Conociendo a León XIV: Mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales 2026
Nueva entrega de una serie para conocer mejor el pensamiento, el lenguaje y los acentos del Papa León XIV, y para preparar una acogida más atenta de su magisterio en España.

El Papa León XIV invita a custodiar voces y rostros humanos frente a una cultura mediática cada vez más dominada por la inteligencia artificial.
Hay textos pontificios que, leídos en su fecha propia, tienen una importancia evidente, pero que cobran una fuerza aún mayor cuando se releen desde una coyuntura eclesial concreta un tiempo después. Eso sucede con el mensaje de León XIV para la LX Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, fechado el 24 de enero de 2026, memoria de san Francisco de Sales, y titulado “Custodiar voces y rostros humanos”.
Publicado el pasado domingo, en la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, hoy, con esta reflexión en el Domingo de Pentecostés, día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar, este mensaje adquiere una doble resonancia particularmente fecunda. Si la Ascensión del Señor es nuestra victoria, ahora, con la promesa cumplida del Espíritu Santo para ser sus testigos, desde Pentecostés, es la fiesta de la palabra comprendida.
Su Espíritu es lo que hace posible una comunicación verdadera entre pueblos distintos y del nacimiento de una comunidad reunida sin uniformidad, y el mensaje de León XIV aparece como una llamada muy actual a defender aquello que hace humana la comunicación: el rostro, la voz, la verdad, la libertad interior y la responsabilidad.
“Para conocer a León XIV hay que escuchar también cómo defiende la comunicación humana cuando esta empieza a ser sustituida por su simulación.”
Un mensaje profundamente humano
Desde sus primeras líneas, el Papa sitúa la cuestión en un plano decisivo. El rostro y la voz no son simples soportes de información, ni meros instrumentos funcionales de intercambio. Son signos sagrados de la persona, rasgos irrepetibles que manifiestan su identidad y hacen posible el encuentro.
Esta afirmación inicial es más importante de lo que parece. León XIV no comienza hablando de tecnología, de regulación o de eficiencia, sino de antropología. Su punto de partida es que comunicar no significa solo transmitir datos, sino expresar una presencia personal llamada a la relación.
Ahí aparece uno de sus rasgos más característicos: la capacidad de llevar inmediatamente una cuestión contemporánea al centro de la comprensión cristiana del hombre. No parte de la fascinación por la novedad técnica, sino de la pregunta por qué tipo de humanidad queremos custodiar.
“El problema decisivo no es lo que la tecnología puede hacer, sino qué queda del hombre cuando deja de custodiar su rostro y su voz.”
Pentecostés como clave de lectura
Leer este mensaje en Pentecostés permite captar todavía mejor su densidad. En la tradición cristiana, Pentecostés no representa una comunicación uniforme, impuesta o programada desde arriba, sino una comunión que respeta la diversidad de las lenguas y hace inteligible la verdad sin borrar la singularidad de cada uno.
Precisamente por eso resulta tan sugestivo que León XIV hable de custodiar voces y rostros humanos. El Espíritu Santo no reemplaza la voz humana, sino que la hace más verdadera; no anula los rostros, sino que los reúne en una comunión que no los confunde.
En una cultura que tiende a reemplazar el encuentro por la simulación, la palabra por el estímulo y la relación por la interacción programada, el mensaje del Papa puede leerse como una auténtica meditación de Pentecostés para nuestro tiempo.
Esto hace que el artículo, publicado el 17 de mayo, no parezca una pieza desplazada respecto a enero, sino muy bien situada en el calendario litúrgico y cultural. El tema de la comunicación encuentra ahora en Pentecostés su marco teológico más natural.
“Pentecostés recuerda que comunicar de verdad no es imponer una voz única, sino hacer posible la comunión entre rostros irrepetibles.”
No renunciar al pensamiento propio
Uno de los pasajes más penetrantes del mensaje aparece cuando León XIV advierte contra la erosión de nuestra capacidad de pensar por nosotros mismos. El Papa observa que algoritmos diseñados para maximizar la implicación en redes sociales premian emociones rápidas, penalizan la reflexión y debilitan la escucha, el pensamiento crítico y la comprensión.
A eso añade una crítica muy lúcida a la confianza ingenuamente acrítica en la inteligencia artificial como si fuera una “amiga” omnisciente, archivo de toda memoria y oráculo de todo consejo.
Su preocupación no se limita a los errores técnicos de la IA, sino que alcanza algo más profundo: el riesgo de delegar a las máquinas funciones mentales, creativas y comunicativas que forman parte de nuestra responsabilidad como personas.
Este punto toca de lleno la situación actual en España. También aquí crece la tentación de ahorrar esfuerzo intelectual, de dejar que otros piensen por nosotros, de consumir resúmenes, opiniones ya masticadas o productos culturales sin autoría reconocible. León XIV introduce aquí una advertencia de gran calado: renunciar al proceso creativo y al esfuerzo personal no es un simple cambio de herramienta, sino una pérdida de humanidad.
“Cuando dejamos de pensar por nosotros mismos, no solo delegamos una tarea: empezamos a empobrecer nuestra propia humanidad.”
La simulación de la relación
Otro de los núcleos más fuertes del texto es la crítica a la simulación. León XIV advierte que cada vez resulta más difícil distinguir si interactuamos con personas reales o con agentes automatizados, bots o influencias virtuales diseñadas para persuadir, imitar emociones y ocupar la intimidad de las personas.
Aquí aparece un León XIV especialmente atento a las consecuencias culturales, afectivas y políticas de la inteligencia artificial. El problema no es solo la existencia de herramientas nuevas, sino la posibilidad de que estas sustituyan progresivamente la relación con el otro por un mundo de espejos construido “a nuestra imagen y semejanza”.
