde un punto de vista religioso. Sería el propio Papa Pío XII quien le dirigiría una carta, diciendo lo siguiente:

“Con singular benevolencia hemos acogido tu homenaje al enviarnos una hermosa selección de los notables trabajos publicados por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, prueba palmaria, no solamente del ingenio español, sino también de los abundantes frutos ya recogidos, en la vida, todavía no larga, de tan benemérita Institución, llamada a contrarrestar el pernicioso influjo desgraciadamente producido en el campo del saber español por los sembradores de la mala semilla, y a sentar firmemente los cimientos de una restauración científica que restituya al pensamiento español su profundo y glorioso sentido tradicional y católico . Para  tal restauración has querido fundar, como elemento principal, este Consejo, a fin de que la ciencia española, siendo una aspiración hacia Dios, tienda a la verdad y al bien con la unidad de la filosofía cristiana y como medio de realización de progreso. Por eso en él habéis reconocido a la Sagrada Teología la primacía sobre las disciplinas del espíritu; por eso habéis resuelto dedicar un templo al Espíritu Santo, a fin de que en vuestros sesudos trabajos no os falten sus luces".

Acompañaban a estas dos cartas de sendos cardenales de la Curia Romana, una de ellas firmada por Giovanni Battista Montini (1897-1978), que con el tiempo llegaría a ser Pablo VI.

La capilla del Espíritu Santo

Precisamente el día del Pilar y de la Hispanidad de 1946-47 se realizó la inauguración de los edificios del Consejo Superior de Investigaciones Científicas en Serrano 117, actual sede central, comenzando los actos con una misa del Espíritu Santo en la recién inaugurada Capilla del Espíritu Santo, hoy Iglesia del Espíritu Santo –todavía abierta al culto-y diciendo en su discurso inaugural Ibáñez Martín:Las primicias de esta obra han sido para Dios... no podía faltar el santuario de Aquél sin cuyo soplo vital resulta estéril y yerta la ciencia humana”.

Ibáñez-Martín la mandó construir al lado de la sede central del CSIC en Madrid, sobre el antiguo Auditorium de la Residencia de Estudiantes fundada por el monarca católico Alfonso XIII, por Miguel Fisac, católico y miembro del Opus Dei, que estuvo asesorado por varios teólogos en sus aspectos litúrgicos.

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En la Memoria de 1949 se recoge la celebración del 10º aniversario, en el que se congregaron un elevado número de premios nobel y científicos de todo el mundo que elogiaron el funcionamiento del CSIC. Ibáñez Martín denominó a la reunión Primer Congreso Universal, que probablemente lo fue, en cuya clausura pronunció un discurso con las siguientes palabras:... hombres de honda formación, de concepción clara, de un sentido riguroso del deber, se hayan reunido en España para tratar de temas universales. Y es que cuando el alma y la vida del mundo tienen que volver a la ruta universal, si quieren estar en el camino cierto, tienen que volver a España, que no supo vivir más que para los demás. Este primer Congreso universal de investigadores está lleno de un profundo sentido de tolerancia y de libertad personal, y aquí hoy están hombres que concebimos la historia desde diferentes puntos de vista, que profesamos diferentes religiones y que aspiramos a vivir constituidos siempre con un sentido de unidad moral, pero con matices diversos. Y todo esto puede ocurrir porque partimos de una base moral que nos es común, porque creemos todos en Dios, porque sabemos que sólo un sentido cristiano puede salvar la humanidad y porque estamos seguros de que por esta senda, con una mayor hermandad de todos, puede salvarse la paz universal.

José María Sánchez Muniain

En cuanto a los 75 años de la revista Arbor, Ibáñez Martín fue su más longevo director, pero hubo otros también de la ACdP, como José María Sánchez Muniain. Dice de él la Gran Enciclopedia Navarra: “Periodista, catedrático y filósofo. Estudió bachillerato en Tudela y Derecho en la Universidad de Madrid; después, Filosofía Letras, en la que se doctoró. Redactor de El Debate (1930-1933), le sorprendió la guerra en Madrid; fue condenado a muerte. Obtuvo Muniáin  la cátedra de Estética en la Complutense de Madrid (1945-79), fue consejero de Investigaciones Científicas, cuya revista Arbor dirigió; director general de Enseñanza Media (1951) y vicepresidente del Consejo Nacional de Educación (1954). Fundó, con Máximo Cuervo, la Biblioteca de Autores Cristianos, de la que luego fue subdirector y director; y presidió la junta de Editorial Católica (1967), en la que antes había sido consejero delegado de Redacción. Pablo VI le designó (1968) miembro honorario del Estado de la Ciudad del Vaticano. También Muniáin presidió la Junta Nacional de Acción Católica y fue secretario en la Federación de Padres de Familia…El estudioso roncalés, hijo de una familia enraizada en la Solana, fue un cristiano consecuente y activo, que no hurtaba la religión y el carácter a su elaboración investigadora; «El cristiano, el hedonista y el ambicioso concebirán por una especie de necesidad psíquica formas de filosofía que les sean connaturales. Por ello, el verdadero fundamento de algunas aberraciones intelectuales debe ser buscado en enfermedades del espíritu, generalmente colectivas".

