Martes, 29 de septiembre de 2020

Religión en Libertad

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"En los últimos meses he estado un poco liado..."

por Jorge García Suárez

Queridos todos, antes que nada pediros perdón por estos meses de silencio. Unos meses que han sido una mezcla de egoísmo, tomarme demasiado en serio, tener poca consideración hacia los demás, etc, etc. Me he pasado todo este tiempo, fundamentalmente, cabreado con mi mujer y pagando todas mis frustraciones con ella y un poquito con los demás. La verdad que me he portado regular, por suavizarlo un poco...

Resulta alucinante como pasa el tiempo de rápido, cuando uno está en esta situación de estar demasiado pendiente de uno mismo. Al menos a mí me lo parece. Debe ser que al ser un tiempo estéril se consume a la velocidad de la luz. 

Desde junio del año pasado, he ido viendo como poco a poco, mis capacidades físicas han ido mermando más si cabe: piernas, brazos, manos, dedos, habla, etc, están cayendo en picado. De hecho mi querida esposa, Leo, me está escribiendo este post, porque yo ya no puedo. En estos últimos meses hemos tenido que asistir a varios cambios: cambio de cama, cambio de coche por uno adaptado, cambio de silla eléctrica, cambio de rutinas, cambios, cambios y más cambios.

Como os decía más arriba, mi mujer es la que peor parada  ha salido en esto, porque hemos tenido un veranito calentito, la verdad es que no la he dado mucha tregua. Y como dice ella, no soy yo quien habla si no la enfermedad la que habla por mí. La verdad que no me gustaba mucho como estaban yendo las cosas, porque veía como sufría ella y en definitiva yo también sufría. Incluso he pasado unas Navidades enfadado con todo el mundo, vaya fechas para estar cabreado. 

Solamente podré decir en mi defensa, que humanamente hablando esto cada vez se va haciendo cada vez más cuesta arriba. Cada día que pasa esta cuesta del Calvario, va costando más y cada día esta Cruz se hace más pesada. Muy pesada...

Paralelamente a todo esto que os he contado como me sentía, me programaron una intervención "sencilla" para el pasado 6 de febrero. El tiempo seguía pasando hasta esa fecha, y recuerdo la última semana antes de esta intervención, estar bastante cabreado con mi mujer y por extensión con el mundo en general, pero sobre todo con ella, que al final es la que está a mi lado siempre. Me iban a hacer una gastrostomía o implantarme una sonda en el estómago para alimentarme, conocida como sonda PEG. Decidí acceder a ponérmela aconsejado por todos mis médicos, para poder alimentarme por ahí, porque la previsión de mi enfermedad es que no pueda alimentarme por boca. 

Recuerdo la noche anterior, a la intervención, en la que se me pasó por la cabeza no hacérmela, ni si quiera había firmado el consentimiento de la intervención aún. Hasta recuerdo la mañana cuando salimos camino del hospital de "un no sé qué, que no se yo", serán tonterías de las mías. 

Llegamos al hospital, tras la típica espera nos asignaron una habitación. Y todo esa mañana fue una incertidumbre porque pensábamos que la operación sería a primera hora de la mañana, pero no fue así. Pasaban las horas y pasaban las horas, hasta que nos informaron de que a eso de las 14.00 ya me meterían en quirófano. Recuerdo que estaba muy pero que muy nervioso. Tras unos 15 minutos interminables ya me empiezan a sedar. Paso a fundido negro, como se diría en términos cinematográficos. La verdad es que no me enteré de nada. De repente me desperté, con las típicas molestias de lo que me habían puesto en el estómago, pero no noté nada raro. 

