Domingo, 06 de diciembre de 2020

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El beato José Polo Benito era Deán de la Catedral Primada de Toledo cuando fue asesinado en 1936

«El nuevo paganismo» por el beato José Polo (1)

por Victor in vínculis

Este artículo, con estas fotos, fue publicado en ABC el 2 de julio de 1931. Tiene la misma actualidad que cuando lo redacto para dicho diario el beato José Polo Benito.

EL NUEVO PAGANISMO

La consabida “actualidad periodística” abarca un espacio tan limitado, que, cuando el suceso, la noticia del hecho, ha excedido la duración de un minuto, de un día, de una semana, a mucho tirar, se da por terminado el asunto a los efectos del comentario, con lo que va atenuándose aquel carácter de permanencia, que fuera siempre consustancial a las ideas y a los hechos, cuya constante gravitación sobre el entendimiento y la conciencia contribuían a la elevación moral del hombre. De esta suerte, los problemas del espíritu, que, por medio de esta actuación, constituyen el ayer, el hoy y el mañana de la Humanidad y de la Historia, los vamos alejando de nuestro plano de reflexión, por miedo unas veces de mirarlos cara a cara, y por debilidad de incomprensión en otras ocasiones. Todo ello es consecuencia de la infiltración lograda entre individuos y colectividades por el fenómeno espiritual, que un catedrático de la Universidad Catolica de Washington, el doctor Sheen, ha llamado con frase feliz el nuevo paganismo, que, poco a poco, deforma y sombrea la civilización cristiana de Europa.

Nos vamos habituando insensiblemente a mirar todas las cuestiones, hasta las más graves, a través de un espejo humanista.

El humanismo en la hora presente es una de las peores dolencias que en lo filosófico, en lo político y en lo social estamos padeciendo todos. El humanismo pretende cultivar los valores espirituales de la religión, pero renunciando simultáneamente a la interpretación teológica del Universo y de la vida. Busca aquello que jamás encontrará: un cristianismo sin Dios, una esperanza de perpetuación sin el dogma de la eternidad. No quiere recurrir a la gracia, y, en cambio, aspira por todos los medios a la elevación de la Naturaleza. Niega la experiencia de los siglos cristianos, forjadores del progreso espiritual, y se esfuerza en producir una ascensión a base, no más, de la biología y la mecánica.

Estas negaciones -escribe el doctor Sheen- son la resultante de la pereza intelectual que hoy predomina. La apatía de razonar se manifiesta a todas horas en la eliminación de aquello que cuesta trabajo conquistar o comprender. Afirmada así la inexistencia de un mundo dogmático, es inútil toda discusión. ¿Para que ir en busca de argumentos? ¿Para qué disputar poniendo unas ideas sobre las otras?

La más perjudicada con esta acedia intelectual es la Iglesia católica, la cual, no solamente no ha rehuido nunca la polémica, sino que la ha fomentado siempre. Recuérdese que, en 1870, mientras los agnósticos y los fideístas exaltaban el sentimentalismo con menoscabo de la potencia discursiva, fue la Iglesia quien reivindicó las capacidades del entendimiento, apto por si solo para elevarse hasta conocer a su creador. El antiguo paganismo se empeñaba en ahogar el pensamiento cristiano en sangre de martires, mientras que el moderno se obstina en hacerlo desaparecer entre exaltaciones materialistas.

Esta subversión de valores, que en gran parte dimana de confundir la idea abstracta con los hechos concretos, se advierte a diario en multitud de cosas. Así es corriente hablar del problema religioso y político, del problema obrerista y patronal, cuando más bien la expresión debiera referirse a la falta de religión por ignorancia o por malicia, a la exaltación de los derechos o al incumplimiento de los deberes por parte de políticos, obreros o patronos. El secreto de estas desconcertantes posiciones del espíritu no es otro que las ansias, cada vez más crecientes, de ir eludiendo como se pueda las responsabilidades de la ley moral. Es inevitable, por lo tanto, la desarticulación de los elementos constitutivos de una sociedad que, sin el aglutinante de la norma directiva y reguladora, tendrá forzosamente que experimentar disgregaciones y estremecimientos de muerte.

CONTINUARÁ

Bajo estas líneas: iglesia de los padres carmelitas de Santa Teresa y San José en la madrileña plaza de España. Pórtico del templo de los Carmelitas, que ayer [1 de julio de 1931] quedó nuevamente abierto al culto.

La segunda: Imagen de Santa Teresita, que quedó intacta después del incendio (como se puede ver primero, bajo estas líneas), y colocado en el altar provisional, donde ayer [1 de julio de 1936] se dijo una misa.

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