Miércoles, 29 de enero de 2020

Religión en Libertad

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El Cardenal 23 y el Motu Proprio

por Marcelo González

Ya adivinará el lector sagaz que estoy hablando del Cardenal Arzobispo de París y Presidente de la Conferencia Episcopal Francesa, André Vingt-Trois. Se ha sabido, y Roma no fue ajena a esta filtración, que pidió la condena pública de los “grupos estables de fieles” que solicitan la misa en su “forma extraordinaria”. El buen cardenal siente que la insistencia de esta gente resulta un acoso intolerable que ha “enmerdé” (sic) el ambiente católico en su diócesis.

La situación es paradójica. Un cardenal del rebaño galicano, muy poco afecto a obedecer las órdenes pontificias, en ciertas materias al menos, pierde la cordura (o responde a las presiones colectivas de su cofrades epíscopos) y recurre a Roma para que esta lo apoye en su actuar contra la voluntad de Roma.

El Motu Proprio Summorum Pontificum, según leo en la prensa francesa especializada fue resistido por el cardenal con apellido de número, inclusive antes de su promulgación. “Ya hay suficiente cantidad de misas tradicionales en París”, solía decir a su clero y a los organismos romanos que quisieran oírlo. Lo cierto es que, conforme al testimonio de Christophe Saint-Placide, editor del sitio Summorum Pontificum Observatus, hay en París, según la forma y condiciones prescriptas por el dicho Motu Proprio, una misa y media...

Tan extraño guarismo litúrgico tiene su explicación, tal vez en la asombrosa cualidad aritmética del apellido del cardenal. Porque de 30 peticiones formales y en regla, según lo que determina el documento pontificio, el cardenal 23 concedió solo dos, pero en horarios y frecuencia tan exóticas que valen por 1 ½.

Sabemos que el número no hace la verdad, pero tampoco es irrelevante. Sobre todo cuando el número se ajusta a derecho y pide lo que la suprema autoridad litúrgica de la Iglesia (y suprema autoridad en todo en la Iglesia) ha definido y legislado como “derecho”.

Los motivos para la negativa son de una naturaleza no menos bizarra. El cardenal numérico afirma que los solicitantes son todos “maurrasianos” y velados enemigos de la eclesiología del Concilio Vaticano II. Atendiendo a estas razones y por tanto concediéndole al Cardenal motivos de peso para negar el acceso a los sacramentos de estas personas tan gravemente imputadas, parecería lógico que ya les hubiera retirado los sacramentos bajo cualquiera de las formas del rito, no solo negado la forma tradicional. Los delitos canónicos son delitos y si hay que castigarlos sería grave omisión de su Eminencia castigarlos solo en clave tradicional.

Pero ser maurrasiano no constituye delito canónico alguno, ya que Pío XII levantó la excomunión que desafortunadamente Pío XI dejó caer sobre el pensador francés, sin que mediara retractación alguna. Y respecto a la enemistad con la eclesiología del Concilio Vaticano II, debería ser probada mediante el debido proceso, además de aclarar como es posible que uno pueda ser enemigo de la eclesiología de un Concilio sin ser enemigo de la ecclesiología católica en general. ¿Hay acaso una eclesiología particular en vigor por encima de la eclesiología general? O hemos de considerar los documentos del último concilio ecuménico (por cierto “pastoral”) como una versión 2.0 de lo que la Iglesia ha creído siempre?

Si el cardenal Veintitrés tiene una posición contraria al documento pontificio sobre la liturgia tradicional, como parece por sus propias expresiones, si objeta las “complacencias” de Benedicto XVI con los “tradis” y acusa al pontífice de haberle dado “las armas” para perturbar la floreciente piedad de las diócesis francesas, debería renunciar a su cargo y retirarse a la vida privada. En modo alguno fingir acatamiento y luego entorpecer la aplicación de la ley litúrgica.

No sabemos como le irá en Roma, pero sospecho que no muy bien. La petición quedará en la amansadora diplomática, mientras los grupos estables franceses, sobre todo por medio de la Internet y de la acción directa (rosarios en las iglesias   donde se les ha negado la misa tradicional, y más y más peticiones) seguiran operando con asombrosa persistencia, como para desmentir que la liturgia tradicional esté muerta. Por el contrario, está más viva y vigorosa que nunca.

***

Anexo ilustrativo: algunos de los grupos que exigen a las autoridades locales el cumplimiento del Motu Proprio Summorum Pontificum son: MotuParis14, Paix LiturgiqueMotu Proprio France, Reuni-catho, Dale, Grec, Le Pèlerinage de Chrétienté, Dici, el Forum Catholique, OsservatoreVaticano, Summorum Pontificum, El Salon Beige, Maximilien Bernard, Radio Courtoisie, etc.

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