Lunes, 22 de abril de 2019

Religión en Libertad

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Reflexionando sobre la Iglesia actual

Hermenéutica de la Continuidad ¿Fracaso o Don?

por La divina proporción

De un tiempo a esta parte hay muchas personas que han declarado el pontificado de Benedicto XVI como fracaso en todos los sentidos. No deja de ser interesante leer las razones que llevan a estas personas a opinar de esta forma, ya que sus argumento se centran en una única dirección: Benedicto XVI no consiguió hacer que la Iglesia se ajuste a su forma de pensar y entender. Por lo tanto y partiendo de que la Iglesia del siglo XXI no es del gusto de nadie, todos los pontificados han sido un fracaso. 

Sin duda toda obra humana es un fracaso, ya que nunca llega a completarse plenamente. Basta repasar el salmo 127 para recordar que lo que Dios no construye, en vano nos afanamos en poner en pié. Tenemos que ser conscientes de que vivimos en una época humana que impregna todo lo que vivimos: la postmodernidad. En esta época predominan los guetos emotivo-voluntaristas y las estéticas que definen las diferentes tribus urbanas. Tribus que se auto-afirman a través de una constante lucha entre ellas. En este caldo de cultivo, toda iniciativa humana está condenada a ser un fracaso. Si nos quedamos con los logros humanos, toda esperanza termina por desaparecer. El enemigo ha sabido llevarnos a esta situación con gran inteligencia. Cuando desesperamos, empezamos a cuestionar todo y terminamos por abandonar nuestra fe o por encerrarnos en alguna de las múltiples tribus eclesiales.

Leyendo el libro de Roberto de Mattei  "Concilio Vaticano II. Una historia nunca escrita", me dí cuenta que este insigne y admirado católico ha caido también en la desesperanza. Como él, muchas personas que apoyaron la "Hermenéutica de la Continuidad" han terminado por perder la esperanza en una Iglesia actual y al mismo tiempo fiel a la Tradición Apostólica. La Iglesia debe ser tradicional, porque se sostiene en la Tradición Apostólica y al mismo tiempo, actual, porque es capaz de hablar con el mundo contemporáneo sin sentirse acomplejada. En su libro, de Mattei comenta que en el CVII hubo tres bandos: los progresistas, los conservadores y lo que él llama "tercer partido". En el libro de De Mattei se presenta al tercer partido como culpable del descalabro de la Iglesia. ¿Por qué? Porque las otras dos vías eran minoritarias y el resultado dependía de la dirección a la que se unieran los obispos que no estaban dentro de ellas. Como es lógico, se indica que el bando progresista fue el que supo "embaucar" los "inocentes" componentes de la tercer partido, haciendo imposible una reacción del bando conservador. La realidad fue un poco diferente. Los progresistas vencieron porque el Concilio ha sido suplantado por el postconciliar "espíritu del concilio".

Para De Mattei la "Hermenéutica de la Continuidad" no es más que un apéndice del tercer partido. Es un intento de conciliar lo irreconciliable. Es evidente que no es posible conciliar lo antagónico, pero también es evidente que los antagonismos no son precisamente un síntoma de salud eclesial. Más bien todo lo contrario. Cuando existe posturas irreconciliables, hay ideologías por medio. Ideologías que buscan ganar o preponderar sobre cualquier otra propuesta. Tanto el "dejemos todo como estaba" como el "cambiemos todo de forma radical", son igualmente ideológicos, reduccionistas, esteticistas y emotivo-voluntaristas. Es decir, son posturas postmodernas. Son burbujas que pugnan entre ellas e intentan destruirse unas a otras. 

¿Conciliar lo irreconciliable? La Hermenéutica de la Continuidad no lo intenta ni lo espera conseguir. De lo que se trata es de acercarnos Agua de Vida Eterna en la época en que vivimos. No se trata de ser de un bando u otro, sino de ser de Cristo. Se de Cristo es muy diferente a tomar a alguno de los "jesuses" de moda, tal como lo predica alguno de los segundos salvadores más famosos. El objetivo es la santidad, no una apariencia estética de la misma u otra. La santidad siempre está reñida con "el mundo". La santidad no busca aparentar, sino ser. No se impone a los demás ni se puede reducir a apariencias. La verdadera santidad es reflejo de Dios, por lo tanto, es algo que no puede ser convertido en una especie de "máscara de Guy Flakes", al estilo anonymous.

