Sábado, 21 de septiembre de 2019

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Tras la Pascua...

Les abrió la inteligencia para que pudieran comprender

por La divina proporción

¿Podemos escapar de esta visión postmoderna que va impregnando todo? Sentimentalismo, disgregación, burbujas sociales y liquidez. Sin duda podemos escapar. Cristo abrió la inteligencia de sus discípulos para que pudieran entender las escrituras. Lo dice claramente el fragmento evangélico que se lee hoy domingo en las misas.

Después que el Señor se dejó ver y tocar, les recordó lo que decían las Escrituras, y a continuación les abrió el entendimiento para que entendiesen lo que leían. Por esto sigue: "Entonces les abrió el sentido para que entendiesen las Escrituras". (Beda el Venerable. Tomado de la Catena Aurea)

El don del entendimiento proviene del Espíritu Santo, que nos ayuda a ver más allá de las apariencias y la socio-culturalidad que nos impregna. Entender es Luz para andar en el día a día de nuestra vida. Cristo nos ofrece la mano que salva de la liquidez postmoderna. Nos ofrece como se la ofreció a Pedro cuando dudó al andar sobre las aguas. Cristo nos ofrece su mano y su Paz. Paz que es Él mismo que se dona a todo el que quiera andar sobre la liquidez social.

El Señor saluda a los discípulos diciendo: « Paz a ustedes». De esta manera declara que él mismo es la paz, pues aquellos que gozan de su presencia gozan  también de un espíritu perfectamente apaciguado. Es justamente esto lo que san Pablo deseaba a los discípulos cuando les decía « Que la paz de Cristo que es mayor de lo que se puede imaginar, les guarde sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús» (Fil 4:7). Para san Pablo, la paz de Cristo, que supera todo lo que podemos imaginar, no es otra que su Espíritu (Jn 20:21-22); aquel que participa a su espíritu será colmado de todo bien. (San Cirilo de Alejandría. Comentario del Evangelio de san Juan)

La Paz de Cristo nos llena y nos sustenta. Nos consolida y separa de la mundanidad, activismos, shows, liderazgos humanos y el estrés cotidiano. Todo tiene sentido en la Palabra que llena de entendimiento al que le abre la puerta. Cristo llama a nuestra puerta, pero rara vez nos atrevemos a abrirle. Mira que estoy a la puerta y llamo. Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré, y cenaré con él, y él conmigo. (Ap 3, 20). Nos pasa como el Joven Rico, que teme perder la riqueza que le da seguridad y un futuro social. Cristo quiere que seamos capaces de tomar su mano, porque sabe que no tenemos fuerzas propias para andar sobre la liquidez social y eclesial. Quiera el Señor que, una vez terminada nuestra vida, nos diga lo mismo que el Ángel de la Iglesia de Laodicea:

Conozco tus obras. Mira que delante de ti he dejado abierta una puerta que nadie puede cerrar. Ya sé que tus fuerzas son pocas, pero has obedecido mi palabra y no has renegado de mi nombre. Voy a hacer que los de la sinagoga de Satanás, que dicen ser judíos, pero que en realidad mienten, vayan y se postren a tus pies, y reconozcan que yo te he amado. Ya que has guardado mi mandato de ser constante, yo por mi parte te guardaré de la hora de tentación, que vendrá sobre el mundo entero para poner a prueba a los que viven en la tierra. Vengo pronto. Aférrate a lo que tienes, para que nadie te quite la corona.  (Ap 3. 811)

Si alguna persona nos llama de olvidar el mandato de Cristo o cambia el significado del mandato, debe ser ignorado. Los cantos de sirena postmodernos, son simplemente llamadas a olvidar que sólo Cristo salva y sólo Cristo nos puede dar la mano para que podamos abrir la puerta cuando Él llame. Quien trastoque el Evangelio, lo corte o lo amplíe, va contra la Voluntad de Dios. No olvidemos la advertencia que nos ofrece la Torre de Babel. Cuando nos somos capaces de entendernos entre nosotros mismos, es que estamos tergiversando el Mensaje de Cristo. Cuando dentro de la Iglesia anida la desconfianza, los guetos, los partidos, los líderes humanos, la Torre de Babel está más presente que nunca. Tampoco olvidemos la advertencia final que San Juan incluyó en el Apocalipsis:

Yo testifico a todos los que oyen las palabras de la profecía de este libro: Si alguno añade a ellas, Dios traerá sobre él las plagas que están escritas en este libro; y si alguno quita de las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del árbol de la vida y de la ciudad santa descritos en este libro. El que testifica de estas cosas dice: Sí, vengo pronto. Amén. Ven, Señor Jesús. (Ap 22, 18-20)

Cristo abrió la inteligencia para que los discípulos pudieran comprender. Oremos para que nos abra también la puerta de nuestro entendimiento. ¡Ven Señor Jesús!
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