Me sacaron a reanimación. Ahí estuve unas dos horas, y me empecé a preocupar porque en una de estas, me fueron a ver la herida de la operación y  me dijeron que estaba sangrando por fuera. Aún así, consiguieron "taponarla" porque aparentemente dejó de sangrar. Después de esas dos horas, me pasaron a mi habitación en la planta. Ahí me estaban esperando mi familia. Llegué a la habitación en mi cama, y de repente pasado un rato me empezó a entrar un agobio como nunca antes lo había sentido, no podía respirar bien. Era como si me faltara el aire. Por eso, le dije a Leo, que me ayudara a incorporarme para sentarme en la cama. A medida que me incorporaba noté que algo me subía de estómago para arriba con un sabor y olor raros, aunque no recuerdo muy bien. 

Es a partir de ahí cuando empiezo a encontrarme muy mal, me fallan la fuerzas, me mareo, me empiezo a sentir agobiado, me seguía faltando el aire. Y por si fuera poco me empiezo a notar un dolor muy fuerte en el hombro izquierdo y abdomen. Leo, mi madre, mi familia y amigos que estaban a mi lado, se empiezan a asustar. A partir de ahí fue un ir y venir de enfermeras, médicos y cirujanos, todo pasando muy rápido, sin yo ser muy consciente de lo que estaba pasando. Sólo recuerdo que sentía mucho miedo y angustia. Mucho miedo Esta parte me está ayudando a reconstruirla Leo porque yo no seré consciente en las próximas horas de todo lo que me estaba  pasando y me iba a pasar. Lo único que recuerdo es, miedo, soledad y angustia, un tanto indescriptible. 

De esa parte solo recuerdo momentos de estar un poco consciente, y otros de estar como en un sueño, o más bien en una pesadilla. En estas estaban los médicos cuando deciden ingresarme en la UCI, por lo visto mi situación era muy crítica. Recuerdo que oía de fondo que estaba teniendo una hemorragia interna, y que me tenían que transfundir sangre, porque la hemoglobina me estaba bajando... Tengo el recuerdo de que me estaban haciendo cosas sin parar, poniéndome vías por todos sitios, sondas, pruebas, más pruebas, TAC, y más TAC, tubos... todo muy rápido y apenas sin saber qué me estaba pasando. Ante todo este espectáculo yo lo único que seguía sintiendo era miedo, soledad y angustia como nunca antes lo había sentido. No se puede explicar con palabras.

Resulta curioso como el dolor físico se queda en un segundo plano y el dolor del alma, por así decirlo, cobra más protagonismo. Es muy complicado explicarlo. En ese trance recuerdo momentos como si fuera una peli, es decir, a veces estaba consciente y veía "algo me hacían", y otras veces parecía que se apagaban las luces.

 

Bueno, después de todo este proceso, que creo que lo he explicado algo mal, pero como he podido, refleja un poco lo que me pasó aquella tarde noche.

Después de todo esto, recuerdo estar en la UCI en mi cama, y empezar a ver desfilar a mi familia (empezando por mi mujer, claro), y amigos. Me llamaba la atención sus caras. Creo que a los pobres les di un susto gordo. Y es que luego según me explicó mi mujer, yo había estado a punto de morir a causa de la hemorragia interna y de que no me podían intervenir, porque no podían intubar, como consecuencia de mi enfermedad, que al parecer cualquier intervención se me puede complicar e incluso no poder superarla. 

Os explico, todo esto me traslada a unos meses atrás, cuando los médicos me plantean/aconsejan que tome decisiones importantes sobre como afrontar la fase final de mi enfermedad. Como ya bien sabréis mi enfermedad deriva o, por así decirlo, termina con complicaciones respiratorias, es decir, que cuando mis pulmones ya no aguanten más, la única solución para poder seguir viviendo sería engancharse a un respirador artificial. Con todas las complicaciones que ello conlleva. Esto es lo que tenía que decidir hace meses, si iba a querer engancharme a una máquina para poder respirar o no. Fue un momento difícil y una decisión aún más, lo pensamos mucho, lo hablamos, le dimos vueltas, lo comenté con amigos, sacerdotes, lo rezamos... son decisiones muy difíciles, y muy de conciencia que cuestan tomar. En pocas palabras, los médicos no te aseguran una supervivencia de más años si estas enganchado al respirador artificial, con una calidad de vida en entredicho. Esto sería tanto para mí, en este caso el enfermo, como para todo la gente de mi alrededor, empezando por mi familia, ya que esto último es muy importante: el trabajo que realiza mi familia por mí, empezando por mi mujer. Pues todo esto para que entendáis que mi decisión fue "no quiero vivir enganchado a una máquina, ante la perspectiva de una enfermedad incurable".

