Lunes, 02 de agosto de 2021

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Lo que tú, Jesús, quieras

Lo que tú,  Jesús, quieras

por Sólo Dios basta

Poco recuerdo se ha hecho de un aniversario muy especial para el Carmelo Descalzo: el IV centenario de la muerte de la Madre Ana de Jesús en Bruselas. Una de las monjas carmelitas descalzas más unidas a Santa Teresa de Jesús. Compañera de caminos, de carisma y de amor a Jesús Eucaristía.

Ana Lobera nace en Medina del Campo en 1545, queda pronto huérfana de padre y madre. En 1570 entra como carmelita descalza en el primer convento fundado por Santa Teresa de Jesús, en San José de Ávila. Sin hacer aún la profesión acompaña a la Madre Teresa a la fundación de Salamanca. De camino conoce a fray Juan de la Cruz en Mancera donde comienza también el Carmelo descalzo masculino. En la capital salmantina profesa como religiosa al año siguiente. A los pocos años emprende camino junto a Santa Teresa para fundar en Beas de Segura. Pasa por las fundaciones teresianas de Toledo y Malagón. En tierras de Jaén queda como priora en la fundación del Carmelo de Beas donde comienza una intimidad espiritual muy profunda con San Juan de la Cruz. Son los años de 1575-1580. En 1581 es acompañada por fray Juan para fundar en Granada donde es priora varios años. No descansa mucho en Granada porque en 1586 funda en la capital de España unida otra vez al santo de Fontiveros. De allí pasa más tarde a Salamanca donde ejerce de priora de la comunidad hasta que en 1604 se pone en marcha para fundar en Francia. Primero París, luego Pontoise y más tarde Dijon. Dos años largos de trabajo intenso asentando el Carmelo Descalzo femenino en tierras francesas hasta que da el paso a Bélgica para fundar en Bruselas, donde también será priora y donde muere el 4 de marzo de 1621 después de fundar otros dos monasterios en Mons y Lovaina. Ahora esperamos la fecha de su pronta beatificación ya que desde el año 2019 todo, hasta el milagro, está aprobado para que esta insigne carmelita descalza sea elevada a los altares y podamos rendirle culto público.

Esta es la vida de la Madre Ana de Jesús a grandes rasgos. Una vida totalmente entregada a Dios, a perpetuar el carisma del Carmelo Descalzo en plena unión directa con los fundadores, a implantar esta obra de Dios en Francia y Bélgica y a difundir los escritos de aquellos que han dado vida a lo que es el sentido de su existencia: el Carmelo Descalzo. Desde Bruselas publica en compañía de otro gran carmelita descalzo, el P. Jerónimo Gracián de la Madre de Dios, una de las obras de Santa Teresa de Jesús, el libro de las Fundaciones que no se publica en España; además añade el relato de la fundación de Granada escrito por ella. Antes de dejar su tierra promueve la primera edición de las obras de Santa Teresa que lleva a cabo el maestro agustino fray Luis de León; y ella misma al leer el poema del Cántico espiritual pide a fray Juan que comente esos versos tan llenos de vida. Accede y se lo dedica como se puede leer en el título de la obra: “Declaración de las canciones que tratan del ejercicio de amor entre el alma y el esposo Cristo, en la cual se tocan y declaran algunos puntos y efectos de oración. A petición de la Madre Ana de Jesús, priora de las descalzas en San José de Granada. Año de 1584”.

No sólo vive en estrecha unión a los grandes santos Teresa de Jesús y Juan de la Cruz y lleva a la prensa las obras de ella y provoca el nacimiento de una de las de él, sino que además traspasa las fronteras de la cuna de la Orden del Carmelo Descalzo para que esta escuela de santidad se difunda por Francia y Bélgica. Ella va por delante con un grupo de monjas que le siguen y acompañan como ella ha hecho y aprendido antes con la Madre Teresa y fray Juan. Sabe muy bien lo que es fundar un convento, asentarlo y dejarlo organizado para ir a fundar otro y otro, y así dar vida al ideal teresiano de fundar palomarcitos para que haya un sagrario más donde poder orar ante la presencia real de Cristo en la eucaristía. Es uno de los pilares de la espiritualidad carmelitana y eso lo lleva hasta la cumbre de su vida cuando rechaza su deseo personal de volver a España una vez fundado el Carmelo de Bruselas y estando ya de camino los carmelitas descalzos. Ana de Jesús es fiel y no dice nunca que no a su Esposo, a Jesucristo. Dejemos que sea ella la que hable y nos lo detalle con sus propias palabras:

“Harto me consolara de verle, pero pienso que no será en la tierra, por lo que me ha sucedido dos días antes de esta cuaresma. Sea  para solo su pecho, que a otro ninguno lo he dicho, ni se lo diré: y es que habiendo tenido desde que vine  de España inclinación natural de volverme allá, sólo me detenía esperar a que quedasen aquí nuestros Descalzos, y como vienen ya de Italia, yo me comenzaba a resolver. Y estando el día que digo oyendo misa, cuando alzaron la hostia entendí que me decía el Santísimo Sacramento: “Donde estoy yo, puedes estar tú. Viniste por mí, y ¿quieres irte por ti? Y aunque no fueron más de estas dos razones formadas, en ellas entendí tantas, que no he osado más pensar en este particular. Haga Dios de mí, lo que más fuere servido” (Carta del 15 de marzo de 1610 al agustino Diego de Guevara).

Este hecho decisivo en la vida de la Madre Ana de Jesús lo revivo el mismo día en que se cumplen 400 años de su muerte. Lo hago unido a un grupo de jóvenes que cada jueves nos reunimos en una iglesia de Logroño para adorar, alabar y dejarnos llenar de ese mismo amor que vive la Madre Ana de Jesús en los conventos fundados por ella en España, Francia y Bélgica. Y no es casualidad que Ángela, una de las chicas del grupo Hakuna que empieza en Logroño, viva en Bruselas. Así se muestra la grandeza de la Iglesia, igual que se fundan monasterios fuera de España para llevar la presencia de Dios en cada uno de ellos, los grupos Hakuna, que nacen en España, también dan el salto más allá de su país de origen con esos jóvenes que implantan estos encuentros con Jesús Eucaristía allí donde viven por estudio o trabajo. Lo mismo que el Carmelo Descalzo. Crece porque hay amor de Dios, porque hay jóvenes que dejan España por diversos motivos y porque Dios quiere ser adorado en todos los lugares del mundo, ya sea en un monasterio de clausura de monjas carmelitas o por medio de un grupo de jóvenes de Hakuna.

Y a todo esto se suma que justo este mismo día, cercana ya la gran fiesta de San José y día de las vocaciones sacerdotales, viene el rector del seminario de Logroño con dos seminaristas para hablarnos de las vocaciones. Da testimonio uno de ellos, Nacho, de 26 años, que terminados los estudios de derecho ha entrado este curso al seminario después de decirle a Jesús que sí quiere ser sacerdote, y así lo contagia a los que estamos allí presentes. También se presenta Santiago que lleva dos años como seminarista menor estudiando la ESO. Después de esto Jesús Eucaristía sale del sagrario, es expuesto en la custodia y allí se le adora de verdad.

¡Qué regalo de Dios poder orar con estos jóvenes, confesar al que quiere y contemplar desde el fondo de la iglesia al mismo Dios que un día llama a la Madre Ana de Jesús a ser carmelita descalza,  que más tarde invita a unos jóvenes a ser testigos de su amor dentro de Hakuna y que también le susurra a Nacho y a Santiago que tienen que ser sacerdotes!

Poner todos estos hechos ante ti, Dios mío, es algo que me llena, me desborda,  me colma de alegría y de fuerza y me hace darte muchas gracias. Darte las gracias porque no dejas nunca de enviar tu Espíritu Santo para que los jóvenes tomen la decisión de su vida y vivan una vocación u otra, todas buenas, válidas y necesarias, pero todas encaminadas a que te hagas presente en sus familias, amigos y lugares de trabajo o estudio, porque tú, Dios humanado, eres el centro de toda vocación, sin ti, no se puede hacer nada, no se ve nada, pero cuando entras en la vida de un joven lo transformas, lo haces tuyo, lo conviertes en un adorador, en un apóstol y en un modelo escogido para que otros vengan ante ti, para ser como ellos, felices, alegres y llenos de paz, una paz que sólo tú das y que se puede experimentar con facilidad cuando te acercas a ellos o vienen en busca de un sacerdote para confesarse, o hablar de sus preocupaciones, sus proyectos o incluso, y eso es lo más grande, cuando un joven abre su corazón de par en par para hablarte  de sus dudas, sobre lo que les pides hacer en la vida, si tiene que ser sacerdote, religioso o vivir en matrimonio. Entonces les digo que no siempre es bueno hacer lo que ellos quieren porque se pueden equivocar, sufrir y dar vueltas sin llegar a centrarse en la vida, incluso perderse, sino que lo que tienen que hacer es lo que tú, Jesús, quieras.

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