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Otero Navascués

Después de Sánchez Muniaín compartieron la dirección de la revista en 1951 Otero Navascués y Calvo Serer, siendo aquel además director con posterioridad a éste desde 1953 a 1956. De 1956 a 1969 dirigiría la revista José Ibáñez Martín.

Jose Mª Otero Navascués (Madrid 1907-1983), Marqués de Hermosilla, fue un militar científico español, dedicado a las ciencias físicas, interesado en principio por la metalurgia pero finalmente decantado por la óptica. Nació el año en que Alfonso XIII fundó la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas (JAE), un año después de que Santiago Ramón y Cajal recibiera el Premio Nobel de Fisiología o Medicina por el descubrimiento de la neurona, momento del nacimiento de la moderna neurociencia, cuestión directamente relacionada con este Año de la Neurociencia 2012. Tras la Guerra Civil fue fundador del Instituto de Óptica Daza de Valdés (CSIC).

Se le atribuye el descubrimiento de la miopía nocturna. Por haber sido director de la Junta de Investigaciones Atómicas y director de la Junta de Energía Nuclear (presidente de 1958-1974) en la que se instaló el primer reactor nuclear de España- y por haber construido la primera central atómica –la de José Cabrera, en Guadalajara- se le considera el padre de la energía nuclear española, en la que España llegó a ocupar el séptimo lugar en el mundo. Llegó a presidir el Comité Internacional de Pesas y Medidas, y fue nombrado doctor honoris causa por la Universidad de Valencia, Rouen y Lovaina.

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Una religiosidad puesta al servicio de los demás

De familia católica, fue un hombre de misa diaria, y según Manuel Lora-Tamayo “…de gran sentido moral y profunda religiosidad…”. Hizo explícitamente patente su fe en su vida pública. Impartió una conferencia en la Asamblea General de los Organismos Internacionales Católicos (APJON), celebrada en París (12-15 de marzo de 1954), titulada “El científico católico en los mediados del siglo XX”. Reconoció en dicha conferencia la existencia de científicos que antes que él estudiaron o comentaron el fenómeno de la miopía nocturna, su gran descubrimiento. En sus discursos empleó a menudo un lenguaje científico y teológico. Tuvo relación con la Federación Internacional de Hombres Católicos (Unum Omnes), Pax Romana, Acción Católica, Asociación Católica de Propagandistas (en 1962) –a la que llegó a pertenecer- y uno de sus más interesantes logros fue la puesta en marcha de la Obra Católica de Asistencia Universitaria, dedicada a la acogida de estudiantes cristianos perseguidos en países socialistas. Por sus servicios a la Iglesia universal Otero recibió del Vaticano la Gran Cruz de san Silvestre y el nombramiento de Comendador con placa de la Orden de san Gregorio Magno.

A los 26 años se hizo de Acción Católica, concretamente en 1933. Iniciada la Guerra Civil, se refugió en la Embajada de Noruega, en Madrid, para evitar ser asesinado por el Frente Popular.

En el curso 1941-42 Otero Navascués fue nombrado vocal colaborador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. En 1946 fue nombrado vicepresidente 2º del Consejo Superior de Hombres de Acción Católica. También fue nombrado vicepresidente de la Federación Internacional de las Asociaciones de Hombres de Acción Católica (FIHC), en 1951, de la que acabaría siendo presidente en 1954, dedicándose con intensidad a la protección de los católicos en los países socialistas.

En 1952 fue nombrado vicepresidente de la Comisión Española de la UNESCO. Fue impulsor de la creación de la Obra Católica de Asistencia Universitaria (OCAU), organización internacional que dio becas para estudiantes exiliados de los países socialistas, respondiendo así a la súplica de Pío XII para que se les ayudara, y estando en ella involucrado el entonces obispo de Madrid, don Casimiro Morcillo. En 1946 fue nombrado su presidente.

