Martes, 25 de enero de 2022

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Suicidio y Esperanza

por Cuestión de vida

Últimamente arden las redes sociales con el tema del suicidio, y como siempre en esta cultura de la muerte en que estamos sumergidos completamente, en términos absolutamente hipócritas, contradictorios y demenciales.

Mientras que las autoridades dicen preocuparse por la salud mental y el suicidio, aprueban leyes para suicidarse de forma asistida. O sea que lo malo no debe de ser matarse sino si está autorizado por las autoridades o no, si has pedido permiso para matarte o no. En la actual ley de la eutanasia está previsto que la causa puede ser el sufrimiento no solo físico sino psicológico, es decir que será a petición. La causa de sufrimiento psicológico en el suicidio asistido será sin duda como el supuesto de daño psicológico para la madre en el aborto, el coladero para que puedan pedir suicidio asistido el que quiera (o al que le obliguen) y supongo que, como se hacía en los abortorios el formulario, ya venía rellenado y solamente había que firmarlo como un trámite cada vez más rutinario.

Lo cierto es que el número de suicidios está multiplicándose y se ha convertido en la primera causa de muerte por causa externa, obviamente sin considerar el aborto, que es la primera causa de muerte en España. Los suicidios han crecido exponencialmente en todas las franjas de edad, pero sobre todo en los niños y en los ancianos. Sospecho que la terrorífica vida que les estamos obligando a vivir supuestamente por su bien (obsérvese que la cultura de la muerte siempre, siempre lo hace todo por nuestro bien), aislados de sus seres queridos, evitando contactos sociales, dificultando su respiración y su vida normal y aterrorizándoles constantemente, ha tenido mucho que ver, sin embargo, no es la única causa.

Sin ánimo de profundizar en tal delicadísimo tema solo deseo apuntar dos aspectos a considerar.

Según Victor Frankl, que analizó el comportamiento humano en un campo de concentración, en su libro «El hombre en busca de sentido», sobrevivían aquellos que tenían un motivo por el que vivir, y cuando la esperanza se había perdido, se dejaban morir. El que tiene un porqué vivir siempre encuentra el cómo. Y creo que la epidemia de suicidios tiene mucho que ver con la falta de sentido para la vida. La falta de respuesta a las preguntas fundamentales nos convierte en seres vacíos, desesperanzados, sin rumbo.

Pienso en los jóvenes, que se enfrentan a la vida sin Dios, sin la esperanza de tener una familia para siempre como ansía nuestro corazón y sin la esperanza ni siquiera de tener un trabajo decente y motivador con el que poder mantenerse, ¿qué les queda?

Pienso en los ancianos. que encaran la última etapa de su vida en soledad, que ya han cumplido sus objetivos vitales y cuyo único consuelo es la vida eterna y el cariño de sus familias, especialmente de los niños. Si les quitamos eso ¿qué les queda?

Otro motivo que pienso nos afecta a todos es la vida tan compleja y apartada de nuestra naturaleza que llevamos y que nos destroza.

Recuerdo una canción llamada «Degeneration» en la cual va detallando como la vida ha ido degenerando y se aleja mucho de los deseos de nuestro corazón. Dejo el vinculo a la letra que, a mi parecer, merece la pena leer.

El día 18 es la fiesta de la Virgen de la Esperanza, que además es la patrona de SpeiMater,  Madre de la Esperanza, y si algo necesita con desesperación (nunca mejor dicho) nuestra sociedad y nuestro corazón en este momento es Esperanza.

La esperanza cristiana no es optimismo, no son frases de autoayuda «todo va a ir bien» «salimos más fuertes». Nos dice el Papa Francisco que la virtud de la esperanza nunca debe confundirse con el optimismo humano, que es una actitud más relacionada con el estado de ánimo. Para un cristiano, la esperanza es Jesús en persona, es su fuerza de liberar y volver a hacer nueva cada vida. 

El Papa Benedicto tiene una encíclica entera dedicada a la esperanza «Spes Salvi» de obligada lectura en las circunstancias actuales. «A lo largo de su existencia, el hombre tiene muchas esperanzas, más grandes o más pequeñas, diferentes según los períodos de su vida. A veces puede parecer que una de estas esperanzas lo llena totalmente y que no necesita de ninguna otra. Puede ser la esperanza del amor a una persona; la esperanza de cierta posición en la profesión, de uno u otro éxito determinante para el resto de su vida. Sin embargo, cuando estas esperanzas se cumplen, se ve claramente que esto, aunque sea bueno, en realidad, no lo era todo. Está claro que el hombre necesita una esperanza que vaya más allá. Es evidente que solo puede contentarse con algo infinito, algo que será siempre más de lo que nunca podrá alcanzar».

Únicamente Dios es nuestra Esperanza, una esperanza firme porque Dios cumple sus promesas y en Dios podemos confiarnos. A veces sentimos turbación y desesperanza, parece que el mal no tiene límite, pero sí lo tiene. Madre de la Esperanza, intercede por nosotros.

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