Religión en Libertad

Prades: "El hombre transhumano se construye a sí mismo, no es criatura"

Explica el origen de «Quo vadis, humanitas?» y los retos del transhumanismo.

Javier Prades es catedrático de Teología Sistemática en la Universidad Eclesiástica San Dámaso de Madrid y miembro de la Comisión Teológica Internacional.

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Javier María Prades López, sacerdote, catedrático de Teología Sistemática en la Universidad Eclesiástica San Dámaso y miembro de la Comisión Teológica Internacional (CTI) para el quinquenio 2021-2026, presidió la subcomisión encargada del documento "Quo vadis, humanitas? Pensar la antropología cristiana ante algunos escenarios futuros de la humanidad", aprobado por unanimidad en la CTI y publicado el 4 de marzo de 2026 por el Dicasterio para la Doctrina de la Fe. 

En esta entrevista exclusiva responde a diversas preguntas sobre el texto, los desafíos tecnológicos para la antropología cristiana y la misión de la CTI en la Iglesia universal.

-¿Cómo surgió la idea de este documento en la Comisión Teológica Internacional (CTI), y cuál fue su rol específico como presidente de la subcomisión?

-Cuando comienza el quinquenio para el que ha sido nombrada, la Comisión Teológica Internacional considera algunos temas teológicos para su estudio. Pueden provenir ya sea del Santo Padre o del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, o bien de la deliberación de la Plenaria de la CTI. Luego se seleccionan normalmente tres temas por quinquenio, que se asignan a distintas subcomisiones. Cada subcomisión tiene un presidente que ejerce una tarea de coordinación del grupo, con el Secretario general y con el conjunto de la Comisión Teológica Internacional. En ese contexto, se fue perfilando la necesidad que el Papa Francisco había señalado de hacer frente a los grandes retos con los que hoy día se encuentra la antropología cristiana.

-El documento confronta el transhumanismo y el posthumanismo con la antropología cristiana: ¿cuáles son las tentaciones más peligrosas de estos movimientos para la fe hoy?

-Ambos movimientos expresan una comprensión del ser humano que quiere superarse en virtud de sus propias fuerzas. Se habla mucho de "Human Enhancement", entendido como una mejora de lo humano que dependería exclusivamente de las capacidades tecnocientíficas del ser humano para llevarlas a término. En el caso del posthumanismo, se persigue incluso una sustitución de lo humano tal y como nosotros lo conocemos por un híbrido, una mezcla cibernética entre hombre y máquina. Con las diferencias entre uno y otro movimiento, se reconoce en ellos una pretensión de construir el ser humano desde sí mismo y por sí mismo y, en ese sentido, ambos expresan una tendencia opuesta a la visión cristiana del hombre como criatura que recibe la vida y las demás facultades y cualidades como un don de Dios y se convierten en una tarea responsable para el bien común.

-En un mundo de IA y biotecnología, ¿cómo defender la "vocación integral" del ser humano como don recibido, no como proyecto autocreado?

-La vocación humana integral, según los términos que usó Gaudium et Spes, comprende lo humano como llamada de Dios, como un don que implica responsabilidad hacia sí mismo y hacia los demás. Esa propuesta será eficaz si se traduce en educación a todos los niveles: desde la convivencia de la familia y de los ambientes educativos en la escuela y la universidad, hasta el trabajo o la convivencia social, por medio de todo tipo de realidades y cuerpos intermedios que traduzcan en prácticas, en instituciones, en hábitos y costumbres sociales esa propuesta cristiana. Por lo tanto, la teología se dirige al resto de los saberes, a las ciencias, a las artes, a las instituciones para que fomenten esta comprensión de lo humano que se está describiendo.

-¿Qué "tensiones polares" de la condición humana (grandeza y fragilidad) se agravan
con la tecnología, y cómo las ilumina Cristo en este contexto?

-La tecnología puede agravar cualquiera de las polaridades descritas en el documento, y bajo ciertas condiciones puede también ayudar. En la polaridad entre alma y cuerpo, espiritual y material, puede, por ejemplo, minusvalorar lo corporal y apreciar solo la dimensión intelectual, que sería la que conectaría con la red, en tanto que realidad virtual y no corpórea. También la polaridad entre individuo y comunidad se ve afectada por las modificaciones que la revolución digital y tecnológica introduce en la experiencia humana elemental del espacio y del tiempo: cómo vivimos el espacio y cómo vivimos el tiempo. En cada una de las polaridades se podría ir señalando cómo la revolución informática y tecnológica incide en la percepción de las condiciones básicas de la existencia humana.

-Como miembro renovado de la CTI desde 2009, ¿qué frutos teológicos ha dado esta comisión en los últimos quinquenios para la Iglesia universal?

-Por limitarme a los años que he podido conocer más de cerca, se han ido publicando documentos significativos sobre distintos temas: cuestiones orientadas a toda la sociedad, como son la libertad religiosa, el monoteísmo y la violencia, o el debate sobre las tendencias trans y posthumanistas; y también doctrinas relativas a la vida de la Iglesia y a la misión de la teología, como son la sinodalidad, el método teológico, el sensus fidei, la relación de la fe y los sacramentos, o el 1700 aniversario del Concilio de Nicea. La Comisión va, pues, estudiando problemas de la vida de la Iglesia o cuestiones que afectan al bien común de la humanidad. El esfuerzo es muy completo e intenta estudiar asuntos que ayuden a la vida eclesial, en su diálogo y apertura misionera al mundo entero.

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