En nuestra vida tenemos que decidir constantemente a qué señor obedecemos y en esta decisión, no es fácil alejarnos del postmoderno "voluntarismo emotivista" y sus apariencias. De la misma forma que en pleno siglo XXI no puede haber pintores barrocos, tampoco puede existir un cristianismo barroco. Tampoco podemos reinventarnos la fe y decir que esta nueva fe es mejor que la que los mismos Apóstoles profesaban. El reto es dejar las estéticas y centrarnos en Cristo, que es Camino, Verdad y Vida. Nadie llega hasta el Padre, si no es por medio del Señor y sólo del Señor. Por lo tanto sobran las estéticas, voluntarismos, emotividades, segundos salvadores, partidos, tendencias, etc...

La Hermenéutica de la Continuidad no es otra ideología humana. Tampoco es un voluntarismo que nos lleva a implementar nuevas estructuras eclesiales y mandatos jerárquicos. La Hermenéutica de la Continuidad no sigue costumbres tradicionalistas ni estéticas progresistas. No añora el barroquismo perdido ni busca progresar en la liquidez social que nos engaña. Benedicto XVI en su discurso al Congreso Eclesial de la diócesis de Roma (2009) indicó que “El Concilio no ha sido una ruptura que ha dado vida a otra Iglesia sino una verdadera y profunda renovación y crecimiento de un único sujeto que se desarrolla”. El Card. Müller, en  la presentación de la séptima parte de las Obras Completas de Benedicto XVI (2016), explicó que "la hermenéutica de la reforma y la continuidad no es sino la hermenéutica de la fe y es testimoniada por las Sagradas Escrituras, que vive en la tradición apostólica interpretada por el auténtico magisterio".

La Hermenéutica de la Continuidad no busca revivir estéticas barrocas ni ajustar la vida del cristiano del siglo XXI a la forma en que se vivía en el siglo XVI. Continuidad no es quedarse parado en las estéticas de una sociedad barroca, ni en la renacentista, ni en la modernista. La continuidad se refiere a la Tradición. Tradición que es Revelación directa de Dios. Tradición que no son costumbres, expectativas, estéticas, estructuras eclesiales, et. La Tradición que se encarna en cada momento de la historia para redención de los seres humanos que de adhieren a Ella. ¿Fidelidad a las estéticas barrocas? No se trata de eso, como ya he indicado. La Tradición viva se vive mediante la conversión de cada uno de nosotros y el testimonio de una vida que no sirve a otro señor que a Cristo. Por eso, todo paso atrás o a delante, ponen el objetivo en lo que fue/será, nos ofrece una estéticas determinada que se enfrenta a las demás, o nos hace construir una nueva Torre de Babel donde vivir a nuestro gusto. Pensemos en la mujer de Lot, mirando atrás y convirtiéndose en piedra. Pensemos en los constructores de la Torre de Babel, que vieron que su proyecto nunca llegó a nada. Conservar o progresar hace imposible reunirnos en Nombre de Cristo aquí y ahora. Tradicionalismos o progresismos estéticos, son formas actualizadas del peligroso pelagianismo.

La Hermenéutica de la Continuidad es un terrible fracaso para quienes la intentan utilizar como herramienta para construir su Torre de Babel. Por eso está siendo olvidada y enterrada. le pasa como la a Perla y el Tesoro, que son analogías con las que Cristo nos habla del Reino de Dios. ¿Reino estilo don Pelayo a mandoble de espada? No. Recordemos a Pedro cortando la oreja a un sirviente cuando vinieron a prender al Señor (Jn 18, 10). El Reino no es de este mundo (Jn 18, 36). El Reino es interior, santidad personal, conversión, humilde aceptación de la Voluntad de Dios. Dios debe ser rey que tenga su trono en nuestro corazón. ¿Y el trono político? Dejemos al Cesar lo que es del Cesar.  Si dudamos, releamos la Carta a Diogneto.

Cristo le dijo a la Samaritana: "Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: dame de beber, tú le habrías pedido a Él y Él te habría dado agua de vida". También le dijo a Nicodemo:  Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es (Juan 3:6)  … el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el Reino de Dios.(Juan 3:5). “El que beba del agua que yo le daré –dice Jesús–, nunca más volverá a tener sed. El agua que yo le daré se convertirá en él en manantial que brotará hasta la Vida eterna” (Juan 4,14).

Indudablemente, la carne y el mundo, ven con recelo y desprecio al Agua de la Vida Eterna y al Espíritu de Dios. Carne y mundo quieren herramientas para sus Torres de Babel. Agua y Espíritu buscan un corazón humilde y abierto para vivir en él. Por todo esto, la Hermenéutica de la Continuidad nunca servirá para volver hacia las estéticas pasadas o para crear nuevas estéticas. 

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