Sábado, 24 de octubre de 2020

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Hacer algo para evitar el cierre de colegios católicos

Hacer algo para evitar el cierre de colegios católicos

por Duc in altum!

A raíz de la pandemia, se acelera el número de colegios católicos que podrían cerrar sus puertas. La agencia ACI Prensa ha reportado el cierre de 20 en la Arquidiócesis de New York[1] y un total aproximado de 100[2], considerando las diversas diócesis de los Estados Unidos de América. En realidad, y a escala mundial; es decir, sin referirnos a un país en específico, el problema viene de muchos años atrás y la pandemia simplemente ha complicado el asunto. La mayoría de las causas y/o razones por las que echan el cierre tienen solución y toca identificar esa suma de posibilidades. No se trata de una obsesión de tipo estructural, absolutizando las obras, sino de recordar el patrimonio que representan en favor de la fe, de la educación de los niños, adolescentes y jóvenes, así como de la transformación de la sociedad y de la inmensa fuente de empleos que generan sosteniendo la economía de miles de familias.  

A veces, cuando leemos los comunicados de cierre, se percibe frialdad, falta de consulta al interior de la propia comunidad educativa que quiere ayudar e incluso escaso celo apostólico que dista mucho de la entrega y audacia de aquellos que las fundaron en situaciones quizá todavía más complejas que las nuestras. Ciertamente, las instituciones no pueden administrarse a partir de un margen de deuda que las lleve a operar constantemente en números rojos; sin embargo, tampoco aplica un modelo de resignación, de atribuir a la voluntad de Dios el final de las instituciones, cuando la raíz está en una serie de errores académicos y administrativos de origen netamente humano; especialmente, cuando una intervención inteligente, oportuna y con el debido acompañamiento lo puede evitar. Con esto, no pretendemos lamentarnos por el pasado o arrojar culpas, sino mirar con optimismo el futuro aprendiendo las lecciones y visualizando, como ya se dijo, las alternativas. En las próximas líneas ubicaremos los problemas más comunes y una lluvia de propuestas para evitar los cierres.

  1. Escasez de vocaciones religiosas:

Hace 70 años, los colegios católicos eran atendidos en un 80% por religiosos y religiosas. Ante la baja de vocaciones que experimentan muchas congregaciones, esto se ha vuelto insostenible, contando con comunidades (religiosas) de 3 a 5 miembros, en los que solamente uno o dos están en edad activa. Para muchos, esto es un motivo de cierre; sin embargo, hay otra opción y es la de formar laicos que, sin pretender sustituir a religiosos o religiosas que estén en condiciones de hacerse presentes, afronten, como ya se hace en muchos colegios católicos, el rumbo de la institución. Evidentemente, para lograr esto, las congregaciones tienen que formar a los laicos, dedicándoles tiempo y recursos. De otra manera, esos posibles laicos serán meros funcionarios y se perderá la identidad carismática. En síntesis, la clave para salir exitosamente del problema tiene dos implicaciones. La primera, capacitar a los laicos y la segunda, involucrar a la comunidad de religiosas, aun cuando solamente haya una de ellas en condiciones (de edad y salud), para que dé clases y se empape de la pastoral educativa, generando así nuevas vocaciones. Más adelante, subiremos un artículo dedicado a explicar cómo podría ser viable esa “formación de laicos” que compartan el carisma.

  1. Baja de matrícula:

Es lógico. Para que una escuela funcione, se requieren alumnos inscritos; sin embargo, cuando la matrícula baja, no se debe simplemente a una cuestión económica. Influye bastante, pero la mayoría de las veces entran otras variables en cuestión. Por ejemplo, instalaciones anticuadas, personal docente que no se actualiza ni muestra actitud de cambio, falta de espacios artísticos, deportivos o una pastoral deficiente. De modo que, sin negar la causa económica, no hay que cerrarse solamente a ella, pues muchas veces lo que sucede es que llegan nuevas instituciones con menos inercias (aunque no necesariamente de calidad) y, entonces, captan la atención de los nuevos padres de familia. El primer paso para enfrentar la baja de la matrícula es hacer un estudio y, posteriormente, invertir, así como evaluar cuando alguien ya no debe ser contratado al no demostrar con hechos su aporte a la institución. La solución implica reunir a los integrantes de los diferentes departamentos, darles herramientas, invitándolos al cambio y evaluar qué tan involucrados están. En cuanto a la parte material, dar un giro. Renovar la infraestructura. Ir inaugurando nuevos espacios, sitios innovadores que, poco a poco, hagan ver a la ciudad que se puede ser 100% católicos y, al mismo tiempo, ser de avanzada en la parte formativa y académica.

  1. Problemas económicos:

Hay que tener un plan de negocios. ¿Pero eso no es contrario a Jesús? No, porque se trata de contar con la asesoría adecuada. Es decir, dejarse acompañar por los expertos y ver nuevas formas de financiamiento que, sin ser nunca una verdad absoluta, sirven de apoyo para futuras decisiones. No bastan las colegiaturas. Pueden ofrecerse otros servicios o bien recibir un préstamo de otro colegio de la congregación para hacer mejoras y luego irlo pagando sin tener que debérselo a una institución de crédito. Algunos abogan por el financiamiento público en aquellos Estados en los que su marco jurídico lo permite y está bien, siempre que eso no los condicione a deber favores de tipo político. Tener una asociación de exalumnos y otros espacios de procura de fondos para emergencias son aspectos que pueden ayudar.

En el caso de los países con bajo índice de natalidad, la fusión de instituciones, en vez de los cierres sistemáticos, es otra alternativa financiera.

  1. Se ha diluido el carisma:

Cierto, puede darse el caso de que una institución pierda, en la práctica, su identidad católica, pero ¿cerrarla lo soluciona? Es absurdo. Antes bien, ubicar las causas y atenderlas con un sentido renovado. Hacerlo, a través de nuevas contrataciones de personas que tengan una visión profesional competente y, al mismo tiempo, con experiencia de Dios. Es cierto que no cualquiera reúne estos dos requisitos, pero no se necesita multitud de personas. Basta con dos o tres que pongan empeño y los demás se irán contagiando. Con esto, no decimos que haya que hacer del colegio una estructura rebuscadamente piadosa, con un lenguaje desconectado. Nos referimos al vínculo entre fe y razón. La espiritualidad no es rebuscada, sino clave para proponer el mensaje de Jesús.

Conclusión:

La razón por la que existen los colegios católicos es Jesús. Esto hay que tenerlo claro. De ahí, la importancia de fortalecerlos, cuidarlos y gestionarlos con responsabilidad. Aplaudimos los esfuerzos de tantos religiosos, religiosas y laicos que, en medio de situaciones adversas, luchan por seguir ofreciendo un espacio de encuentro con Dios y, al mismo tiempo, alto rendimiento académico a través de un enfoque pedagógico integral. Vale la pena tomar consciencia del problema y actuar a tiempo.

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[1]Cf. https://www.aciprensa.com/noticias/20-colegios-catolicos-cierran-en-nueva-york-15298 Consultado el 12/07/20.

[2]Cf. https://www.aciprensa.com/noticias/mas-de-100-colegios-catolicos-en-eeuu-obligados-a-cerrar-53833 Consultado el 12/07/20.

 

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