La observación es especialmente valiosa para una sociedad como la española, donde crece el peso de la mediación digital en la educación, en la vida afectiva, en el consumo de información y en el acompañamiento de la soledad. El Papa acierta al señalar que sin aceptación de la alteridad no puede haber ni relación ni amistad.
“La gran amenaza no es solo que la máquina nos imite, sino que nosotros acabemos prefiriendo relaciones que no nos contradigan nunca.”
Desinformación, periodismo y verdad
El mensaje entra también en un terreno muy concreto cuando habla de la falta de precisión, de las “alucinaciones” de ciertos sistemas y de la crisis del periodismo de campo, basado en la recogida y verificación de información allí donde ocurren los hechos.
León XIV advierte que esta combinación puede alimentar todavía más la desinformación y generar desconfianza, desconcierto e inseguridad.
Este pasaje merece una lectura atenta en España. Nuestro ecosistema informativo está marcado por la aceleración, la polarización, la lógica del clic y la dificultad de sostener mediaciones periodísticas fuertes. El Papa no ofrece aquí una nostalgia estéril, sino un criterio muy claro: la confianza pública se gana con precisión y transparencia, no con la búsqueda desesperada de atención.
Para un artículo publicado en Pentecostés, esta reflexión tiene además un eco espiritual muy sugerente. El Espíritu Santo no es confusión ni ruido, sino luz para comprender, palabra que reúne y verdad que no manipula. Leer así el mensaje de León XIV lo convierte casi en una exhortación sobre la responsabilidad moral de la palabra en tiempos de saturación comunicativa.
“Donde la atención vale más que la verdad, la comunicación deja de servir al bien común.”
Una alianza posible
León XIV no se limita a denunciar riesgos. El mensaje propone una posible alianza para guiar la innovación digital sobre tres pilares: responsabilidad, cooperación y educación.
Pide responsabilidad a plataformas, programadores, legisladores, medios de comunicación y usuarios; reclama cooperación entre sectores diversos; y subraya la urgencia de una alfabetización mediática, informativa y en IA que alcance especialmente a jóvenes, mayores y personas marginadas.
Este planteamiento revela otro rasgo importante de su magisterio. León XIV no adopta un tono apocalíptico ni tecnófobo. Reconoce la magnitud del desafío, pero evita el fatalismo y propone un camino de discernimiento y acción común.
En España esta propuesta puede ser muy fecunda. Ayuda a salir de la falsa alternativa entre entusiasmo ingenuo y rechazo visceral de la tecnología. El Papa invita más bien a una madurez humana y cultural que permita usar estos instrumentos sin dejarse configurar por ellos.
“León XIV no pide huir de la tecnología, sino impedir que la tecnología termine definiendo qué significa ser humano.”
Qué revela este mensaje sobre León XIV
Leído en conjunto, este mensaje permite reconocer varios rasgos muy claros del Papa.
- Una fuerte preocupación antropológica: todo parte de la dignidad de la persona, de su rostro y de su voz.
- Una mirada crítica pero no desesperada sobre la inteligencia artificial y la cultura algorítmica.
- Una defensa muy neta de la verdad, de la autoría y del trabajo periodístico riguroso.
- Una comprensión de la comunicación como encuentro, no como mera circulación de estímulos.
- Una confianza en la educación como camino para una ciudadanía digital más libre y responsable.
Todo ello confirma que León XIV no trata la cuestión tecnológica como un tema secundario o especializado. La entiende como uno de los grandes lugares donde hoy se juega la libertad del hombre, la calidad de la vida social y la posibilidad misma del encuentro humano.
Qué nos dice hoy en España
Publicado en la solemnidad de la Ascensión del Señor y ahora reflexionado también a la luz de Pentecostés, este texto puede ser recibido en España como una invitación particularmente oportuna. En una sociedad cansada por la sobreexposición digital, por la crispación mediática y por la creciente dependencia de sistemas automáticos de producción y filtrado de contenido, León XIV llama a recuperar una comunicación más humana, más veraz y más responsable.
Para la Iglesia en España, además, el mensaje abre un campo de discernimiento muy concreto. No basta con estar presentes en redes o utilizar herramientas nuevas; hace falta preguntarse si nuestras palabras ayudan realmente al encuentro, si nuestros medios custodían rostros concretos y si nuestra forma de comunicar transparenta verdad, caridad y libertad interior.
Si queremos acoger mejor a León XIV, este texto merece mucha atención. Porque deja ver con claridad que el Papa no contempla la comunicación como un simple instrumento pastoral, sino como un lugar decisivo donde se protege o se degrada la humanidad misma.
“Escuchar a León XIV en Pentecostés puede ayudar a la Iglesia en España a comunicar menos desde la prisa y más desde la verdad, el rostro y la comunión.”
Para seguir el recorrido
Este mensaje confirma una línea ya visible en otros textos del pontificado: León XIV piensa desde Cristo y desde una alta visión del hombre, y desde ahí entra sin miedo en los grandes debates contemporáneos.
Igual que había hablado de los pobres, de la paz, de la migración y de los jóvenes desde una síntesis de Evangelio, cultura y discernimiento espiritual, aquí aborda la comunicación y la IA como un verdadero campo antropológico y pastoral.
Leído en el marco de Pentecostés, el texto permite además intuir uno de sus acentos más prometedores: la defensa de una palabra humana capaz de decir verdad, de custodiar la singularidad de las personas y de abrir un espacio de encuentro real en medio de una cultura cada vez más dominada por la simulación.