Domingo, 16 de junio de 2019

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De la vez que visité la Iglesia del Gesù y el crucifijo

De la vez que visité la Iglesia del Gesù y el crucifijo

por Duc in altum!

A propósito del Viernes Santo, quiero recordar un momento que tuve frente a la imagen de Jesús en la cruz, que se encuentra en la Iglesia del Gesù de Roma, a pocos pasos del altar en el que se encuentran los restos de San Ignacio de Loyola. Era el verano de 2016 y, después de salir de los Museos Vaticanos, la Capilla Sixtina y, por supuesto, la imponente Basílica de San Pedro, quise entrar a la “Iglesia madre” de los jesuitas. Utilizando una aplicación para no perderme en medio de las pintorescas calles romanas, conseguí llegar bastante rápido.

Una vez dentro y luego de haberme detenido en la tumba de San Ignacio, recordando todo lo que hizo en favor de la Iglesia; especialmente, en el campo de los ejercicios (espirituales) y de la educación, me senté en una capilla lateral dedicada a Jesús crucificado. Fue un momento imposible de olvidar y que se dio en silencio. Me quedé mirándolo por largo rato. De esas veces en las que se te abre el horizonte y cosas confusas, terminan aclarándose. Frente a los problemas de la vida, basta con mirar al crucificado para encontrar la clave, el sentido, la respuesta a las dificultades. Siento que nos dice: “No hay nada que yo no haya vivido antes que ustedes. Por lo tanto, los entiendo desde dentro y acompaño en todo momento”. No creemos en un Dios que nos comprende en teoría, sino sobre la práctica. Eso es lo grande e interesante de Jesús. Vino, tomó parte, se dejó ver y profundizó en lo que significa vivir. Muchos lo vieron de cerca.

Cuando no entiendo qué pasa, me ayuda mucho mirar al crucificado. Parece estático, pero expresa algo que va más allá de la piedra. No es el símbolo en sí, tampoco el material, sino lo que evoca y/o recuerda. Trae un mensaje explícito sobre la necesidad de hacer de  las crisis una serie de oportunidades. La fe no es evasión o un mero mecanismo de defensa, sino la certeza de que Dios existe, porque hemos sido testigos de su acción.

Hoy, Viernes Santo, recordamos el sacrificio de Jesús, su entrega hasta las últimas consecuencias. Lo que en la Cruz del Apostolado ha quedado simbolizado en la cruz pequeña del Sagrado Corazón y que la Venerable Concepción Cabrera de Armida (18621937) hizo realidad en su vida y escritos.

Dicen que “una imagen vale más que mil palabras” y eso, sin duda, es el efecto clave del Jesús que extendió sus brazos en una cruz. Lo hizo para despertarnos, mostrándonos un estilo de vida diferente. Hoy, como ayer, sigue teniendo sentido. La clave está en dejarse  encontrar por él.
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