Jueves, 19 de mayo de 2022

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De garzones y monteras, o el ridículo como forma de gobernar

De garzones y monteras, o el ridículo como forma de gobernar

por En cuerpo y alma

 

            Uno de las más repetidos reproches a nuestros gobernantes actuales consiste en afearles el ridículo que hacen en tantas de sus manifestaciones, y las tonterías que se les ocurren que, por descontado, “no tienen mayor recorrido ni van a ninguna parte…” ¡Qué error más grande, qué ignorancia supina los que tal reprochan a nuestros gobernantes! ¡Ellos sí que hacen el ridículo!

             El ridículo se ha convertido en una forma de gobernar, en un instrumento fundamental para el gobierno de las sociedades, en España y fuera de España. Cuando monteras y garzones, y sus correspondientes en el resto de los gobiernos mundiales, convertidos en los ministros del ridículo, nos dicen que hay que decir “todos, todas, todes”, o convocan una huelga de juguetes, o regañan a las vacas por tirarse pedos, o nos dicen que un animal como el ser humano que, primero de todo fue carnívoro, tiene que dejar de comer carne, no están haciendo el ridículo, quede bien claro: nos están dando las pautas sobre cuáles van a ser las futuras leyes que regirán en España. Unas leyes que, en nuestro país,  aprobará el PSOE. Y que no sólo no derogará, sino que dotará presupuestariamente con toda generosidad, una vez que gobierne, ese PP que, según el rol a él otorgado, las había votado negativamente cuando el PSOE las aprobó. Una manera como otra cualquiera de tenernos a todos contentos, haciéndonos creer que votamos cosas diferentes y que somos libres de elegir, cuando en realidad, como el rebaño, vamos todos al mismo redil, nos esquilan a todos por igual, y acabamos todos en el mismo matadero.

             Monteras y garzones, y cuantos se prestan a hacer el papel del payaso del pim pam pum en este juego desvergonzado, están excelentemente pagados, y aunque ellos no saben muy bien lo que hacen ni de qué va el juego, los que les pagan sí lo saben.

             Se trata de personajes que por mil vidas que vivieran, en circunstancias normales no volverían a ser ministros, ni nada que se le parezca. Mediocres de libro, mequetrefes de salón, el gris en su estado puro, verdaderos iletrados incapaces de otra cosa más allá de devolver las vueltas en una tienda de barrio, o de calentar pasillos como no lo hace nadie... que, eso sí, eso, lo hacen muy bien… Pero sin sentido del ridículo… Y dispuestos a vender sus supuestos “ridículos” por un plato de lentejas bien cumplido, en forma de ministerios muy bien pagados, con un buen sueldo y suculentas e inimaginables prebendas. Y cuando eso termine, que todo se acaba, sabrosos carguitos sin contenido alguno, en los que seguir meneando el trasero sin hacer nada, dentro del fabuloso entramado institucional de alcance mundial creado por los auténticos gobernantes del mundo, -ocultos en las sombras-, para pagar favores.

             Pero no, dejemos de reírnos del ridículo de monteras y garzones, so pena de acabar haciendo nosotros ese ridículo más aún de lo que ya lo hacen ellos. Y más bien, hagamos lo contrario: pongamos las barbas a remojar… Porque sus ridículos de hoy, son las leyes de mañana… ¿y saben qué? ¡que hasta nos parecerán bien! Como hoy nos parecen bien todas las cosas que ayer nos parecían ridículas, y decían otros garzones y monteras.

             Y todo ello, votemos lo que votemos, elijamos a quien elijamos, gobierne quien gobierne… que, por inmoral que parezca, todos juegan al mismo juego, y a todos les paga el mismo Señor del Mundo, escrito con mayúscula, escondido donde se esconda.

             Se pelean, sí... se pelean por el sillón. Eso por supuesto. En eso son sinceros, se odian los unos a los otros, porque los unos tienen los carguitos que los otros quieren… En definitiva, porque todos quieren que el otro deje de hacer el ridículo para poder hacerlo él… que al precio que se paga, ¡a quién le importa hacer el ridículo! "El ridículo es bello", como decía aquél. "Hoy día hasta elegante", añado yo.

             Por lo demás, diferencias cero, ni una… "el mismo perro, distinto collar", como reza el refrán. O, como magistralmente dice el Roto en algún lugar, "necesitamos una alternativa a lo que hay que sea igual a lo que hay",  

             Que hagan Vds. mucho bien y que no reciban menos. Y coman carne, que es muy sana. Y si les toca oler el pedo de una vaca, disfrútenlo, es olor a naturaleza.

 

 

            ©L.A.

            Si desea ponerse en contacto con el autor, puede hacerlo en encuerpoyalma@movistar.es. En Twitter  @LuisAntequeraB

 

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