Su relación con el CSIC comienza como secretario del I. de Física Alonso de Santa Cruz, del cual fue director Julio Palacios – con quien había colaborado en el Laboratorio de Investigaciones Físicas-  en el que surgió la Sección de Óptica, de la que Otero fue nombrado jefe en 1940. En 1946 se creó el I. de Óptica Daza de Valdés, del que Otero fue nombrado director. Ya fundó con anterioridad el Laboratorio de Óptica en el Ministerio de la Marina, en 1934, vinculado al Laboratorio de Investigaciones Físicas. Gestiones directas de Otero posibilitaron la recuperación para la investigación de un histórico, Miguel Catalán, a quien Franco había dejado sin cátedra, consiguiendo para él la devolución de su cátedra y nombrándole jefe del Depto. de Espectros del I. de Óptica Daza de Valdés.

Además, en el campo docente, creó los estudios de óptica. En 1956 fundó en el CSIC la Escuela de Anteojería, y en 1972 la Escuela Universitaria de Óptica de la UCM, y la de Tarrasa, de la UPB. Creó además el Centro de Investigaciones de la Armada (CIDA), la Empresa Nacional de Óptica (ENOSA). En 1964 creó el I. de Estudios Nucleares de la JEN. Ofreció un proyecto en El Escorial para la construcción del CERN. En 1953 involucró al CSIC Comité Internacional Permanente de Pesas y Medidas, siendo nombrado vocal por España – era ya miembro del Comité Consultivo de Fotometría (CIPM), que presidió en 1954- y presidente en 1968.

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Uno de los fundadores de la Universidad Autónoma de Madrid

A Luis Sánchez Agesta (1914-1997) de la ACdP, católico practicante,  le dieron en 1988 el Príncipe de Asturias en Ciencias Sociales. Estuvo casado con Araceli Robles Álvarez de Sotomayor con quien tuvo doce hijos. Fue uno de los constructores de la Universidad Autónoma de Madrid.

Estudió Derecho en la Universidad de Granada, y se doctoró en la Complutense de Madrid. En 1941 obtuvo la cátedra de Derecho Político en la Universidad de Oviedo, se trasladó con ese cargo a la de Granada, de la que fue rector entre 1951 y 1960, y acabó en Madrid, en la Universidad Autónoma, donde ostentó el mismo cargo. Fue fundador y primer rector de la Universidad Autónoma de Madrid y, en 1974, presidente del Consejo Nacional de Educación. En la Facultad de Derecho de esta Universidad impartió clases al entonces Príncipe de España, siendo decano de su F. de Derecho (1975) y catedrático de derecho constitucional (1977). Se mantuvo alejado de los núcleos más duros del franquismo. Se opuso tras la muerte de Franco (1975) al proyecto del “Espíritu del Doce de febrero” de Carlos Arias Navarro por considerar que únicamente pretendía una reforma del franquismo, y apoyó a los sectores que reclamaban la transición hacia la democracia liberal. Miembro de la Academia de Ciencias Morales y Políticas y de la Academia de Jurisprudencia y Legislación, fue senador por designación real en la legislatura constituyente (1977-1979).

Su actividad científica se centró en el Derecho Político y Constitucional, con una larga serie de publicaciones, entre las que se pueden citar: Teoría de la constitución, «Curso de Derecho Constitucional, La ciencia política en España, Historia de la monarquía en España, Doctrinas constitucionales en Europa, Derecho Constitucional comparado, Principios de teoría política, Historia del constitucionalismo español, El pensamiento político del Despotismo Ilustrado, España al encuentro de Europa, Historia de la monarquía española y unos doscientos trabajos más, publicados en revistas científicas.

De cómo la ACdP ha conciliado fe católica y ciencia da cuenta también que haga más de 85 años de la fundación de la Fundación Universitaria San Pablo-CEU. Las iniciativas en pro de la cultura llevadas a cabo por la ACdP desde su fundación han sido además, el diario El Debate y su Escuela de Periodismo –la primera de España, fundada en 1926-, la Editorial Católica (EDICA), la Biblioteca de Autores Cristianos (BAC), el Colegio Mayor Universitario de San Pablo, y el Congreso y las Jornadas Católicos y Vida Pública, a los que me he referido antes. En el ámbito de lo sociopolítico, su actividad ha cristalizado en el Instituto Social Obrero (ISO), la Confederación Nacional Católico Agraria, la Confederación Nacional de Estudiantes Católicos, Cáritas (la mayor ONG española),  Acción Popular, la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA), el Grupo Tácito y el Programa Esperanza 2000, entre otros.

 

 

 

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