Pues bien, debido a esta decisión, cuando la tarde del día 6 de febrero todo empezó a complicarse, los médicos no tenían capacidad de actuación, estaban de manos atadas, a los pobres les compliqué su trabajo. Con lo cual pienso que si estoy vivo es porque Dios ha querido, y para que os pueda contar todo esto.

 

Así que volvamos a la noche del 6 de febrero. Como os contaba estaba en la cama de la UCI, ya habían echado a mi mujer, familia y amigos. Una cosa que también es importante que os cuente, es que no podía apenas hablar, con lo cual ni los médicos ni enfermeros me podían entender, máxime cuando estaba solo. Esa noche lo pase realmente mal. Una noche oscura que la pasé en soledad con mucho miedo y angustia. Yo pensaba que había bajado al mismísimo infierno, pero un sacerdote amigo mío, me cambió por completo el planteamiento cuando le comenté esta experiencia. Me dijo que no había estado en el infierno, si no que había estado en Getsemaní. Esto cambió por completo mi visión en los días posteriores. Recuerdo que me lo dijo en medio de una confesión que tuve con él en el hospital, en la que lloré a "moco tendido". Me daba mucho vértigo el saber que había probado, aunque fuera un poco, de la soledad, angustia, miedo y oscuridad de la que tuvo Nuestro Señor la madrugada del Viernes Santo.

 

Me atrevería a sacar varias conclusiones de toda esta experiencia. Primero, tengo que pedir perdón a todos familiares y amigos por el daño que les haya podido causar, o el bien que les haya dejado de hacer, y desde aquí les pido perdón. Segunda cosa que me he propuesto, amar y aceptar a todos los que me rodean, sean cuales sean sus particularidades en cuanto a formas de ser. Esto me cuesta mucho porque soy demasiado humano y pegado al barro, pero en ello estamos, igual que mi recuperación física está yendo lenta, despacio va también mi recuperación del alma, pero ya sabéis que con la ayuda de Dios todo es posible. Tercero, no puedo estar enfadado con todo el mundo y tengo que darle la importancia justa a las cosas que me pasan. El amor hacia Dios y hacia los demás es lo que mueve todo, lo que se sale por fuera de esa afirmación no va a ningún sitio, y hace que nos perdamos en nuestros egoísmos. Cuarto, moriré cuando y como Dios quiera, aunque sea una obviedad el que lo diga.

Como última conclusión, agradecimiento. Doy las gracias de todo corazón, primero a Dios, por seguir manteniéndome con vida, para seguir dando testimonio de Él, a mi mujer e hijos por cuidar de mí , a mis padres y hermanos, a mi suegra, a mis cuñados y cuñadas, a mis sobrinos, a mis grandes amigos y amigas (que gracias a Dios son muchos y de los buenos). Y por último, por supuesto, quiero agradecer a todo el ejército de médicos, enfermeros, auxiliares y celadores del Hospital Infanta Elena de Valdemoro, por haber trabajado tan duro para que hoy pueda seguir contándoos mis aventuras.

 

A todos muchas gracias por vuestro tiempo por haber leído estas palabras, que espero que el Espíritu Santo actúe en vosotros. Que Dios os Bendiga. Un fuerte abrazo para todos, os quiero mucho. 

 

 

 

 

 

"En aquella hora Jesús se llenó de alegría en el Espíritu Santo y dijo:

Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y a los entendidos, y las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así te ha parecido bien...".

 

                                                                                                                                         (Lc. 10, 21-24)

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