En el hoy del Espíritu

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Quieres ser libre, obedece al Espíritu. Ser esclavo del Espíritu es la verdadera libertad.
A veces buscamos la presencia del Espíritu en un retiro, en un momento fuerte de oración. En esos momentos recibes una gracia especial que te hace sentirte amada hasta el extremo, o te susurra que el es el que realmente te conoce y quiere tomar la iniciativa para cambiar tu vida. Pero, ¿porqué no caemos en la cuenta que el Espíritu actúa cuando estas desayunando, escuchando una hermosa clase, cuando paseas, cuando estás solo en tu casa? Después de un momento de especial presencia, el Espíritu viene a la vida de cada día, para hacerte libre.
Por eso, estamos en el momento del Espíritu, que hace que todo cambie, pero en los momentos que él tiene designados.
Pero no porque ya empiece el Tiempo ordinario, el Resucitado no está presente. Ni Pentecostés es para un día. Es para toda la vida. Pero es ahora cuando veremos como es la vida del Señor, que lleno del Espíritu hacía su obra en su existencia cotidiana. Los momentos de especial presencia le llevaban a la entrega en los momentos sencillos de cada día, donde curaba, sanaba, resucitaba. Esos signos señalan la existencia de un Dios hecho hombre que vivía con los suyos.
Por eso, hoy, en tu vida, en esta noche, o mañana cuando veas al sacerdote revestido de verde, y no de blanco. Entonces es ahí cuando sabemos que es Pentecostés. La promesa está cumplida y Dios ha entrado en tu historia.
Los signos que Dios te pide pueden ser hacer milagros, resucitar muertos. Consolar enfermos, acoger a los que vienen, rezar, interceder... Pero esos signos solo muestran que Dios ha cumplido su promesa. Ha entrado en tu historia para que vivas hoy el Pentecostés. El Espíritu entra dentro de ti. Tú y yo vemos cumplida la promesa.
Belén Sotos Rodríguez